La Audiencia de Valladolid absuelve a un hombre acusado de violación por una amiga íntima con la que había decidido cortar

Audiencia de Valladolid. /El Norte
Audiencia de Valladolid. / El Norte

La sentencia refleja que es «verosímil» que la supuesta víctima le incriminara por despecho y que la relación sexual que mantuvieron fue consentida

M. J. Pascual
M. J. PASCUALValladolid

La Audiencia de Valladolid ha absuelto a J. E. E. del delito de agresión sexual por el que la Fiscalía había solicitado una pena de nueve años de prisión. El hombre fue denunciado por una amiga íntima que, tras el último encuentro sexual que mantuvieron en otoño de 2017, consideró que había sido víctima de violación y decidió acudir al juzgado. Ambos seguían en contacto a pesar de que meses antes él le había manifestado su intención de cortar la relación.

La sentencia considera probado que entre finales del mes de mayo o principios de junio de 2017, J. E. E., mayor de edad y sin antecedentes penales, comenzó una relación de amistad con S. K., de 19 años, con quien además mantenía frecuentes relaciones sexuales. El 29 de ese mes, el acusado decidió romper esa relación, aunque seguían teniendo múltiples contactos por Whatsapp en los que se pone en evidencia «que la joven estaba enamorada de él y era este quien no quería volver a la relación», por lo que mantenían «frecuentes discusiones» en las que ella le reprochaba la forma en la que la había dejado. En los mensajes aportados a la causa ella dice que «le odia» y él que «no la quiere ya nada», mientras que la mujer le reprocha que solo tiene «follamigas». Llegaron a quedar el 16 de septiembre y volvieron a discutir en persona, y al mes siguiente, el 21 de octubre, el procesado conecta por la red social con S. K. a las 5:21 horas de la madrugada y ella le permite que suba a su piso, que compartía con otros compañeros. J. E. estaba muy bebido y ya en la habitación comenzaron una relación sexual consentida por ambos «de la misma manera que habían hecho en ocasiones anteriores y que ellos califican de duras».

J. E se despertó a las 13:54 horas en el dormitorio de la joven y le mandó un mensaje a ella, que estaba en el salón y ambos se pusieron a hablar allí, momento en el que uno de los compañeros de piso de ella se despertó y les vio allí, «observando que tenían una situación tensa entre ellos». El testigo se volvió a su habiltación a dormir la siesta. A las 15:17 horas, S. K. le envía un mensaje en el que le dice «coge tu abrigo y vete», tras lo cual el hombre decide irse. Pero antes, ella le enseña a él y a una amiga las sábanas de la cama con manchas de sangre, que después lavó.

A partir de las 18.28 horas, iniciaron una nueva conversación por Whatsapp en la que ella le indicó que consideraba que la relación que habían mantenido era una violación y que si iba al médico «seguramente le recomendarían denunciar». El se ofreció repetidamente a acompañarla al médico y a la Policía, afirmando que, debido al exceso de alcohol no había sido «totalmente consciente de lo sucedido» y que «no quería hacerle daño». Finalmente ella le informó de que había acudido al hospital mientras que él considera que «es muy fuerte usar ese término», pero ella, indica la sentencia, «que ya ha decidido romper con él, le dice: que te jodan, que te hagan el doble de daño que me has hecho» y le manifestó que iba a ir a la Policía.

La Fiscalía solicitaba nueve años de prisión para el encausado por un delito de agresión sexual

Sobre las 19:00 horas del día siguiente, 22 de octubre, acudió la joven al servicio de Ginecología del Hospital Río Hortega y el forense le realizó un reconocimiento y una exploración, donde se detectaron lesiones que solo requirieron de una primera asistencia facultativa, sin tratamiento médico ni quirúrgico y de las que sanó cuatro días después, según se recoge en los hechos probados de la sentencia.

«Sexo duro»

En los fundamentos de derecho se ponen de manifiesto las declaraciones contradictorias que realizan ambos: ella, que aunque la relación comenzó consentida, en un momento de la penetración le pidió que parara y él no lo hizo hasta que consumó el acto sexual. Ella se levantó de la cama y observó que sangraba por los genitales. Él insistió ante el tribunal que la relación fue consentida y «similar a la de otras ocasiones, dado que ellos mantenían sexo duro». Además, que a la mañana siguiente dijo a su amiga que, aunque hubiesen mantenido esa relación sexual no quería continuar con ella y que fue entonces cuando la joven le dijo que se marchara, «entendiendo el procesado que la denuncia obedece más bien al despecho de ella por no haber aceptado reanudar la relación». En esa línea testificaron dos amigos de ambos, quienes afirmaron que ella solía mencionar las relaciones impetuosas que mantenía con él y que «S. les habló de que le quería fastidiar porque este le había dicho que solo quería ser un follamigo, entendiendo que la denuncia obedece más bien a una actitud de rencor derivada de ese motivo».

Los magistrados basan su sentencia absolutoria en el «muy significativo informe médico» de la exploración ginecológica «en el que se refleja que ella no presenta ningún síntoma físico de haber sido víctima de una agresión sexual» ni en los brazos lesión compatible con que existiera «resistencia» a la relación sexual.

Otro dato que se considera «relevante» es que el compañero de piso estaba durmiendo en la habitación contigua y «hubiera bastado con haber gritado pidiendo auxilio para que el vecino se hubiera despertado y socorrido, pero nada de esto sucedió».

El tribunal entiende que «no se sabe con certeza lo que ocurrió, siendo perfectamente posibles las dos versiones», aunque la versión de la supuesta víctima no viene corroborada por los elementos periféricos que le deben acompañar, y porque es verosímil también la versión del procesado de que la relación sexual fue plenamente consentida por ambos. Por eso aplican el 'in dubio pro reo' y absuelven al procesado. También dejan sin efecto las medidas de protección.