Por qué no se ven obras en la estación de trenes de Valladolid, a pesar de que ya han empezado
Los trabajos de topografía, que pueden dilatarse dos meses según las previsiones, marcan ya discretamente los trabajos de la primera fase, que incluirán varias demoliciones
Está el cartel anunciador de obra pública, con esa precisión falaz de las grandes infraestructuras que pone el precio con céntimos incluidos, 215.821.141,80. Como ... si fuera posible cumplir con tanto detalle en una obra que se prevé que dure 43 meses. Que son casi cuatro años de inflación, para empezar. Lo que no está, o eso parece, son las obras. No se ven máquinas, ni siquiera desde lo alto de la plataforma que une los dos andenes principales, un mirador privilegiado para observar la magnitud del terreno de los viejos talleres de Farnesio que un día serán un barrio con 2.500 viviendas.
Hay que echar un vistazo al suelo de la estación para averiguar por qué. Y para darse cuenta de que sí, las obras han empezado. Unas indicaciones pintadas en rosa fosforito son la huella de los topógrafos, que son los primeros en pisar el terreno. Los cálculos del Ministerio contemplaban un par de meses de trabajos de topografía antes de que empezaran a verse máquinas en la estación Campo Grande. El contrato con las constructoras Ferrovial, Zarzuela y ACS se formalizó el 9 de septiembre, pero el acta de replanteo se firmó el 25 del mismo mes, por lo que en breve, antes de finalizar noviembre, debería comenzar la siguiente fase de los trabajos.
En una infraestructura de este tamaño, y con la complejidad de tener que permitir la circulación de trenes con la menor afectación posible, el trabajo se divide en un sinfín de fases que, en ocasiones, solapan diferentes actuaciones. De entrada hay una fase 0 de preparativos, y una fase 1 y una fase 2 que se subdividen, a su vez, en subfases. La uno tiene cinco, de la 1A a la 1E. Y la dos tiene ocho, de la 2A a la 2G.
En la fase 0 «se llevarán a cabo las instalaciones del contratista y se dispondrán módulos de oficina prefabricados para posibilitar el traslado de los puestos afectados por las demoliciones», explica el proyecto de obra adjudicado en el anexo número 35 de la documentación. Esas demoliciones que cita coincidirán, por ejemplo, con «el comienzo de la fase 1A en la playa de vías».
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Dentro de la ingente documentación del proyecto de obras se encuentran una serie de planos generales de las diferentes fases que ayudan a entender cómo avanza el proceso. Así, el dibujo de la fase 0 permite ver algunas actuaciones que pronto tendrán incidencia en los viajeros que accedan a la estación. Por ejemplo, en el aparcamiento. La entrada del actual parking sotechado se trasladará a la salida que se encuentra actualmente en uno de los laterales de la nave, la que desemboca en la calle Recondo. Al final de las naves del aparcamiento, casi junto al paso de Panaderos y Labradores, se ubicarán las casetas que servirán como «oficinas provisionales del personal». Y al otro extremo, prácticamente en la linde con la curva de Recondo, se situará la «sala de autoridades provisional».
A lo largo de toda esta fase 0, que comprende los primeros meses -y se expande más adelante, cuando hay que volver a pedir suministros- se realizarán tareas como las mencionadas, pero también la petición de suministros y acopios de materiales de superestructura de vía, de electricidad, de fontanería, climatización, telecomunicaciones, detección de incendios…
Acabada esa primera toma de contacto, comenzarán las demoliciones. Dos meses de desmontajes que empezarán por la zona oeste y el actual aparcamiento.
Todo eso ya está marcado sobre las aceras. El trabajo de los topógrafos, casi invisible en estas primeras semanas, advierte de lo que va a llegar. En las actuales naves de los aparcamientos, por ejemplo, casi enfrente de la estación de Biki, una señal rosa delimita qué parte del actual parking va a sobrevivir en este primer momento y qué parte se va a demoler. También va fuera la nave paralela, prácticamente hasta el final de la zona delimitada para vehículos de alquiler. Se perderán, por tanto, un buen número de plazas, aunque dos tercios del aparcamiento seguirán en uso de momento. El pequeño edificio anexo que sirve como Sala Club también se demolerá en esa subfase.
Al otro lado de la estación, más señales rosas. Y casi una decena de edificaciones que se echarán abajo. Todos, de hecho, menos un pequeño edificio protegido cuya fachada de ladrillo sirve como frontera del territorio de la estación con la calle Recondo.
En cuanto a las casetas provisionales para el personal que se desaloje en esa zona, se situarán cerca del paso de Labradores. Allí ya existen unas cuantas casetas, pero el terreno que queda libre, incluido un montículo con una rampa de piedra, servirá para ubicar, según el plano, cinco instalaciones más.
Esta etapa de demoliciones se solapará con el inicio de los trabajos en la playa de vías y en los andenes de ancho convencional, una actuación que se prolongará más allá en el tiempo. Hay que tener en cuenta que durante las obras se desviarán los tráficos ferroviarios. Así, se construirá un nuevo andén, el 4, que más adelante dará servicio a la red convencional. Y del mismo modo se construirán dos pasarelas provisionales para que los viajeros de alta velocidad y de redes convencionales puedan acceder separadamente.
En la fase 1A se levantarán las vías 7, 8, 9, 10 y 11 y se retirará la pasarela protegida que une la estación con la zona de los viejos talleres.
Todas estas operaciones incluyen también licitaciones de suministros. Así, por ejemplo, el pasado día 7 de noviembre Adif licitó la compra de balasto, las piedras que se extienden entre las traviesas, y aparatos de vía. 8,35 millones de presupuesto para un material que tiene por destino la playa de vías.
Esta parte de la estación sufrirá una transformación total. Es crucial para la expansión del tráfico ferroviario de pasajeros que va a experimentar Valladolid. El propio proyecto explica que con el nuevo esquema habrá cinco vías vivas de alta velocidad y dos de apartadero; y otras tres vías vivas de ancho ibérico y dos de apartadero. Con la novedad de que en las de alta velocidad se instalarán dos bretelles, sistemas que permiten que dos trenes se alineen en la misma vía para duplicar la capacidad de servicio. Son unas diagonales en 'x' que unen dos vías paralelas y permiten maniobrar, en poco espacio, para situar dos convoyes en unos mismos raíles.
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