Una empleada de iDental relató a la Policía las negligencias en la gestión de la clínica de Valladolid

Edificio de iDental en Valladolid./RODRIGO JIMÉNEZ
Edificio de iDental en Valladolid. / RODRIGO JIMÉNEZ

Falta de material por no poder pagar a laboratorios y discusiones con clientes «eran habituales»

Jorge Moreno
JORGE MORENO

Una trabajadora de la clínica iDental de Valladolidcolaboró con la Policía y el Juzgado de Instrucción número 5, durante el registro que los agentes de la Brigada Provincial realizaron el pasado 2 de julio, en las instalaciones situadas en la calle Zanfona 8.

La empleada, que llevaba trabajando desde el pasado febrero, fue requerida por la Policía para recorrer las salas de la clínica con tres plantas, donde se buscaban no solo las historias médicas de 12.095 pacientes que se obtuvieron, sino datos de contabilidad, proveedores y otra tipo información que permita la instrucción por los presuntos delitos de estafa y contra la salud.

La empleada M. B. dio explicaciones a los agentes y a la letrada de la Administración de Justicia (antes secretaria judicial), enviada por la jueza, sobre dónde se encontraba la documentación o la caja de caudales, que se halló vacía de billetes que diecinueve días antes habían quedado dentro. «No es que fuera mucho, pero todavía la víspera se cobró más de mil euros a algunos de los clientes», explicó la auxiliar. Los funcionarios policiales buscaron no sólo los soportes informáticos, donde pudieran haber quedado registrados los contratos de los pacientes con financieras para pagar los tratamientos, sino también documentos relacionados con «supuestas subvenciones» que, según muchos perjudicados, se publicitaban para dar el servicio.

Inaugurada en octubre del 2015, la clínica pertenece la empresa I Meseta Norte Dental Proyecto Odontológico S. L. con domicilio social en Madrid. El 13 de junio cerró sus puertas dejando a decenas de pacientes sin atención. De hecho, la gerente del centro, M. L. F. fue la última en salir minutos antes de la medianoche del día 12, según esta empleada, «recogiendo el dinero en billetes de la caja y dejando las monedas». La Policía había tratado de localizar a esta mujer de 46 años infructuosamente para que colaborase esa jornada en el registró, y el juzgado dio orden de búsqueda para que prestase declaración.

En la tarde del martes 12 de junio, antes del cierre, esta responsable había tenido que resolver uno de los habituales incidentes que se generaban con los clientes. En este caso fue con un matrimonio de Burgos, que acudió «dando voces porque estaban hartos de que no se les pusieran las piezas dentales. '¿Dónde están mis dientes? decía él una y otra vez. Se tuvo que llamar a la Policía y seis agentes acudieron para mediar. Ante la insistencia, y para apaciguarles, la gerente les dio cita para el viernes, cuando ya sabía que la clínica iba a cerrar», relata esta trabajadora, que recuerda otro incidente como otra cliente que optó por protestar con una pancarta a las puertas reclamando el tratamiento. «Como daba mala imagen, al segundo día se dio indicaciones para que se la interviniese. Así se resolvían las quejas».

La gestión diaria se fue complicando a inicios de junio. «El datafono para cobrar con tarjetas dejó de funcionar. La gerente dijo entonces que se cobrara en efectivo, por lo que teníamos que decir a los clientes que trajesen el dinero en metálico. Lo que se recogía en caja, servía para pagar el material destinado al tratamiento de pacientes 'muy conflictivos'. El laboratorio de Madrid ya no nos mandaba las piezas desde mayo», relata.

La víspera del cierre, iDental tenía 15 personas trabajando en su centro de Valladolid. De ellos, cuatro eran odontólogos. El resto higienistas, personal administrativo y una limpiadora. Una plantilla que en sus inicios habían llegado a ser el triple.

A los trabajadores se les aplicaba el convenio de personal de odontología, con unos salarios de alrededor de 900 euros netos al mes, incluido el personal senior. Sola la directora médica multiplicaba por dos ese importe. «Los dentistas eran todos españoles y dejaron de cobrar en abril. El día del cierre quedaban cuatro. Como veían lo que estaba sucediendo comenzaron a irse uno tras de otro», recuerda.

La crispación de los clientes sirvió a la dirección de Madrid para emitir un comunicado a la plantilla el día 12 de junio en el que se informaba del cierre del centro, alegando motivos de seguridad. «Nos dijeron que dadas las circunstancias nos fuéramos a casa, y que lo consideraban como 'un permiso retribuido', por lo que entendemos que seguimos siendo empleados, pero con nuestro centro de trabajo clausurado después de un mes», añade M. B.

La empleada de iDental que colaboró con la Policía en el registro de la clíncia de Valladolid.
La empleada de iDental que colaboró con la Policía en el registro de la clíncia de Valladolid. / Ramón Gómez

No satisfecha, esta mujer y otras cinco de sus compañeras, entre ellas una psicóloga, acudieron a las oficinas de la Inspección de Trabajo al día siguiente para solicitad información. Tras comprobar el registro de altas y bajas, y al observar que ya no figuraba la gerente y otras dos personas más (la asesora que hacía los contratos y la limpiadora), decidieron presentar una denuncia. Horas después, al realizar una visita, la inspectora comprobó que la sede estaba cerrada.

«Y a día de hoy no tenemos los recibos de las últimas nóminas necesarios para tramitar los papeles del paro, como tampoco las posibles cartas de despido, por lo que no podemos solicitar ni la prestación por desempleo, ni apuntarnos a cualquier curso de formación porque legalmente no somos paradas», explica esta trabajadora, que se queja de que estas semanas «se haya hablado mucho de los pacientes de iDental olvidando que la mayoría de los empleados que allí estábamos hemos sido también víctimas de la mala gestión empresarial y sanitaria de esta cadena».

En sus 39 años, M B. ha trabajado como administrativa para aseguradoras. Encontró este trabajo de auxiliar en febrero de este año, un mes antes de que entrase una nueva gerente que pedía al personal «echar más horas para poder sacar esto adelante». «Algunos hacíamos hasta doce horas y no se cogían vacaciones. Se citaba a los pacientes para determinado día, indicándoles que no habían llegado las piezas, cuando lo cierto es que no había dinero para pagar el material a los laboratorios».

Cuando se cerró, la factura de uno de ellos superaba los 18.000, por implantes dentales, composturas, o piezas de resina y cerámica.

«Algunos de los dentistas se les veía que no tenían experiencia y nos trataban a veces con desprecio. Como veía lo que sucedía, me preocupé, y cuando llegaba a casa intentaba 'ponerme las pilas' y mirar algunos manuales de odontología para aprender de piezas o material, porque se estaba jugando con la salud de la gente. Además, tenía que dar la cara como administrativa ante ellos y ponerme en contacto con los laboratorios», apostilla.

Esta empleada, que recuerda que fue la única en colaborar con la Policía, «porque las demás, o tenían miedo o habían sido advertidas por la gerente de las consecuencias», señala que los dentistas que intervenían en iDental «eran en su mayoría jóvenes de 24 a 26 años, que habían terminado la carrera en Valladolid. Yo parecía como si fuera su madre. Incluso la directora médica tenía esa edad. ¿Y qué experiencia se puede tener a esos años?», dice.

Sin embargo, entre estos médicos, la auxiliar administrativa resalta el esfuerzo vocacional de uno de los dentistas, D. H. M., convertido en director médico semanas antes del cierre y tras la marcha de su predecesora. «El día que cerramos, estuvo colocando piezas hasta las 11 de la noche sabiendo que la clínica no abriría el día 13. Yo le decía que había que cerrar, pero él insistía que no se podía dejar al paciente tirado».

Sobre las condiciones higiénicas de cómo se trabajaba, esta administrativa recuerda que se atendían a pacientes con VIH y hepatitis. «En una ocasión llamaron de un laboratorio porque no habían resaltado en rojo las muestras de este tipo. 'Qué trabajamos en sanidad, y hay un protocolo para los moldes y el personal', les dijeron. Cómo hacían la esterilización, lo desconozco», dice.

El día del registro, dos funcionarios de la Junta acompañaron a la Policía. M. B. los reconoció porque habían estado anteriormente en iDental para tratar sobre las reclamaciones. «La dirección les contaba que todo iba bien. La sensación que tengo es que Sanidad ha mirado para otro lado», concluye.

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