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José Pinilla delante de su carnicería del paseo del Cauce de Valladolid. Alberto Mingueza

El carnicero que vino a Valladolid por amor

José Pinilla cierra su establecimiento del paseo del Cauce por jubilación después de 35 años, la mayor parte de ellos acompañado por su esposa Henar Redondo detrás del mostrador

Martes, 2 de diciembre 2025, 06:55

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Dice con gracia que empezó a trabajar en la que ha sido su casa durante 35 años el mismo día de la famosa canción de Celtas Cortos, el '20 de abril' de 1990. Y con ese mismo buen ánimo ha afrontado su despedida ahora que le ha llegado el momento de la jubilación, para disgusto de unos clientes que en muchos casos «son amigos». Este 29 de noviembre José Pinilla Moreno (Barcarrota, Badajoz, 1961) cerró su carnicería del paseo del Cauce número 69 «con pena» pero convencido, porque «en algún momento lo tienes que dejar».

«Le vamos a echar mucho de menos», «sentimos mucho que se marche, como persona y como profesional», «no sé dónde vamos a ir ahora», «yo nunca he querido otra cosa, ni siquiera en verano, venía dos días antes de que se fuera de vacaciones y lo congelaba, y he hecho lo mismo con lo de esta Navidad»... Son solo una parte de los comentarios que hacen quienes han sido fieles a «la carne buenísima» que se ha despachado durante décadas en el establecimiento, procedente de la ganadería Hermanos Sanz Velasco de Portillo, y al buen trato que recibían de José Pinilla. Y precisamente eso, «el cariño de la gente», es lo que se lleva en el momento del adiós, junto a la satisfacción de haber podido dedicarse al que define como «el mejor oficio del mundo».

A partir de ahora lo que tiene pensado es «disfrutar con mi mujer», Henar Redondo, que le ha acompañado prácticamente todo el tiempo detrás del mostrador, hasta que hace tres años dejó de estar de cara al público «para atender a sus padres, que estaban enfermos». «Tenemos una casa en Santander y en principio pasaremos ahí temporadas, en la playa», detalla sobre sus planes más inmediatos, y el resto del tiempo estarán en la ciudad «con nuestras dos hijas, Lourdes y Henar», de 39 y 37 años, y sus dos mascotas, «los 'perrosnietos' y 'gatosnietos'», que ilustran el calendario.

Cuando se le pide que eche la vista atrás José Pinilla explica que, aunque extremeño, su infancia y su adolescencia las pasó en Berriz-Olakueta (Vizcaya), «un pueblecito pequeño del País Vasco entre Durango y Zaldívar» famoso por las chuletas, a donde emigró su familia en busca de trabajo cuando él era poco más que un bebé. Con 15 años dejó la escuela y, al no querer estudiar, no le quedó otra que entrar como aprendiz en la carnicería de uno de sus hermanos. Allí aprendió una profesión que no era de su agrado «al principio, a esa edad en la que estás un poco en las nubes», pero a la que con el tiempo terminó «cogiéndole el gustillo». «Es sacrificado, pero si te gusta puedes estar los años que quieras», afirma sonriente.

El carnicero se despide de un cliente que entró a desearle lo mejor. A. M.

Ahora bien, ¿por qué terminó en Valladolid? «Pues porque me conquistó mi mujer Henar», responde rotundo. «Nos conocimos en la boda de un hermano mío que vivía en el País Vasco pero que también se casó con una chica de aquí y bueno, pues al final...», recuerda con un deje de timidez. Una bonita historia de amor que comenzó cuando eran muy jóvenes. «Yo no había hecho la mili cuando la conocí, tendría 18 ó 19 años, y ella es tres años más joven que yo», rememora José Pinilla, que detalla que se convirtieron en matrimonio poco tiempo después, cuando tenían 24 y 21 años, respectivamente.

Al trabajo, con alegría

En el negocio de este aficionado a las carreras populares no ha faltado la alegría. «Contando chistes soy muy malo», asegura entre risas, pero eso no quita para que intente arrancar una sonrisa a la concurrencia. «Por ejemplo, te piden un pie de cerdo y le preguntas a la persona qué numero gasta, cosas de estas. Al final tienes que trabajar con humor, porque si no estás perdido. Sí que nos reímos un poco, ¿no, Ángel?», interpela el protagonista a Ángel Benéitez, salmantino de Moraleja de Sayago que según remarca el carnicero es «uno de los clientes más antiguos». Lo confirma el aludido, vecino del mismo edificio en el que se encuentra la tienda, que lleva «52 años viviendo en ese piso» y destaca que «hay que valer para estar ahí detrás y él vale».

«Al final tienes que trabajar con humor, porque si no estás perdido», asegura este profesional

Prueba de ello es que en el transcurso de la conversación son muchos los que saludan desde la calle a Jose –sin acento– a través del escaparate donde tenía anunciada la fecha de su marcha, y de ellos más de uno entra a estrecharle la mano y desearle «lo mejor de cara al futuro».

El relevo está complicado, porque no hay quien continúe. De hecho, «en los últimos seis o siete años han cerrado en la zona otras seis carnicerías, la mía va a ser la séptima», lo que lleva a este profesional a ser pesimista sobre el futuro del comercio de proximidad. «La tienda pequeña se cerrará toda en cosa de diez años», sentencia rotundo, pero como dice el dicho «entre todas la mataron y ella sola se murió», Y ello a pesar de que, según su experiencia, «la gente es un poco reacia a los supermercados y les va a costar un poco ir por el tema de las bandejas, acostumbrados a 'dame un filetito' o 'dame medio' y a que la carne picada se la des reciente y sin conservantes».

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