Arraigo cultural para los jóvenes inmigrantes

Participantes en el proyecto Taboom impulsado por Red Íncola./ El Norte
Participantes en el proyecto Taboom impulsado por Red Íncola. / El Norte

Un programa europeo reúne a personas de diez países para ahondar en los tabús compartidos en varias partes del mundo

Víctor Vela
VÍCTOR VELAValladolid

«A pesar de estar separados por mares, aunque seamos de diferentes continentes y culturas, tenemos mucho en común. Más de lo que nos creemos», dice Estefanía Flores, 24 años, nacida en Ecuador. Ella es una de las participantes de Taboom, un proyecto europeo que en España impulsa la Red Íncola (hay réplicas en Italia y Malta) para favorecer el arraigo social de los jóvenes inmigrantes y, al mismo tiempo, evitar que pierdan sus raíces culturales, que olviden las tradiciones del país en el que nacieron, la herencia de sus familias, «porque eso también enriquece la diversidad vallisoletana, la comunidad a la que han llegado a vivir».

Lo explica Elena Marín, responsable de programas de educación y juventud de Red Íncola:«El objetivo es ayudar a los jóvenes inmigrantes a conectarse con sus lugares de origen. Una persona, al llegar a un nuevo país, tiene muchas dificultades, porque a veces la sociedad no es tan acogedora como parece. Eso genera inseguridad, también baja autoestima. Por eso es importante hacerles sentir que su propia identidad también forma parte del lugar al que han llegado». Porque, como insiste Estefanía, «son más las cosas que nos unen».

Y de eso trata Taboom (vinculado con el programa Erasmus+). Hay un grupo de 24 jóvenes, de entre 18 y 24 años, que se reúne en jueves alternos para compartir experiencias. «Todos tenemos una historia que contar», dice el lema de la iniciativa, en la que participan chavales de Grecia, Italia, Alemania, Ecuador, Marruecos, Argelia,Ghana, Brasil, España y República Dominicana. Ya han mantenido dos reuniones. Los encuentros seguirán hasta el verano.

En julio, una representación viajará a Palermo para compartir experiencia con otros jóvenes europeos. Y todo ello, a través de los tabús, de aquellos aspectos sociales y culturales que se ocultan en sociedad.«Hablamos sobre eso, sobre cómo esos tabús de sus países han impactado en su vida. Y los jóvenes descubren que, en muchos casos, las cosas sobre las que las sociedades deciden no hablar son las mismas», explica Marín.

¿Por ejemplo? «La muerte», dice Estefanía. «El sexo», añade Cristina Tsompanidou (Grecia, 23 años). «Los asuntos relacionados con el sexo son tal vez el mayor de los tabús en todos los países. Hay diferencias en asuntos como la homosexualidad o las mujeres, pero al final la sexualidad es uno de los temas de los que cuesta hablar en todos los países». Cristina llegó en octubre a España para trabajar en un programa europeo de voluntariado.Estudiante en el departamento de lenguas, culturas y literaturas de los países del Mar Negro (estudia ruso), vive «junto a la frontera con Turquía y Bulgaria. Muy cerca de casa han pasado muchos inmigrantes y refugiados. He visto cómo algunos de ellos morían en el río».

Eso le espoleó para echar una mano, para colaborar. «Siempre pensé que tenía que ayudar de alguna manera.Ycon el proyecto europeo podía venir aEspaña, perfeccionar el idioma, había también beneficios para mí», asegura. «Entre Grecia y España no hay tantas diferencias. Somos muy parecidos. En la manera de ser, en las fiestas... Pero no en la puntualidad. Aquí la gente es muy impuntual», dice Cristina.Y Estefanía, que lleva ya 15 años en España, que es educadora en Red Íncola, lo refrenda. Los participantes alemanes dijeron que en su país hablar de dinero es tabú.

«Hay un temor que tienen varias de las personas que llegan de otros países y que está vinculado con la pérdida de identidad cultural», indica Marín. «Hay un choque entre la cultura que han dejado atrás. Y pueden ocurrir dos cosas. Que la rechacen de inmediato para intentar asumir la de su lugar de llegada, que escondan sus raíces por el miedo al qué dirán, para así integrase rápido... o bien todo lo contrario. Hay jóvenes que exaltan unas tradiciones que a lo mejor, incluso en sus países, ya se estaban olvidando».

El punto intermedio está en la integración, en la conciencia de que «su propia identidad también forma parte de la comunidad en la que viven. Porque las culturas las formamos entre todos». Por eso, explican, es tan importante el espacio generado en Taboom, donde jóvenes de diferentes países (el objetivo es llegar a treinta:quince españoles, quince llegados de otros países)ahondan en todo aquello que comparten.

Una de las actividades consiste en compartir leyendas, historias populares de cada país. Yhan descubierto que hay arquetipos que se repiten. Tramas que se comparten. La historia del Tragaldabas, tan vallisoletana, tiene variantes en otros países... «Al final, es mucho lo que nos une. Por eso la importancia de estar abiertos a otras culturas», concluye Estefanía.