Motor económico y símbolo de la pujanza de Valladolid

La Acera de Recoletos acogió la primera Exposición Internacional entre septiembre y octubre de 1871, con asistencia de expositores nacionales y extranjeros

Ilustración de la Primera Exposición Internacional que tuvo lugar en Valladolid entre septiembre y octubre de 1871./
Ilustración de la Primera Exposición Internacional que tuvo lugar en Valladolid entre septiembre y octubre de 1871.
Enrique Berzal
ENRIQUE BERZAL

Quería ser, y lo fue, el símbolo de la pujanza económica de Valladolid en el último tercio del siglo XIX. Una ciudad que a su privilegiada situación geográfica sumaba la condición de provincia cerealística y la notable potencia de este tipo de industria. Era indudable el avance experimentado por el sector industrial y comercial de Valladolid durante los años 70 del XIX.

La Exposición mercantil, industrial, agrícola y científica celebrada en septiembre-octubre de 1871 venía a demostrar, precisamente, esa pujanza, pero también habría de servir de motor y acicate a dicho desarrollo. De ahí las palabras con las que fue saludada por El Norte de Castilla el mismo 17 de septiembre, fecha de su inauguración: «Las Exposiciones atraen a sí, magnéticamente, a la industria, las ciencias, las artes, agricultura y comercio y cuanto tiene conexión con la marcha progresiva de nuestros modernos adelantos. Sirven de estímulo a todos y de justo premio a la asiduidad y al mérito».

Impulsada por la iniciativa privada a través de la Sociedad Filantrópica y Artística vallisoletana, contó para su desarrollo con una importante suscripción popular. La Junta Directiva de la Exposición, presidida por Pascual Pastor, tenía como vicepresidentes a Calixto Pascual y Francisco Cabeza de Vaca. El contador era Juan Callejo y el tesorero, Domingo Respaldiza. Actuaba como secretario Pedro Illera Mate y eran vicesecretarios Marcial de la Cámara y Manuel Ceinos.

El lugar escogido fue la Acera de Recoletos: «El local de la Exposición está situado en un gran solar de uno de los antiguos edificios de la acera de Oriente del Campo Grande», informaba la prensa nacional, y para salón de pinturas y piano «se ha destinado la nave de un antiguo convento situado a pocos pasos de aquel». La entrada del edificio principal estaba decorada con un arco en el que figuraban emblemas y nombres de personajes célebres.

El horario del certamen era de ocho de la mañana a seis de la tarde, y la entrada costaba un real de lunes a miércoles y dos los restantes días de la semana; los jueves por la tarde, sin embargo, el precio ascendía a cuatro reales.

La concurrencia no fue escasa: acudieron 653 expositores procedentes de otras provincias españolas, pero también de Francia, Bélgica e Inglaterra. A la hora de ponderar lo expuesto, la prensa destacó los más de mil objetos presentados por el farmacéutico Pérez Mínguez, los chocolates, las secciones de vinos, sedas, jabones, licores, cerveza, productos resinosos, naipes (de Fournier, por supuesto), fotografías, lienzos, hilados, tejidos, estameñas, algodones, paños, sombreros...

Claro está, tampoco faltaron las críticas: visitantes hubo que hubieran deseado contemplar más productos y un número más elevado de exponentes de maquinaria agrícola, y hubo hasta quienes tildaron el certamen de «pobre» y «precipitado» a causa de la inercia tradicional, poco ambiciosa, de los productores castellanos.

Lo cierto es que para facilitar la asistencia, Ferrocarriles del Norte, Noroeste y de Alar-Santander, junto con otras empresas del país, ofrecieron, entre el 14 de septiembre y el 15 de octubre, trenes especiales con importantes rebajas en el precio de los billetes.

Al hilo de la Exposición se celebraron certámenes agrícolas, literarios y musicales, y la Asociación agrícola por la iniciativa privada aprovechó la ocasión para convocar asambleas. Aunque se constituyeron diferentes jurados para valorar el esfuerzo realizado, el retraso a la hora de reunirse y dirimir hizo imposible celebrar el último día la entrega de premios, como estaba previsto. Éstos se fueron conociendo en las páginas de El Norte de Castilla entre el 17 y hasta el 23 de octubre. En total se repartieron 122 medallas, 300 diplomas, más de 200 menciones honoríficas, 8 regalos particulares y 4.000 reales en lotes de 320 a 160, con otras cantidades conmutables por diplomas.

Manuel Ruiz Zorrilla, expresidente del Consejo de Ministros, resultó premiado con la «medalla de oro no adjudicada» por la deferencia que dispensó al certamen; distinciones similares recibieron el exministro de Fomento, Santiago Diego Madrazo, «por haber rubricado dos subvenciones», el destacado industrial y político Sabino Herrero Olea, los directores de Instrucción Pública, Estadística, Agricultura, Industria y Comercio, y el director del Arma de Caballería «por las propuestas e influencia ejercida para consignar estas cantidades».

Los premios de la exposición, en El Norte de Castilla

Las páginas de El Norte saludaron, en 1871, la celebración en Valladolid de la Exposición Internacional como estímulo a «la industria, las ciencias, las artes, la agricultura y el comercio», y a través de sus páginas los vallisoletanos tuvieron información de primera mano de cuanto acontecía alrededor de su celebración. Además, y ante los problemas que por falta de tiempo surgieron para fallar los premios al esfuerzo realizado, una vez concluida la Exposición, el periódico fue dando a conocer las distinciones. En total se repartieron 122 medallas, 300 diplomas, más de 200 menciones honoríficas, 8 regalos particulares y 4.000 reales en lotes de 320 y 160.