Diez razones para llenar las huchas en la lucha contra el cáncer

Dos voluntarias, en la mesa de cuestación instalada en la plaza de San Juan. /Rodrigo Jiménez
Dos voluntarias, en la mesa de cuestación instalada en la plaza de San Juan. / Rodrigo Jiménez

Ochocientos voluntarios de la AECC atendieron las 48 mesas en las que se recogieron fondos para apoyar proyectos de investigación

Víctor Vela
VÍCTOR VELAValladolid

Un batallón de pegatinas lamieron las solapas, los jerséis, las cazadoras, blusas y camisetas de cientos de vallisoletanos, de miles de personas solidarias que recibieron el adhesivo a cambio de un puñado de monedas, un billete plegado, la ilusión de que por fin haya fin para la enfermedad. La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) implicó a ochocientos voluntarios y 48 mesas petitorias en la cuestación que, como cada año, recauda fondos para financiar proyectos de investigación y programas de atención y apoyo a personas afectadas por la enfermedad. El año pasado se consiguieron 63.000 euros y la AECC acompañó con sus servicios a 1.980 pacientes y familiares en Valladolid. Y por si faltaban razones, aquí están las voces de diez personas con motivos para llenar las huchas de la lucha contra el cáncer.

María del Carmen Salcedo, 61 años, atendía la mesa que la asociación vecinal Vicente Escudero gestionaba en la plaza de San Juan. «He tenido hermanos afectados, amigas fallecidas. Es lo mínimo que podía hacer. Desde hacía tiempo me rondaba la idea y, desde el pasado verano, soy socia de la AECC. Porque es una buena causa, porque de alguna forma o de otra todos podemos ayudar para acabar con la enfermedad».

A su lado, Pilar Legido, 62 años. «Colaboro con la asociación en todo lo que puedo.Recibo mucho más de lo que doy. Hace más de diez años tuve cáncer de mama.En el pecho izquierdo. Me noté un bultito. Los médicos me dijeron que no me preocupara, que era una tontería, que no había ningún indicador canceroso. Pero yo pensé que el bulto que no da problemas es el que está en el cubo de la basura. Así que me lo quité en una clínica privada. Cuando fui a que me retiraran los puntos me llegó el diagnóstico. Era malo. Me lo dijeron un miércoles. El sábado me hizo la mastectomía. Era 23 de diciembre. Horas después, estaba con mi familia en la cena de Nochebuena».

Óscar Puente, alcalde. «Valladolid y la asociación contra el cáncer tienen un vínculo muy fuerte. Se demuestra cada año con la marcha, que es la más numerosa y la que más dinero recauda de toda España. Una de las cosas buenas es que se sabe el destino del dinero que metemos en las huchas, que hay total transparencia. Que el dinero se destina a financiar proyectos de investigación. Y que podemos poner nombre y apellidos a las personas que investigan. En los tiempos que corren, es importante que haya la máxima transparencia para recaudar fondos y conseguir que cada día sea más grande la esperanza de que el cáncer sea una enfermedad curable o que se pueda hacer crónica».

Terapias y tratamientos

Cristina Mancebo, 32 años, es una de las jóvenes investigadoras que recibe el dinero conseguido por la AECC. Trabaja en el IBGM, el Instituto de Biología y Genética Molecular de la Universidad de Valladolid. «Desde hace dos años, investigo para conseguir que las células sean lo más eficientes posibles para atacar ellas solas a las que son cancerígenas. Esto supondría reducir los costes en terapias, en efectos secundarios», explica. Solo su trabajo es ya un motivo para llenar las huchas. Lara Sanoguera Miralles, 24 años, investigadora predoctoral del grupo de 'splicing' y susceptibilidad al cáncer del IBGM, quien trabaja para «clarificar el panorama genético del cáncer de mama y estimar de forma precisa y personalizada el riesgo asociado a las variantes genéticas detectadas». Noa Feás Rodríguez, 31 años, del grupo de patobiología del cáncer de tiroides. «A los investigadores siempre nos cuesta hacer llegar nuestra labor a la gente, explicar que el trabajo en laboratorio es lento, pero que es muy importante para la prevención o la mejora de los tratamientos y la reducción de los efectos que conllevan».

Si hacen falta más motivos, aquí están los de María Jesús Represa, 50 años, hucha en mano en la calle San Luis. «Mi marido murió de cáncer, de un tumor en la cabeza, con 41 años. Estudiaba oposiciones. Decía que le dolía la cabeza y el estómago, que seguro que era del estrés. El diagnóstico, cuando llegó, no fue alentador. Falleció a los dos años. Me presenté en la Asociación Contra el Cáncer y, sin que me conocieran de nada, me dieron una silla de ruedas, ayuda psicológica. El apoyo que prestan es importantísimo». A unos metros de distancia, en la calle Mantería, está María Jesús Martín, 67 años. También con un motivo para empuñar la hucha. «Mi hermano tiene cáncer. Todos tenemos a alguien cerca con la enfermedad y por eso creo que nos implicamos tanto, para que se siga investigando. Y también colaboro por la seriedad de la asociación. Esto es muy serio.Todos los voluntarios que pedimos dinero estamos identificados con elDNI. Las huchas están selladas. No se pueden abrir hasta que no ha terminado la cuestión. El dinero llega íntegro a su fin», dice.

Francisco Javier Arroyo, presidente de la Asociación Española Contra el Cáncer, remata los motivos:«Esta es la razón sociosanitaria que más gente se lleva por delante, junto con las enfermedades cardiovasculares. Y, por lo tanto, tenemos que hacerle frente, con cuantas más herramientas mejor. Durante los últimos años hemos dado pasos importantes. Por ejemplo, en la mejora de la tasa de supervivencia de los pacientes, en la detección precoz. Valladolid es además una capital que tiene muy bien ganado el prestigio y su imagen como ciudad solidaria. Lo demostramos cada año en la marcha. Y también en una cuestación como esta», recuerda. La junta provincial de la AECC destinó el año pasado 436.000 euros de su presupuesto para investigación oncológica.

Diversas entidades y colectivos colaboraron con la gestión de las diferentes mesas instaladas por la ciudad. La AECC recibió así el respaldo de la Universidad de Valladolid (que se responsabilizó de las alcancías situadas en la plaza de Santa Cruz), el Ejército delAire (en el paseo de Zorrilla), asociaciones vecinales deLa Rondilla, Delicias, Juan de Austria o Parquesol, el Colegio de Abogados y la Diputación (en la calle Angustias), voluntarios del BancoSantander (en la plaza de Cruz Verde) o el Centro Asturiano, cuyos socios –como Nieves Rubín, 37 años– estuvieron apostados en la plaza de la Rinconada:«¿Cómo no vamos a colaborar para acabar con el cáncer?».