Más de 140 apicultores trashumantes llegan este verano a Valladolid desde el sur del país

Apicultores de la asociación provincial, colectivo que reclama una regulación de las colmenas trashumantes./Gabriel Villamil
Apicultores de la asociación provincial, colectivo que reclama una regulación de las colmenas trashumantes. / Gabriel Villamil

El sector reclama una norma para regular y facilitar la convivencia con las nuevas colmenas

Lorena Sancho Yuste
LORENA SANCHO YUSTEValladolid

Buscan la floración tardía de la provincia vallisoletana para ampliar la época de alimento de las abejas, persiguen su primavera ralentizada para aprovechar una mayor producción de miel. De tal forma que en los meses más calurosos del año, especialmente entre mayo y agosto, los campos del medio rural de Valladolid se antojan golosos para decenas de apicultores que trasladan aquí de forma temporal sus colmenas procedentes de otros puntos del país, principalmente del sur, de Andalucía y Extremadura, y de otras comunidades como la valenciana y la murciana.

En el presente verano, en el que precisamente se ha constatado una mayor proliferación de abejas tras una floración tardía, la trashumancia de colmenas se materializa a través de 141 apicultores de otras comunidades. Al menos esta cifra, porque son los que han notificado a sus respectivas unidades veterinarias que iban a trasladar su asentamiento a la provincia de Valladolid, su trashumancia a estos campos mediante camiones de gran envergadura en los que transportan decenas de colmenas con millones de abejas en su interior.

Son ya varios los años en los que los apicultores locales vienen constatando la presencia de estas colmenas trashumantes. Y varias también las temporadas en las que alertan de la necesidad de que se regule su asentamiento para facilitar la convivencia con las colmenas autóctonas. Aquí suelen pasar entre dos y tres meses, ubicadas en zonas que, en ocasiones, carecen de autorización municipal y que se sitúan próximas a cascos urbanos o a otros colmenares autóctonos. «Hablamos de productores que llegan con doscientas colmenas, cada una de ellas puede contener 60.000 abejas, que vienen alteradas, agresivas, por el viaje y porque se les ha quitado la miel para que suban más ligeras en el camión, y eso supone un riesgo si se encuentran en zonas próximas al casco urbano», alerta el presidente de la Asociación Provincial Vallisoletana de Apicultores, Miguel Martínez.

Es precisamente el sector apícola vallisoletano el que demanda la regulación de esta trashumancia mediante una normativa autonómica que facilite la convivencia. «Tienen la obligación de pedir permiso y situarse donde les indican, pero algunos no lo hacen y el Seprona se ve en la obligación de denunciar y sancionar», añade Miguel Martínez.

Primeras ordenanzas

Los primeros problemas de convivencia han surgido ya en la zona de Tierra de Campos, donde existen al menos dos municipios que han elaborado una ordenanza reguladora de instalaciones apícolas. El primero fue Medina de Rioseco el pasado año y, hace apenas unas semanas, le ha seguido Villacarralón. Con apenas 88 vecinos, este ayuntamiento se ha visto obligado a regular estos asentamientos trashumantes ante la llegada de 400 colmenas. «Tenemos dos apicultores de fuera y aquí tenemos dos apiarios nuestros, pero ellos llegan y no respetan las distancias, con el peligro para quien sale de paseo», señala el alcalde, Teógenes Hernández, aficionado también a la apicultura.

Con la nueva ordenanza, el Ayuntamiento restringe así el número de colmenas a un centenar y fija la obligación de guardar un kilómetro de distancia con los estantes ganaderos y de al menos cuatrocientos metros con el casco urbano.

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