Al auxilio de una ciudad hambrienta de teatro

La inauguración del 'Lope de Vega', en diciembre de 1861, vino a suplir una necesidad sentida desde el cierre, por ruinoso, del Teatro de La Comedia

Teatro Lope de Vega a finales del XIX./Archivo Municipal de Valladolid
Teatro Lope de Vega a finales del XIX. / Archivo Municipal de Valladolid
Enrique Berzal
ENRIQUE BERZAL

Era el segundo teatro de la ciudad y venía a paliar una carencia cultural alarmante. El Norte de Castilla lo anunció con regocijo ese mismo día, 6 de diciembre de 1861, asegurando que «la función inaugural del Teatro de Lope es digna del alto objeto a que se destina».

No conviene olvidar que conforme fue avanzando el siglo XIX, se consolidó la idea de que el teatro habría de contribuir a incrementar y difundir la cultura de Valladolid. Su papel era fundamental en las diversiones de los vallisoletanos de aquella centuria, sobre todo de las últimas décadas y entre la clase burguesa. Además de zarzuelas, en los teatros se representaban comedias y dramas, pero también ópera.

A mediados del siglo XIX existía en Valladolid un único teatro, el famoso de La Comedia, en el que, aparte de representaciones teatrales, se sucedían las temporadas de ópera y zarzuela, así como conciertos de música vocal e instrumental. Sin embargo, ese mismo año de 1861, las autoridades decidieron cerrarlo al público a causa de su mala conservación; sobre su solar se levantará más adelante el «Cinema Coca».

«Lo más escogido de nuestra sociedad en categoría, riqueza y hermosura» acudió a la inauguración

La iniciativa para crear el Lope de Vega no partió del Ayuntamiento ni de ningún otro organismo oficial, sino que obedeció a los deseos de José León y Saturnino Guerra. Las obras empezaron en el mes de abril. El decano de la prensa no pudo por menos que elogiar una iniciativa que, a su juicio, remediaba una carencia preocupante: «Privado Valladolid hace algún tiempo de los espectáculos teatrales y sin esperanzas, al menos por el pronto de ver reedificar el antiguo teatro declarado ruinoso, ninguna duda queda de la importancia que tiene este día para la historia local, cuando puede contar con un nuevo edificio, que aparte de su belleza artística, reúne el tan loable objeto á que está destinado».

El periódico se hacía eco de esa importancia conferida al teatro por la burguesía capitalina, pues lo consideraba «una necesidad absoluta para ciudades que, como la nuestra le corresponde, no solo por categoría, sino que también por su estado de cultura». Obra del arquitecto Jerónimo de la Gándara, las primeras descripciones del edificio hacían hincapié en el buen acabado y la belleza del mismo.

«La sala, decorada con blanco y oro y cubiertas las paredes de papel carmesí, ofrece un aspecto tan sencillo como elegante. La planta baja, además de las butacas y doce palcos de platea, tiene seis filas de gradería; veinte y tres palcos, el piso principal; doce el segundo, y en el centro, cinco filas de asientos numerados; en el tercero cuatro palcos laterales y el resto de gradería componen las localidades, pudiendo contener según nuestros cálculos de 1.700 a 1.800 personas bien acomodadas», aseguraba El Norte en su edición del 6 de diciembre de 1861.

Hasta 1864, el Lope de Vega disfrutó del monopolio de la representación teatral en la ciudad

La inauguración resultó fastuosa; acudió, no era para menos, «lo más escogido de nuestra sociedad, en categoría, riqueza y hermosura», hasta abarrotar el coliseo. Una vez descorrido el telón y tras la marcha real, interpretada por la banda militar del regimiento de Almansa, se descubrió el retrato de la reina Isabel II. Antes de dar comienzo la comedia «El premio del bien hablar», de Lope de Vega, Ventura de la Vega recitó una composición en honor al «Fénix de los ingenios». No fue la única: una vez terminada la representación, «los señores Hartzembuch, Rossell, Núñez Arce, Palacio, Correa, Mobellan, Losada, Santos, Tournelle, Campuzano y Alba» dedicaron poemas a Lope.

El arquitecto Jerónimo de la Gándara recibió el cumplido homenaje mediante una sonada ovación y una corona de recuerdo, lo mismo que el propietario, José León. El baile «Los ventorrillos de la puerta de tierra de Cádiz» puso fin a la función inaugural. Hasta 1864, año de inauguración del Teatro Calderón, el Lope de Vega disfrutó del monopolio de la representación teatral en la ciudad.

El proyecto en las páginas de El Norte

El Norte de Castilla se sumó con entusiasmo desde el primer momento al proyecto del nuevo teatro. En sus páginas se recogió la noticia, que suponía un aldabonazo en favor del mundo de la cultura. Los cronistas llegaron a calificar el nuevo proyecto como una necesidad absoluta. Y, una vez concluido, alabaron la factura del nuevo contenedor cultural, destacando sus dimensiones, su comodidad y la belleza del mismo. Tras el cierre del teatro de La Comedia, que años después ocuparían los cines Coca,Valladolid estaba huérfano de escenarios para el teatro. El Norte apoyó desde el principio la iniciativa de José León y Saturnino Guerra de devolver el teatro a la capital.