Los cultivos alternativos incorporan los manzanos en el entorno del Hornija

Toni Farré y Ernesto del Palacio muestran el producto que cultivan. /N. L.
Toni Farré y Ernesto del Palacio muestran el producto que cultivan. / N. L.

Un agricultor de San Román y su socio apuestan por esta fruta como un revulsivo para revitalizar la comarca

N. LUENGOSan Román de Hornija

Los hay que no se conforman. Que siempre quieren más y mejor. Es el caso de Ernesto del Palacio, un agricultor que busca aumentar la producción de su explotación agrícola para contribuir al desarrollo de su pueblo, San Román de Hornija, del que, además, es alcalde desde hace 11 años. En abril de 2017 puso en marcha la primera explotación de manzanos en intensivo de Valladolid. 17 meses después, acaba de recolectar su primera cosecha y los datos no pueden ser mejores: 17.000 kilos de manzanas por hectárea. Este agricultor, considera que el cultivo de la manzana puede ser un revulsivo para la comarca y anima a otros productores a seguir sus pasos.

Las manzanas no son un cultivo habitual en nuestra provincia. Según datos del Ministerio de Agricultura, en 2017 en Valladolid tan sólo se cultivaban 10 hectáreas de manzanos variedad 'starking' y 22 de 'golden deliciu'. La de Ernesto es una explotación intensiva de 10 hectáreas con 60.000 árboles, 50.000 de los cuales son de variedad golden y 10.000 de variedad reineta. Son de pequeño porte y están muy juntos porque, según explica este agricultor, «así crecen más rápido. No interesa que se hagan altos, así recolectamos manualmente y no dañamos la fruta».

En abril de 2017 se puso en marcha la primera explotación en intensivo de Valladolid

Ernesto viene de una larga saga de hombres de campo, aunque reconoce que al principio la agricultura no era lo suyo. Con 19 años, su padre le dio plena libertad para dirigir la explotación y aquello le hizo amar su profesión. Ahora cultiva 300 hectáreas de regadío. «Cuando mi padre me pasó las riendas pensó que me había vuelto loco al meter nuevos cultivos. Pero yo sabía que era la forma de progresar», afirma Ernesto, que además de remolacha, alfalfa y patatas, planta adormideras, usadas para elaborar morfina y girasol blanco, empleado para hacer alpiste. «San Román pertenece a la DO Toro. En la zona, ya dentro de Zamora, hay explotaciones de manzanos y veía sus producciones. Siempre quise probar con los frutales y el año pasado di el paso», cuenta.

Se puso en contacto con Toni Farré, un productor de origen leridano, con más de 30 años de experiencia en el sector frutícola, y que cuenta con otras explotaciones de la comarca de Toro. Él ha enseñado a Ernesto todo lo necesario para que éste pusiera en marcha su plantación de manzanos y finalmente se han asociado y embarcado juntos en este proyecto. Recientemente han recolectado la primera cosecha de manzanas golden. Poco antes, recogieron las reinetas. 15.000 kilos y antes de lo previsto. «Tenemos dos líneas de manzanos reineta por cada 10 líneas de manzanos golden, así polinizan mejor», especifica.

Recolectan de forma artesanal,y lo hacen a pleno día, sin humedad y con extremo cuidado

Según las estimaciones de estos socios, la producción plena se alcanzará en 2019. «Cada hectárea generará 70.000 kilos de manzanas, de las cuales, saldrán al mercado 50.000 kilos. El resto, se desechará, por no tener tamaño suficiente o por tener algún desperfecto». Ambos achacan el gran éxito de la plantación a la climatología, a la calidad del suelo y al gran aporte de nutrientes que han dado a las plantas a través del sistema de goteo. «Utilizamos algas para que todo sea lo más natural posible. Ésta es una producción integrada, que es el paso previo a ser 100% ecológica, que es nuestro objetivo de aquí a unos años», exponen. La labor de aclareo también ha sido fundamental para obtener un buen tamaño de fruto. «El calibre es extraordinario para ser la primera campaña. Desde la floración, empezamos a retirar algunos capullos para que cada árbol produzca entre 6 y 8 manzanas, pero de gran tamaño, ya que el mercado las demanda extralargas». En San Román de Hornija se da un microclima idóneo para esta fruta, allí donde el río Hornija cede sus aguas al Duero. «Estamos en la vega baja del río, la inversión térmica es la apropiada y el rocío viene muy bien. Eso da a las manzanas una textura crujiente y un sabor dulce que es muy apreciado por el consumidor», explica Farré.

Recolectan de forma artesanal. Lo hacen en pleno día, sin humedad y con extremo cuidado. «La manzana es muy sensible, cualquier pequeño golpe la estropea. Por eso las depositamos con mimo directamente en los cajones», dicen. Hacer la recolección en el momento óptimo es imprescindible para disminuir las pérdidas durante el almacenamiento, refrigerado y comercialización, y también para que el proceso de sazón se realice correctamente. «Esto es cuando el almidón se convierte en azúcar, así la manzana tiene un sabor dulce y una textura más suave», aclara Farré, que de esto sabe bien.

La lavanda, motor económico y turístico de la comarca de Torozos

Cada vez son más los agricultores innovadores que buscan alternativas productivas para mejorar el rendimiento de sus explotaciones. Nuevas plantaciones que son la oportunidad de dejar atrás el monocultivo predominante en la provincia. Alpiste, triticale, quinoa, sorgo, zulla, trébol, nogales y pistachos se abren camino en los campos vallisoletanos. Son todavía minoritarios, pero viables, y están proporcionando grandes oportunidades al medio rural.

Un ejemplo de éxito es la lavanda que, según los últimos datos registrados en el portal de Datos Abiertos del Gobierno autonómico, se cultiva en 336 hectáreas de la provincia. Según datos del Ministerio de Agricultura, en Castilla y León, en 2017, 883 hectáreas se dedicaban a plantas aromáticas.

La lavanda y el lavandín encuentran su máximo exponente en Tiedra y en municipios cercanos de Torozos. En 2006, Antonio Fonseca, dispuesto a la reconversión productiva de las hectáreas familiares, puso en marcha una plantación de lavanda. No tardó en crear su propia destilería, Aromáticas del Duero, en la que transforma en aceite esencial, la cosecha de sus 200 hectáreas propias de cultivo y de otras 100 de agricultores de la comarca.

Transforma unas 20 toneladas de aceite que exporta principalmente a Francia. «La rentabilidad es mayor que en los cultivos tradicionales de secano. Pero la inversión también es elevada. En mi caso, unos 600.000 euros. El hecho de que Tiedra cuente con una destilería ha animado a otros agricultores de la zona a transformar también sus cultivos», informa este ingeniero de montes, que da trabajo hasta a seis personas en época de siega.

Próximamente abrirá un centro de interpretación de la lavanda y una tienda que fomentará el turismo de floración. El apoyo de la administración en el fomento de los cultivos alternativos es un factor importante para su éxito. En este sentido, Fonseca advierte de que «Castilla la Mancha se está postulando como el epicentro de la lavanda en España.

Y es que desde la administración autonómica manchega apuesta por este cultivo con ayudas medioambientales que proceden de fondos europeos. Los productores de aromáticas de Castilla y León también reclamamos este tipo de ayudas a la Junta, concluye.

Esta explotación ha dado trabajo a 15 personas de media durante todo el año, que han realizado tareas de plantación, injerto, atado, aclarado y recolección. «En abril de 2017 tenían 30 centímetros. Resulta difícil de creer que en 17 meses hayan dado estos niveles de producción», confiesa Ernesto. Los buenos resultados han animado a estos socios a ampliar su explotación. Así, el próximo año tienen pensado plantar otros 66.000 árboles en otras 10 hectáreas más de terreno. Han hecho muchos números y las cuentas salen. «La inversión es superior a la del viñedo, ronda entre 20.000 y 22.000 euros por hectárea; pero el beneficio también es muy superior. Una hectárea cultivada con maíz, por ejemplo, da un beneficio aproximado de 500 euros, PAC incluida. En una explotación de este tipo, el beneficio por hectárea puede llegar a los 12.000 euros. Tengo tierras en las que planto dos cultivos al año, y ni por esas se llega a lo que producen las manzanas. Seguiré ampliando la explotación hasta las 100 hectáreas», confirma Ernesto.

Le sale la vena de alcalde cuando dice que su ilusión es «que más agricultores opten por este cultivo en la comarca. Esto haría fijar población ya que crea muchos puestos de trabajo y mueve la economía. Creo que las manzanas pueden ser lo que los pueblos de este entorno necesitan para salir adelante», dice el edil de San Román, de 347 vecinos.

Antes de terminar de recolectar, ya tenían la producción vendida. La comercialización la realizan en los almacenes de Toro y, desde allí, las manzanas de San Román se llevan a los mercados centrales de las grandes ciudades de Castilla y León.

Ernesto y Toni están dispuestos a reivindicar los mejores espacios en los lineales de venta para sus manzanas, por su calidad y sabor para el consumo en fresco. Por ello, están en conversaciones con otros productores de la comarca de Toro. «Queremos crear la marca Manzana de Toro que, según los expertos, no tiene nada que envidiar a la que está considerada la mejor manzana de Europa, la de los Alpes. Por ello, queremos que tenga un nombre, y se la conozca por su calidad. Si otros productores se animan, el objetivo es hacer una denominación de origen Manzana de Toro», explica Ernesto, que ya está dando pasos para adherir su fruta al sello de calidad 'Alimentos de Valladolid'.

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