Los bancos preparan otra oleada de cierres tras clausurar doce oficinas en la provincia de Valladolid durante el último año

Sucursal que Unicaja Banco mantiene en la localidad vallisoletana de Torrelobatón. /A. B. E.
Sucursal que Unicaja Banco mantiene en la localidad vallisoletana de Torrelobatón. / A. B. E.

Valladolid tenía una sucursal por cada 870 habitantes en 2008; hoy tiene una por cada 1.549

Ángel Blanco Escalona
ÁNGEL BLANCO ESCALONA

El año que murió Franco, Valladolid tenía 443.344 habitantes y las entidades financieras (el Banco Central, Banesto, el Hispano Americano, la Caja de Ahorros Popular de Valladolid...) sumaban 246 sucursales en la provincia. Es decir, había una oficina bancaria por cada 1.800 clientes potenciales. Desde 1976 hasta 2008, de manera ininterrumpida y sistemática, el sector fue expandiendo su red como si de un batallón de arañas se tratase. El crecimiento era imposible sin sedes físicas y al cabo de esos 32 años había en territorio vallisoletano 609 oficinas bancarias, el techo de la serie histórica. Con 527.430 ciudadanos censados, la proporción pasaba a ser de una sucursal por cada 870 habitantes.

Desde entonces hasta hoy, la tendencia ha sido igual de sostenida e imparable, pero en sentido contrario. Además, está lejos de cesar, a tenor de las noticias que genera el sector financiero. El Banco Santander ultima un expediente de regulación de empleo que afectará a unos 3.000 empleados e incluirá el cierre de más de 1.000 sucursales;en unos días concretará el anuncio, que pondrá el foco en las consecuencias de la absorción del Banco Popular. CaixaBank lleva dos meses negociando con los sindicatos un ERE para, en principio, 2.157 empleos y 800 oficinas urbanas –28 trabajadores y cinco dependencias en Valladolid–. El diciembre del año pasado, Unicaja declaró Castilla y León área «excedentaria en personal» y pactó 132 jubilaciones anticipadas (dentro de un total de 760) para este año... En el sector se da por hecho que habrá más fusiones y, con ellas, redundancias y personal 'sobrante'. Sin olvidar que en el mundo financiero, digitalización y nuevas tecnologías son sinónimo de clausura de oficinas.

Valladolid tiene en la actualidad 520.430 vecinos (según el INE, a 31 de julio de 2018) y 336 sucursales bancarias (según el Banco de España, a 31 de diciembre). Esto es, una oficina por cada 1.550 clientes potenciales, una ratio que supone algo así como un regreso al pasado de los años 80. En los últimos diez años, la población de la provincia ha descendido el 1,33%, mientras que el número de sucursales lo ha hecho el 44,5%, que en unidades son 273. Valladolid es la provincia de Castilla y León con más cierres desde 2008 y la decimotercera de España. En Barcelona han echado el cierre el 57,5% de las oficinas financieras.

El sector de las actividades financieras y los seguros, que empleaba a más de 4.200 personas hasta hace ocho años, tiene ahora 3.200 afiliados

Para poner en contexto esos 1.550 habitantes por oficina hay que tener en cuenta las características de la provincia, con una población muy dispersada en pueblos poco habitados que concentran más del 40% del total. Según el 'Informe sobre Estructuras Financieras' del BCE, España era en 2017 el segundo país de la Eurozona con más sucursales por habitante con una por cada 1.613 personas, solo superado por Chipre con 1.568, una cifra muy parecida a la de Valladolid. La media de la zona euro era de 2.278 ciudadanos por sucursal.

Todo apunta, pues, a que un promedio tan alejado del de los países de nuestro entorno otorga a la banca margen y argumentos para continuar con los cierres.

A la par que se ha ido produciendo la liquidación de locales, las plantillas han ido menguando. En su momento de mayor 'gloria', en el inolvidable 2008, las entidades de crédito españolas empleaban a 278.301 personas en todo el país, según los datos del Banco de España. Desde entonces, año tras año, implacablemente, la cifra ha ido contrayéndose hasta los 192.626 actuales. La reducción es del 30% en el decenio.

Para conocer lo que ha sucedido en la provincia vallisoletana hay que acudir al registro de la Seguridad Social, donde están agrupados los afiliados de 'actividades financieras y seguros'. En este caso el máximo se dio en julio de 2010, cuando bajo este epígrafe trabajaban en Valladolid 4.258 personas. En febrero de este año se habían quedado en 3.201, es decir, una reducción del 25%.

Empleados bajo presión

Si algo caracterizaba al sector, al menos hasta hace algunos años, era la puesta en práctica de un 'modelo' de ERE en el que primaban las jubilaciones anticipadas y unas indemnizaciones más bien jugosas. Pero las cosas ya no son así, o no lo son como norma indiscutible. «Son momentos muy delicados para los empleados, que viven tiempos de incertidumbre ante los rumores de próximas fusiones –opina Luis José Rodríguez Alfayate, presidente de FINE (federación sindical donde se adscribe CSICA)– y cómo pueden estas afectar a las plantillas. CaixaBank, una empresa que hasta ahora había apostado por las salidas voluntarias, está radicalizando su postura en la actual negociación de su ERE. La sangría no ha concluido y sigue siendo necesario defender el mantenimiento de los puestos de trabajo y la protección de las condiciones laborales».

Desde UGT, mientras, alertan de que la digitalización –y es más acentuado en lugares como Valladolid– no justifica los cierres y recortes, ya que «no es algo que pidan los clientes, sino que se les impone» y que se utiliza «como disculpa para prescindir de empleados y sobrecargar a los 'supervivientes' con prolongaciones de jornada con las oficinas cerradas», según señala Jesús Vara, responsable del sector financiero en el sindicato. En UGT confían en que una interpretación estricta del control de horarios laborales impida que «se sigan recortando puestos de trabajo a costa de prolongar la jornada de forma habitual» y haga «que las horas extras por un motivo extraordinario y ocasional se consideren como tal, se cobren y se coticen a la Seguridad Social y a la Hacienda Pública». El control de la jornada –añaden– va más allá de la cotización y también «permitirá eliminar una de las principales causas del deterioro de la salud de los trabajadores del sector financiero, continuamente presionados con objetivos, llamadas, 'rankings', formación fuera del horario laboral y amenazas de todo tipo».