Detenidos por explotación laboral tres miembros del clan de Tordesillas que forzó el destierro de otro

Los agentes de la Guardia Civil protegen a las víctimas./El Norte
Los agentes de la Guardia Civil protegen a las víctimas. / El Norte

Los sospechosos tenían ahora a otra cuadrilla para trabajar en el campo sin apenas cobrar por ello y alojada en condiciones infrahumanas

J. Sanz
J. SANZValladolid

La violenta reyerta entre dos clanes de origen búlgaro registrada hace apenas diez días en Tordesillas, que se saldó con nueve investigados y que forzó el destierro de la localidad de doce inmigrantes (niños incluidos), tuvo su origen en los reproches de estos últimos hacia los primeros por no pagarles lo que debían de sus peonadas en el campo. Pero es que la familia que permaneció en la localidad no solo tenía a sus órdenes a esta cuadrilla sino que tres de sus miembros acaban de ser detenidos ahora, de nuevo, acusado de explotar laboralmente a otro grupo de trece compatriota en idénticas circunstancias a los anteriores. Los sospechosos, al parecer, captaban a las víctimas en su país de origen y luego las forzaban a trabajar para ellos en el campo sin apenar recibir remuneración. Los temporeros vivían, además, en condiciones infrahumanas en una casa alquilada por uno de los arrestados.

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Los agentes de la Guardia Civil llevaban semanas siguiendo los movimientos de este clan asentado en Tordesillas y, aunque ya tuvieron que intervenir por la pelea del día 5 entre sus miembros y otra cuadrilla que tuvo que exiliarse, prosiguieron con las pesquisas hasta identificar y detener ahora a los tres presuntos cabecillas de esta trama familiar de «trata de seres humanos con fines de explotación laboral», investigada también por un flagrante delito contra los derechos de los trabajadores.

La segunda cuadrilla que estaba a las órdenes de este clan la integraban nueve adultos y cuatro menores. Estos últimos han tenido que ser acogidos por los Servicios Sociales al encontrarse en situación de desamparo dadas las precarias condiciones laborales de sus familiares.

La trama captaba a sus compatriotas en Bulgaria bajo la promesa habitual de ofrecerles contratos fijos y buenos sueldos en España. Después las traían por carretera a la provincia y aquí les conseguían, en efecto, peonadas en el campo. El problema es que eran «vigilados constantemente» e, incluso, eran obligados a facilitarles sus números de cuentas y los códigos de sus tarjetas para retirar el grueso del salario que cobraban legalmente de los agricultores. Les dejaban «las cuentas al mínimo» y luego les cobraban, además, los traslados a la tierra de turno, el alojamiento y la manutención. Vivían hacinados en una infravivienda.