La banca restringe horarios y tira de comisiones para desanimar a los clientes de ir a las oficinas

Un autobús de servicios bancarios con cajero automático incorporado en la localidad de El Carpio. /Fran Jiménez
Un autobús de servicios bancarios con cajero automático incorporado en la localidad de El Carpio. / Fran Jiménez

Usuarios y sindicatos alertan de que la exclusión financiera agrava los problemas que sufre la población del medio rural

Ángel Blanco Escalona
ÁNGEL BLANCO ESCALONAValladolid

«Trabajamos para evolucionar el concepto de oficina bancaria tradicional a un nuevo modelo más acorde con las necesidades y tiempos actuales». La carta lleva el encabezado de 'Oficina con autoservicio' y lo que en realidad anuncia es que la sucursal va a ver «modificado el horario de servicio de caja básico», es decir, 'reducido'. Solo contará con «servicio atendido» (por una persona) de 8:30 a 11:00 horas, mientras que en el resto del horario comercial, para cualquier trámite el cliente tiene tres opciones:un cajero automático;otra oficina «cercana»; o la banca electrónica, telefónica y/o móvil.

En otros casos no hay restricción de horarios sino, directamente, cierre de la oficina y sustitución (o no) por un autobús que hace una ruta, como el camión del pescado o el de los melones y sandías. La carta a que hace referencia el párrafo anterior es un anuncio de Cajamar sobre su oficina de Tudela de Duero –que pasará a tener servicio de caja automatizado a partir del 18 de marzo–, pero la práctica es generalizada entre el sector financiero.

Los bancos llevan tiempo recurriendo a la limitación de horarios, sobre todo en los pueblos, y las comisiones para 'ahuyentar' a los clientes de las sucursales. En otros casos, la oficina 'convencional' es sustituida por un agente financiero, figura emergente que es una especie de sucursal bancaria sin movimientos de caja pero que, por cuenta de la entidad comercializa sus productos.

Oficinas de banco en Valladolid (pincha en cada entidad para conocer su distribución en la provincia)

El argumento de la llegada de la digitalización con sus infinitas posibilidades y el de la comodidad de poder hacerlo todo desde casa, el móvil o el cajero automático, parece necesitar de otro tipo de empujones para disuadir a la clientela.

La limitación de servicios bancarios, además, obstaculiza la competencia

En el caso de la red de sucursales del medio rural, perder la sucursal o ver limitado su horario a unas pocas horas que, además, pueden coincidir con la jornada laboral del cliente, no hace sino ser un problema más a sumar al de la falta de otros servicios básicos, desde la enseñanza o la cultura, hasta los servicios sanitarios o de ocio. En una reciente jornada sobre 'Servicios financieros destinados a los consumidores' organizada por el Comité Económico y Social Europeo, el Banco de España y la patronal bancaria (AEB) abogaron por la educación como medio para combatir la exclusión financiera. «Creo que la educación financiera es clave para la inclusión financiera y la protección del consumidor, así como para la propia estabilidad financiera», señaló José Luis Martínez Campuzano, portavoz de la AEB, en declaraciones recogidas por Europa Press.

Para Campuzano, los vecinos de los municipios pequeños resultan más perjudicados por una deficiente conexión a Internet que por el cierre de su sucursal, por lo que reclamó a las autoridades que el acceso a la web sea uniforme en toda España para evitar la exclusión financiera, que según dijo solo afecta actualmente a alrededor del 2% de la población española.

Para Jesús Vara, responsable de banca de UGT en la comunidad, «al problema que se deriva de los cierres de oficinas, aquí tenemos que añadirle la repercusión que ello tiene en la población, o mejor dicho, en la despoblación». «Desaparecidas la cajas y con ellas el componente social del negocio financiero, los bancos anteponen la rentabilidad de su cuenta de resultados a las necesidades de clientes sin demasiados recursos. Sin escuela, ni tienda, ni oficina bancaria, ¿cómo va a quedarse nadie a vivir en el pueblo?», se pregunta.

Según alerta la Asociación de usuarios de bancos, cajas y seguros (Adicae), la exclusión financiera no supone solo la desaparición de un mayor o menor número de sucursales del medio rural y la consiguiente incomodidad de tener que esperar el autobús o desplazarse a otro municipios, sino que significa también «un riesgo de pérdida de competencia bancaria que intensificará la sensación de oligopolio sin control que ya se desprende de la actividad financiera en España». Para la asociación, los bancos se centran casi por completo en los nuevos clientes y los jóvenes no tienen interés en las personas mayores.

Los bancos concentran sus sucursales en 50 de los 231 pueblos de Valladolid

La provincia tiene en la actualidad el mismo número de sucursales bancarias que tenía en el año 1978. Pero hoy cuenta con 55.000 habitantes más. Según información del Banco de España, a 30 de septiembre de 2018 había en Valladolid 338 oficinas bancarias, frente a las 606 de diciembre del año 2008, la cifra más elevada que se alcanzó justo cuando comenzaba la crisis económica. Las fusiones, primero, y la tecnología, a continuación, han provocado una escabechina de establecimientos financieros físicos, además de plantillas.

Unos 220.000 de los 520.430 habitantes de la provincia de Valladolid no viven en la capital, sino en alguno de los otros 231 municipios. De ellos, 50 tienen alguna sucursal bancaria, que se reparten a razón de 181 en la capital y 157 en la provincia. Según el registro del supervisor, Unicaja (como heredera de Caja España y Caja Duero) tiene oficinas en los 50 municipios con sucursal. En 16 de ellos es la única opción con la que cuentan los vecinos.

La despoblación mesetaria, la dispersión y el exagerado número de pueblos (en comparación con la mayor parte de España) que hay en Valladolid hacen que en muchos casos sea inviable para las entidades el mantenimiento de tantas oficinas. De hecho, en realidad, no puede considerarse que Valladolid sufra una excesiva exclusión financiera, si tenemos en cuenta que con 46,73 millones de habitantes, España dispone de 26.474 sucursales, es decir, una por cada 1.765 personas. En el caso de la provincia vallisoletana (520.430 habitantes y 338 oficinas), la proporción es de una por cada 1.530 personas.

Además, la población se reparte a razón de 58 de cada 100 en la capital y 42 en la provincia. El censo de sucursales bancarias es del 54% en Valladolid ciudad, frente al 46%del resto de municipios.

Siguen los cierres

Aunque el proceso de cierre de oficinas no ha terminado, en los últimos doce meses sí se ha ralentizado. Tomando como referencia de septiembre a septiembre, en el último periodo la provincia de Valladolid ha perdido 10 sucursales, frente a las 32 que se cerraron entre septiembre 2016 y el mismo mes de 2017. No han acabado los cierres, al igual que no lo han hecho los ajustes de empleo. El último es el ERE anunciado el pasado día 17 de enero por CaixaBank, que supondrá el cierre de cinco de las 45 oficinas con que cuenta a día de hoy Valladolid.

Los bancos explican que el acceso a la banca electrónica se ha popularizado durante la última década hasta el punto de duplicarse desde el año 2008, hasta rozar el 40% de la población de entre 16 y 74 años, según un informe de BBVA Research de 2017. La educación en competencias digitales, la frecuencia de uso de Internet, la presencia de equipamiento TIC en la vivienda y la edad son factores determinantes en este sentido. La bancarización digital también crece con el nivel de renta, pero disminuye con la edad (a partir de los 34 años) y el tamaño del hogar, y es mayor para los varones, los españoles y los ocupados.

El trabajo de BBVA Research señala que mientras en España el porcentaje de internautas que utilizaron servicios de banca electrónica es del 53,4%, en Castilla y León se sitúa en el 46,8%, el sexto más bajo del país.

Las comisiones, existen hasta 36 diferentes, ya alcanzan a cubrir el 100% de los costes de personal de los bancos

En los últimos tiempos, por otro lado, los clientes descubren cómo las comisiones bancarias han proliferado como las alergias en primavera. Atrás quedaron los tiempos en que éstas se limitaban a las de mantenimiento de la cuenta, la de descubierto, la de la tarjeta y las de las transferencias. La persistencia de los tipos de interés del Banco Central Europeo al 0% ha exacerbado la imaginación de las entidades en lo que a cobro de servicios se refiere. Ahí están la comisión por poner concepto a un ingreso en una cuenta de la que no se es titular o la que se aplica a los clientes que desean recibir extractos bancarios en papel.

En este momento existen hasta 36 comisiones diferentes, según datos del Banco de España, que recuerda que las entidades pueden fijar las comisiones y precios que deseen, siempre que sean por un servicio realmente prestado e informen de ello.

Desde Adicae lamentan que los consumidores estén pagando en comisiones ya casi el 100% de los costes de personal de la banca. «Los cinco grandes grupos bancarios ingresaron en 2018 más de 21.000 millones de euros en comisiones, casi una cuarta parte de su margen bruto de explotación y equivalente al 132% de sus beneficios conjuntos». A juicio de la asociación, «la banca sigue convirtiendo las comisiones en un negocio en sí mismo al margen del negocio bancario propiamente dicho (el relativo a la denominada «'intermediación financiera': captar fondos, los cuales conjuntamente con el capital propio del banco son canalizados o colocados a sus clientes)».

La comisiones no solo aportan ganancias a las entidades sino que tienen, además, un efecto colateral bienvenido para el sector: redirigir a los clientes hacia la banca móvil, cuyas operaciones están oportunamente incentivadas (por el momento) con ausencia de comisiones.