Una cadena solidaria promueve 45 becas para escolares vallisoletanos

Escolares y familias beneficiarias de las becas educativas de la Fundación Red Íncola. /HENAR SASTRE
Escolares y familias beneficiarias de las becas educativas de la Fundación Red Íncola. / HENAR SASTRE

Red Íncola gestiona las ayudas escolares, financiadas con aportaciones benéficas de particulares y empresas

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

«Siempre me gustaron más los números que las letras», dice Ismael Bouaouda, quien echa mano de una cifra para explicar el porqué de su elección universitaria: 99%. Es el porcentaje, dice, de inserción laboral en Ingeniería Electrónica Industrial y Automática. «Es algo que ahora tira mucho». Ismael está en segundo. Ha llegado hasta aquí con el esfuerzo personal, con años de estudio y buenas notas, pero también gracias al incentivo de las becas solidarias que su familia ha recibido, mientras él estaba en Primaria y Secundaria, a través de la Red Íncola. «Te ayudan a dar lo mejor de ti, a demostrar que te las mereces», asegura Ismael, quien ve ahora cómo su hermano Youssef también percibe una ayuda económica que nace de la solidaridad de vecinos y entidades vallisoletanas.

Red Íncola entregó ayer 45 becas (de 600 euros)nacidas de un proyecto de pura solidaridad.La fundación, entidad que agrupa a nueve instituciones religiosas y que desde 2006 trabaja con personas en riesgo de exclusión, busca dinero entre «amigos» (particulares, empresas colaboradoras, festivales benéficos organizados por los colegios Maristas, San José, por el VRAC de rugby) y con esas aportaciones llena una hucha que luego sirve para becar a niños y jóvenes que, de otro modo, tendrían complicado continuar sus estudios. «No son becas a la excelencia», explica Félix Revilla, presidente de Red Íncola, «sino que son ayudas a hogares con dificultades para que sus hijos no dejen de ir al colegio». Suelen ser familias llegadas de otros países, con varios hijos, monoparentales en muchos casos.

Es el de Fatiha Jebli, una vallisoletana de Marruecos con tres hijos a su cargo, Anass (siete años), Adam (5), Mohamed (4). Estudian en el colegio Miguel Hernández. Ytienen beca. Fatiha llegó a Valladolid en 2007 y durante casi diez años trabajó como ayudante de cocina en el mesón Don Pelayo. Hace unos meses lo tuvo que dejar. Se separó de su pareja y vio imposible compaginar el horario del restaurante con el cuidado de los niños. Sin apoyos familiares, no tenía con quién dejar a los críos por las tardes. Ahora está en desempleo, «así que la beca es una gran ayuda».

Confía en que a finales de octubre llegue un nuevo respiro económico. Ha capitalizado el paro y tiene previsto coger el traspaso de un negocio de alimentación en Portillo de Balboa (La Rondilla). Confía en que la suerte le sonría. Mientras tanto, la aportación económica que percibe de Red Íncola le ha ayudado a la plena escolarización de sus hijos. Está el gasto del material escolar, de los libros, la ropa... pero también de las excursiones o las actividades extraescolares.

«Es también una forma de integración, para que los chavales no se queden fuera de ciertos viajes o actividades porque no pueden pagarlos», explica Elena Martín González, responsable de becas, encargada de valorar a las familias que las perciben. «Tenemos en cuenta el nivel de ingresos, su inestabilidad económica, pero también social, por ejemplo, en los casos como el de Fatiha en el que no tiene apoyos de otras personas».

A cambio de la beca, Red Íncola firma un compromiso educativo con las familias, que han de cumplir una serie de requisitos para percibir el dinero. Así, por ejemplo, los padres y las madres se comprometen a participar en los programa de búsqueda de empleo o de formación que ofrece la fundación. Si es preciso, también a acudir (como sus hijos)a clases de español. Y existe un seguimiento curricular de los niños y jóvenes (es necesario entregar las notas y evaluaciones) para derivar a las clases de apoyo educativo impartidas por voluntarios.

Maya Vasileva Yachkova, la madre de Kevin (10 años) y Anastasia (3),lo sabe muy bien. «Al principio Kevin tenía dificultades para aprender español. En casa hablamos siempre en búlgaro y por eso fue tan importante que fuera a clases de español. Además, nosotros tampoco podemos ayudarles mucho. Yo, por ejemplo, no tengo muy buena pronunciación, confundo las eses y las ces, y las clases en Red Íncola le han ayudado mucho. Yo lo noto, que va a clase con mucha más seguridad que antes», dice Maya, quien subraya además la importancia de la beca para su familia. Sobre todo, en este nuevo curso en el que la pequeña Anastasia comienza primero de Infantil y hay que hacer frente a un desembolso económico extra:«Los libros de Infantil son casi tan caros como los de Primaria».

«Los resultados son muy buenos», consigna Eduardo Menchaca, coordinador de Red Íncola. No han registrado casos de abandono escolar. Y más del 80%de los alumnos pasa curso sin repetir, un porcentaje muy superior al que existía hace ocho años, cuando empezaron con este programa de becas solidarias. «Nos gustaría llegar a más familias», apuntan sus responsables. Para ello, han abierto un nuevo plazo de colaboración para que las empresas y particulares que quieran puedan hacer aportaciones con las que becar a nuevos niños y adolescentes (en la web www.redincola.org y 983 30 70 83).