Cañero, el caballista herido en Sieteiglesias: «Me dijeron que dejara de montar, pero es mi vida»

José Ángel, conocido como 'Cañero', muestra los estribos mientras apareja a su caballo 'Apache'. /S. G.
José Ángel, conocido como 'Cañero', muestra los estribos mientras apareja a su caballo 'Apache'. / S. G.

A pesar de perder el conocimiento volvió a Salamanca por sus propios medios

Silvia G. Rojo
SILVIA G. ROJO

Cada persona tiene una manera de entender la vida y la de José Ángel González Martín 'Cañero', sin duda, es a caballo.

«En 2006 tuve un accidente muy gordo apartando mis vacas, nos caímos el caballo y yo y me fracturé el cráneo. No estoy muy seguro de lo que sucedió entonces porque estuve una semana en la UVI inconsciente», relata, «me dijeron en el hospital que lo debía dejar y respondí que prefería morirme. No quiero dejar de montar, ahora mismo mi vida son los caballos».

Desde aquel momento, es habitual verle a caballo con un casco con el que rápidamente le identifican los muchos aficionados a los encierros de campo. «Nadie me ha dicho que me lo ponga pero lo llevo para mayor seguridad, si se me olvida vuelvo a por él porque si no, ya no me encuentro seguro».

La palabra exacta que define su estado actual es «sorprendido», independientemente de que un día después de haber sufrido la caída en el encierro de Sieteiglesias de Trabancos, físicamente estuviera «molido, muy cansado».

Una semana ha pasado y su imagen ha rodado por todos los sitios, «estoy sorprendido por la repercusión que ha tenido, no ha sido nada y yo soy un caballista más de los muchos que hay», insiste Cañero, que heredó el apodo de su padre al que le gustaban los caballos y el rejoneador Antonio Cañero.

Al menos esa es su percepción del tema y aunque seguro que nadie se acostumbra a ello, el jinete natural de San Muñoz, carga con costillas rotas, la clavícula... «Ha habido muchas y para mí son accidentes laborales, ni más ni menos, el que sale a la calle también se puede tropezar y caer, yo me monto en un caballo y me puedo caer y es verdad que hay un riesgo añadido con el ganado bravo pero para eso seleccionas y domas los caballos».

Precisamente, dice que fue su yegua Tizona la que le sacó del lío en Sieteiglesias, «me tiré al cuello de la yegua porque había un toro y la opción es que el animal te saque, yo sabía que esa yegua me iba a sacar».

En esa posición aguantó unos 500 metros pero ante la proximidad de un alambrado se tiró a los pies del animal. «He perdido el conocimiento y cuando me he despertado estaba en la ambulancia pero no sabía ni dónde me había dado el golpe», explica, «me han mirado y han visto que no desvariaba, que hablaba bien y no me dolía nada así que de allí me he ido a comer y luego a casa conduciendo yo con el caballo en el carro». Animal al que por cierto, no le pasó absolutamente nada.

Todo este percance en tierras vallisoletanas fue motivado por la rotura de un estribo «se partió entero y no tenía ni un mes y medio, que menos que exigir una calidad», lamenta, «pero es que se me han roto los dos, del otro, la anilla».

Un antes y un después

Lleva 20 años participando de manera habitual en encierros y domando a sus caballos, «mientras estuve casado estuve tranquilo, montaba poco y casi no iba a los encierros pero me separé y me entró la fiebre que siempre había estado ahí». Asegura que ha hecho muchas locuras y que es su hija de 28 años a la que quizás más escucha, «es la que me echa las broncas pero su padre nació así».

El accidente de hace 13 años marcó un antes y un después en su vida, «no de tener cuidado pero sí de hacer las cosas con más vista, con más inteligencia».

En ese 2006, Cañero tenía previsto acudir al Torneo del Toro de la Vega de Tordesillas pero las circunstancias se lo impidieron. «Dije que si me recuperaba, al año siguiente iba a ir y así fue».

Lo de matar al animal resultó «más que difícil» y relata con mucho humor algunas ideas preconcebidas sobre lo que podía suceder si mataba a ese Toro de la Vega. Tenía claro que saldría vencedor y el plan que debía llevar a cabo.

«Nunca lo había matado nadie de fuera y no sabía cómo lo iban a aceptar, pensaba que podría tener serios problemas e iba preparado».

«Me van a linchar»

A la cita lo acompañó un amigo, «él en su coche y yo en el mío y le dije: Yo voy a matar al toro, cuando lo haga me van a linchar, yo me quedo aquí que alguien me recogerá y tú te coges mi caballo, lo subes al carro y te vienes para Salamanca». La historia continúa, efectivamente, con el toro ya muerto y el caballo en las manos de su amigo pero apareció en escena el presidente del Patronato del Toro de la Vega, Gerardo Abril: «Me dijo que lo había matado de fe y ya vi que allí no pasaba nada, todo era un bulo, en Tordesillas me trataron como si fuera del pueblo, soy hijo predilecto y siempre que puedo voy».

Su día a día se resume en su pueblo natal atendiendo a sus vacas o sembrando cuando es época. Ahora, como muchos ganaderos, «con mucho trabajo por la sequía»

Cuando se le pregunta sobre si es una persona conocida responde: «Conozco mucha gente, para bien y para mal. Sí, voy por la calle y me llaman: ¡Cañero! Pero vamos, no es algo que me haya aportado nada a nivel personal ese reconocimiento».

En su agenda tiene apuntada las fechas de Megeces o Villaescusa y aunque le gustan los encierros de Medina del Campo o Tordesillas, «los mejores son los de Cuéllar, con diferencia, y el más peligroso el de Ciudad Rodrigo, no tienes espacio».

Lo que tiene claro es que seguirá montando. «Si Dios quiere».