Estallido revolucionario por la libertad y contra los borbones

Sin sobresaltos, el 30 de septiembre de 1868 Valladolid se sumó al movimiento revolucionario que instauró la democracia y expulsó a Isabel II

Caricatura de Gil de Blas sobre la expulsión de Isabel II por la revolución, publicada el 4 de octubre de 1868./
Caricatura de Gil de Blas sobre la expulsión de Isabel II por la revolución, publicada el 4 de octubre de 1868.
Enrique Berzal
ENRIQUE BERZAL

Castellanos! La hora de la regeneración española ha sonado ya. Castellanos abrazaros todos. La felicidad no es egoísta. Dejad que vuestro júbilo se esparza por todos los lados. Resucitemos las cenizas de Villalar, aventadas en hora por la nueva sangrienta de los opresores de la patria.»

La proclama, publicada en El Norte de Castilla el 2 de octubre de 1868, daba buena cuenta de la nueva situación alumbrada en España merced a la revolución. Ya lo decía el título: «No más Borbones». La sublevación iniciada en Cádiz el 18 de septiembre, triunfante once días después en la batalla de Puente de Alcolea, marcaba el nuevo rumbo revolucionario. Demócratas y progresistas lograban destronar a Isabel II e instaurar un régimen de libertades.

Caricatura de Gil de Blas sobre la defensa de la Monarquía.
Caricatura de Gil de Blas sobre la defensa de la Monarquía.

En Valladolid, El Norte dio cumplida cuenta de lo sucedido y se erigió en tribuna de los nuevos aires democráticos. «Libertad, libertad: tu nombre santo logró que/ el monstruo del terror sucumba/ el eco de tus glorias hoy retumba/ del fiero despotismo con espanto./ La vil usurpación, el luto, el llanto,/ la horrible tiranía se derrumba/ alzándose feliz sobre la tumba( de la verdad el árbol sacrosanto», podía leerse en la edición del 18 de diciembre.

Y es que la ciudad había experimentado con tranquilidad el imparable cambio político que se avecinaba: tras conocer la victoria de Topete en Alcolea, demócratas y progresistas se aprestaron a materializar el proceso revolucionario. El día 30 se reunieron con las autoridades y acordaron sumarse de manera ordenada a los revolucionarios. La única división se produjo en el seno del estamento militar, puesto que una parte decidió unirse a los generales Eusebio Calonge (capitán general) y Parreño, partidarios de la reina Isabel.

Caricatura publicada en el periódico satírico Gil Blas referente a la Gloriosa.
Caricatura publicada en el periódico satírico Gil Blas referente a la Gloriosa.

La proclamación de la Gloriosa Revolución tuvo lugar a primeras horas de la mañana del 30 de septiembre. La Junta Revolucionaria provisional, presidida por Genaro Santander, decretó de inmediato «la extinción de la dinastía de los Borbones». «Sus aspiraciones, sus deseos tienen a establecer bajo las más sólidas bases la libertad más omnímoda en todas las esferas y manifestaciones y a derrocar hasta los últimos cimientos el ominoso despotismo con que una reina desleal ha cohibido sistemáticamente las libertades del pueblo español», podía leerse en El Norte el 1 de octubre de 1868. Eugenio Alau, catedrático de Medicina y miembro de la Junta, al concluir desde el balcón del Ayuntamiento el primer discurso en nombre de dicho organismo, destrozó un cuadro de Isabel II y lo lanzó a la muchedumbre, profiriendo toda clase de exabruptos contra la dinastía destronada.

Entre las primeras resoluciones adoptadas figuraban la puesta en libertad de los presos políticos, el llamamiento a los alcaldes de las cabezas de partido para que promoviesen levantamientos populares, el establecimiento de la Milicia Nacional, la abolición de la contribución de consumos y la destitución del capitán general, a quien se declaraba «reo de lesa nación».

Caricatura de Gil Blas del 11 de octubre de 1868.
Caricatura de Gil Blas del 11 de octubre de 1868.

Con vivas a la soberanía nacional y mueras a los Borbones se celebró la pertinente manifestación ciudadana a favor de la nueva situación revolucionaria; se paseó el retrato de Espartero al tiempo que la banda del regimiento de la Constitución entonaba el «Himno de Riego». Los balcones se engalanaron para la ocasión y los estudiantes portaron pancartas con los lemas «¡Viva Espartero!», «¡Abajo los Borbones!» y «¡Viva la soberanía nacional!». La nueva milicia ciudadana, conocida como «Voluntarios de la Libertad» y creada para ayudar a la Junta en el mantenimiento del orden e impedir cualquier intento contrarrevolucionario, logró alistar en los primeros quince días a 800 hombres.

Medidas de corte anticlerical fueron la extinción de la Compañía de Jesús, con la consiguiente incautación de sus bienes, y la orden expresa de retirar todas las campanas de los templos y emplear su metal para acuñar moneda. No faltó, desde luego, el expreso reconocimiento de los derechos fundamentales del ciudadano (imprenta, reunión, asociación, garantías jurídicas, inviolabilidad del domicilio?). Poco tardó en producirse la renovación de los cargos municipales, sobresaliendo la constitución de un nuevo Ayuntamiento presidido por Cándido González. A partir del 10 de octubre de 1868, la Junta vallisoletana se pondrá a las órdenes del Gobierno Provisional, con lo que a partir de ese momento Valladolid se inserta en las directrices del engranaje político nacional.

La noticia más relevante del momento

Las noticias sobre los movimientos sociales y políticos y la constitución de la junta provincial revolucionaria de Valladolid copaban toda la información de El Norte de Castilla de esa jornada de septiembre de 1868. El periódico, que reflejaba una nota de la Redacción en la que se apoyaba el movimiento, recogía además los telegramas que había recibido la junta provincial de las constituidas en otras provincias como Madrid, León, Zamora o Santander. Las juntas revolucionarias informaban ya ese mismo día de las prioridades para dirigir la ciudad y la provincia y de los esquemas de organización de una junta revolucionaria respaldada por los vallisoletanos.