Los dueños de un garaje de San Ildefonso frenan una zanja hasta poder sacar sus coches

María Eugenia hace guardia en la puerta de su garaje, con la máquina parada al fondo./RODRIGO JIMÉNEZ
María Eugenia hace guardia en la puerta de su garaje, con la máquina parada al fondo. / RODRIGO JIMÉNEZ

El aparcamiento, privado, lo utilizan entre 35 y 40 clientes que aseguran que nadie les avisó de que se reanudaban los trabajos tras días parados

Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

Dice María Eugenia que el cartel que se encontró en la puerta de su garaje, 'Garage San Ildefonso', no tenía ni la fecha de inicio de la obra puesta. Apareció allí, como apareció la máquina que comenzó a excavar unos metros más adelante para buscar la causa de unos atranques. Ella y su marido, Ángel, son los propietarios de este aparcamiento en el que estacionan entre 35 y 40 clientes de toda la vida. Algunos, descendientes de aquellos que empezaron a dejar su coche allí cuando abrió sus puertas, hace más de cincuenta años. «Estas casas las hizo mi suegro», cuenta. Y después, con mucha vista y anticipación, convirtió esos locales en un garaje a modo de negocio familiar.

Mientras María Eugenia habla, su marido busca números de teléfono y llama sin parar. Quiere localizar a los clientes que aún tienen su coche dentro. Dos de los habituales pasan por allí durante la conversación para comprobar si hay novedades, porque no quieren encontrarse otra vez con un imprevisto como no poder acceder a sus vehículos.

La Policía intervino ayer para certificar que las licencias de obra están en regla y que la zanja que quieren hacer ahora, justo en la línea que delimita la entrada del garaje, va a acabar acometiéndose sí o sí. «Si hay que hacer la zanja, que la hagan», se resigna María Eugenia,«pero antes que nos avisen con tiempo suficiente para que los clientes puedan sacar los coches y organizarse». Porque algunos los dejan allí durante la jornada de trabajo, otros por la noche... Según las necesidades de cada uno.

El permiso de obras comenzaba el día 12, al parecer, pero la primera zanja no se hizo hasta el 19. Después del 21, tras las lluvias, se paró todo, asegura la dueña del parking. En ese tiempo, mover la valla un poco era suficiente, al menos, para permitir el trasiego de coches. Unos pasos provisionales a determinadas horas podían servir para solventar el problema, pero los propietarios de los coches y los dueños del garaje temen encontrarse con la zanja hecha y sin poder salir ni entrar.

 

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