Un cuarto de siglo con los mayores de Íscar

La residencia de la tercera edad de la Fundación Santa María de los Mártires celebra sus bodas de plata

La residencia de la tercera edad de la Fundación Santa María de los Mártires, en Íscar, celebra sus bodas de plata. /C. C.
La residencia de la tercera edad de la Fundación Santa María de los Mártires, en Íscar, celebra sus bodas de plata. / C. C.
CRUZ CATALINA Íscar

El 1 de diciembre de 1989, el entonces regidor de Íscar, Alejandro García Sanz; junto con el empresario maderero Jesús Herrero García; el exsecretario municipal, Lorenzo Jiménez Adanero; y el que fuera entonces presidente de la Asociación de Jubilados San Miguel Arcángel, Félix Martín Ballesteros;así como Juan Manso Sánchez, Carlos Baruque Martín y Raquel Alcalde Hernansanz constituyeron, con un capital social inicial de un millón de las antiguas pesetas (6.000 euros), la Fundación Benéfico-Social Santa María de los Mártires.

Nació con el objetivo de proporcionar a las personas mayores de Íscar una residencia, un espacio de convivencia y atención integral continuada en un entorno agradable y tranquilo sin tener que salir del municipio. No fue una tarea fácil, pero pese a lo complicado que resultaba emprender un proyecto tan ilusionante como financieramente difícil de abordar, por su importante cuantía económica, el 12 de mayo de 1994 el sueño se hizo realidad después de casi dos años de obras y una inversión cercana a los 240 millones de pesetas (1.442.429 euros), de los que 200 (1.202.024 euros) se destinaron a la construcción del inmueble, sobre una parcela de titularidad municipal, cedida por el Consistorio, y los 40 millones de pesetas restantes (204.405 euros) a su equipamiento.

Los siete patrones de la Fundación Benéfico-Social Santa María de los Mártires avalaron con su patrimonio la inversión que, en buena parte, se financió merced a las aportaciones desinteresadas de los vecinos en forma de donativo, 35 millones de pesetas (210.354 euros), las ayudas concedidas por las Administraciones y la organización de eventos. El 20 de junio la residencia recibió a sus primeros moradores, entre los que se encontraban Benedicta Caviedes Hernansanz y Benita Zarzuela Alcalde, ésta última con 93 años recién cumplidos el pasado día 6, y todavía residiendo en el centro. Poco a poco se fueron sumando nuevos residentes hasta llegar los 28 con los que se cerró el registro ese año.

Hasta el momento, incluidos los 44 residentes actuales, 278 hombres y mujeres de la villa, los municipios de la Comunidad de Villa y Tierra de Íscar, la provincia de Valladolid, Castilla y León y el resto de España, en este orden y prioridad para poder acceder a la misma, han sido huéspedes de la residencia durante este primer cuarto de siglo de vida.

Formas de gestión

Veinticinco años en los que la residencia ha sido gestionada con diferentes fórmulas: los ocho primeros meses, el patronato encomendó la dirección y gestión a la ONG Mensajeros de la Paz; tras la marcha de los voluntarios de dicha fundación, impulsada en 1962 por el Padre Ángel García, la dirección y gestión se encomendó a las religiosas de la Congregación Siervas de Jesús, con la Madre Elena al frente, hasta su marcha, en junio de 2008.

Actualmente es la fundación, cuyos patronos son Luis María Martín García (alcalde), Mariano Gómez Muñoz (juez de paz), Juan Carlos Plaza Pérez (párroco), Juan Carlos Garriel González, Nieves Muñoz Sanz y Eugenio Diez García (vecinos), la encargada de tal responsabilidad, a través de una directora que es quien coordina toda la actividad de la residencia que. desde el pasado año, está reconocida como centro apto para internos dependientes. Un total de 19 personas configuran la plantilla que trabajan para atender a sus 44 residentes, 28 mujeres y 16 hombres, de los que apenas una decena son válidos y el resto asistidos.

La directora, Jazmín Muñoz Villarreal, asegura que se ha logrado reunir a un equipo de profesionales que, además de poseer toda la titulación oficial requerida para este puesto, y de tener amplia experiencia, «es capaz de empatizar con los usuarios, tratándoles con el respeto y el cariño que merecen y sobre todo, valorando y teniendo en cuenta su singularidad».