Una Constitución que demanda reformas y consenso

El 82,3% de los vallisoletanos que votaron en el referéndum del 6 de diciembre de 1978 lo hicieron a favor del texto constitucional, pero el porcentaje de votos negativos superó la media nacional

Un anciano deposita su voto y portada de El Norte del 1 de noviembre de 1978./Archivo Municipal de Valladolid
Un anciano deposita su voto y portada de El Norte del 1 de noviembre de 1978. / Archivo Municipal de Valladolid
Enrique Berzal
ENRIQUE BERZALValladolid

Modesta, realista, ilusionada, nacida del consenso y con una trascendencia tal, que facilitará al individuo «una realidad democrática y participativa». El Norte de Castilla compartía así la emoción de esa inmensa mayoría de diputados y senadores que aquel 31 de octubre de 1978 aprobaban la Constitución que conducía a nuestro país a una democracia parlamentaria homologable a las del entorno europeo. Era el preludio de la «fiesta» siguiente, la del 6 de diciembre, hace ahora 40 años, fecha del referéndum que revalidó el texto constitucional con un 88,4% de votos afirmativos.

Los nueve parlamentarios por Valladolid en la legislatura constituyente votaron a favor de la Constitución: los diputados socialistas Juan Colino y Gregorio Peces Barba, sus colegas de escaño por UCD María Teresa Revilla, Eduardo Moreno y Adolfo Sánchez, los senadores centristas Antonio Martín Descalzo, Luis Miguel Enciso y Alejandro Royo-Villanova, y su compañero socialista en la misma Cámara, Pedro Gómez Bosque. De esos cinco diputados, hoy solo quedan dos testigos: Juan Colino y María Teresa Revilla. Esta última, además, fue la única mujer presente en la Comisión Constitucional: «Se lo solicité a Calvo Sotelo porque vi que no había ninguna mujer y yo tenía la licenciatura de Derecho», señala.

Ambos recuerdan con emoción aquella jornada histórica: «Lo más importante fue la emoción que sentimos al aprobar un texto constitucional que ponía fin a una dictadura y daba paso a un Estado democrático y de Derecho», señala Colino, mientras su entonces compañera de escaño, que no de partido, reconoce que «era bastante ingenua, pero también era consciente de estar participando en el cambio político que haría de España una democracia como en Europa».

Frente a quienes sostienen que el texto constitucional –y en general toda la Transición– fue un pacto vergonzante entre las elites democráticas y franquistas para permitir la pervivencia de estas últimas, los entonces diputados remarcan su carácter rupturista: «¿Cómo se puede decir eso?», se queja Revilla; «fue el comienzo de algo muy importante, absolutamente nuevo, de un deseo profundo de cambio y democracia». «La Constitución rompió absolutamente con la situación anterior, aprobando los derechos de reunión y expresión, los partidos políticos, tribunales independientes, etc. Ya lo dice el artículo primero, que remarca que España es una monarquía parlamentaria y un Estado de Derecho, democrático y social», apunta Colino.

La emoción fue aún más intensa cuando el 6 de diciembre de 1978, el pueblo español la ratificó en referéndum con el 88,4% de votos afirmativos. Propugnaron el «Sí» las fuerzas políticas artífices del texto, PSOE, UCD, PCE y AP (si bien cinco diputados 'populares', encabezados por Gonzalo Fernández de la Mora y Federico Silva Muñoz, votaron en contra y otros tres se abstuvieron), a los que se sumaron partidos minoritarios como Izquierda Democrática, el Partido Carlista, la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT) y el Partido del Trabajo (PTE). El Movimiento Comunista se decantó por la abstención y el «No» lo promovieron las formaciones franquistas y de extrema derecha Fuerza Nueva, Falange Española Tradicionalista de las JONS y los Excombatientes, y, por motivos diferentes, la Liga Comunista Revolucionaria y la Convención Republicana.

Aunque apenas se registraron incidentes, la extrema derecha se hizo notar arrancando carteles de formaciones que habían participado en la elaboración de la Constitución y agrediendo a militantes de izquierda y a periodistas, como ocurrió a el 1 de diciembre, víspera de la clausura de la Semana Internacional de Cine, cuando cuatro periodistas fueron golpeados por militantes de Fuerza Nueva: a uno de ellos, José Manuel Pahíno, de Diario de Burgos, la rompieron la mandíbula.

La participación superó en Valladolid a la media nacional, pues votó el 74,4% del censo: el 82,3% respaldó la Constitución, cifra algo inferior a la del conjunto español, mientras que el 11,5% se decantó por el «No», porcentaje superior a ese 7,89% registrado a escala nacional. Esto último suele achacarse a la efectividad de la propaganda de la extrema derecha y de los partidarios de Fernández de la Mora y Silva Muñoz a la hora de captar votos de Alianza Popular, pero también a la incidencia de la pastoral del cardenal vallisoletano Marcelo González, entonces primado de España y partidario de votar en contra de la Constitución por considerar que omitía a Dios, no garantizaba la libertad de enseñanza y atentaba contra la moral matrimonial. Así pudo comprobarlo el corresponsal de este periódico en Mayorga y Becilla de Valderaduey, donde, según testigos del momento, muchos votaron lo que les dijo el cura.

Sobres del referéndum constitucional.
Sobres del referéndum constitucional. / Archivo Municipal de Valladolid

Puesta al día poco probable

La ruptura democrática que propició la Constitución tras 40 años de dictadura no la exime, según Juan Colino y Teresa Revilla, de ser reformada: «Habría que retocar lo concerniente al Estado de las Autonomías, reconociendo la diversidad actual y enumerándolas», detalla el entonces diputado socialista, para quien también debería incluir «nuevos derechos sociales como el derecho a la vivienda y al trabajo».

Revilla considera más urgente volver a estudiar «todo lo relacionado con los controles y equilibrios necesarios en una democracia, pues no es posible que el controlador esté sometido por el controlado», así como «clarificar el Estado Autonómico», especialmente las competencias que corresponden a las Comunidades Autónomas y las que son exclusivas del Estado. La ex diputada de UCD también propone una reforma de la ley electoral y, en coincidencia con Juan Colino, cambiar lo relativo a la sucesión a la Corona para que pueda reinar una mujer.

Esta reforma constitucional requeriría, a juicio de Colino, ser abordada desde un clima de diálogo y consenso similar al que imperó en la Transición, algo que hoy parece imposible: «Habría que dejar de lado las cuestiones particulares, y no parece que el clima político vaya en ese sentido, hay demasiada tensión partidista», se lamenta.

 

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