120 alumnos brillantes compiten en Valladolid en el primer campus científico

Alumnos del campus científico. /RODRIGO JIMÉNEZ
Alumnos del campus científico. / RODRIGO JIMÉNEZ

La Universidad de Valladolid participa por primera vez en el programa, dirigido a estudiantes de bachillerato y secundaria

DIEGO ARTIMEVALLADOLID

«Más que la física, a mí me gustan los legos», bromea un chaval de 16 o 17 años mientras monta un puente de madera con palillos de helado y depresores linguales. Sea más o menos cierto, lo indudable es que esta disciplina científica no se le puede dar precisamente mal. De hecho, lo más probable es que se le dé bastante bien; tanto como para formar parte de los 120 alumnos con expediente académico sobresaliente que este julio pasarán por Valladolid para participar en el programa 'Campus Científicos de Verano'.

Es la primera vez que la Universidad de Valladolid participa en este evento, organizado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. En la presente edición -la novena-, la UVA se suma a un proyecto que engloba a 13 universidades del territorio nacional y por el que pasarán 1.560 alumnos en tan solo cuatro semanas. Los estudiantes, de 4º de la ESO o de 1º de Bachillerato son seleccionados para participar en un curso de una semana de duración en el que recibirán clases teóricas, desarrollarán un proyecto grupal y disfrutarán de actividades lúdicas y visitas guiadas.

Pasar el corte no es sencillo: en la presente edición -en la que participan tres universidades menos que en años anteriores-, la nota mínima se ha situado en un 8,5 de media. «Son alumnos brillantes», admite uno de los profesores que a lo largo de este mes se encargará de tutelar su aprendizaje.

La competencia es dura. Más aún porque, durante la selección, se enfrentan a estudiantes de toda España. «Vienen muchos de Andalucía, de Murcia o de la zona de Alicante», afirma Esperanza Alarcia, secretaria académica de la Escuela de Ingenierías Industriales. Pero también hay alumnos llegados del norte o que acuden desde otras provincias de Castilla y León. Y es que los estudiantes, a la hora de inscribirse, tienen en cuenta la disciplina en la que desean profundizar durante el campus.

Cada universidad ofrece a los jóvenes una serie de cursos entre los que deben escoger. En el caso de la UVA, los estudiantes pueden optar por la robótica, estructuras, espumas o magnetismo, de manera que en cada uno de estos talleres se reúnan siete u ocho estudiantes. En total, cada centro acoge a 120 alumnos repartidos en dos turnos de 30 estudiantes de Bachillerato y otros tantos de secundaria.

Los cursos se imparten en la Escuela de Ingenierías Industriales -en el caso de los estudiantes interesados en robótica y estructuras- o en la Facultad de Ciencias, donde los chavales aprenden acerca de la levitación magnética y se sumergen en el mundo de los materiales poliméricos porosos.

Ingeniería y robótica

Los alumnos llegan a Valladolid y son recibidos al día siguiente con una conferencia inaugural sobre ecotecnología y una visita al Parque Científico de la Universidad y al laboratorio de técnicas experimentales. Tras un descanso para comer, dan inicio las explicaciones teóricas, que se prolongan a lo largo de los tres días siguientes. Este viernes 13 de julio, los 30 estudiantes se reunieron en el edificio de Ingenierías Industriales para presentar sus respectivos proyectos, que han ido desarrollando a lo largo de la semana.

Pero no todo son clases, programación y polímeros. «Es un campus de verano», como recuerdan los profesores. Así que, durante la semana, los chicos disfrutan de una serie de actividades lúdicas entre las que se encuentran un paseo en bicicleta junto al río Esgueva, ejercicios de rugby en colaboración con los conjuntos locales del VRAC y El Salvador o una visita al edificio LUCIA de la UVA, que hace tres años recibió el premio a la edificación más sostenible de Europa. «Está todo muy organizado, no hay momentos de pausa», reconoce uno de los estudiantes. Lo cierto es que, entre tanta actividad, los chicos apenas tienen tiempo para conocer la ciudad, así que los jueves por la tarde gozan de una visita guiada por Valladolid. Al día siguiente, después de la presentación de sus respectivos proyectos, los chicos disfrutan de una fiesta de despedida previa a su regreso.

Muchos utilizan estos cursos para aprender más sobre un tema concreto y descubrir su vocación profesional. «Estoy aquí para ver si me gusta esta especialización», admite uno de los jóvenes que cursan el taller de estructuras. A su lado, dos compañeros afirman que quieren estudiar «una ingeniería de algún tipo, pero eso está por decidir». En el taller de robótica lo tienen más claro, y uno de los estudiantes salta al instante para decir que «es lo que quiero estudiar, siempre me han fascinado las máquinas».

Durante las clases no solo aprenden de profesores universitarios o de secundaria. Algunos alumnos de la propia Universidad colaboran con su experiencia y conocimientos en este proyecto formativo. Es el caso de Guillermo, que forma parte de la Asociación de Microbótica de la UVA y que instruye en programación a los jóvenes. «Se les ve que avanzan y aprenden bastante rápido», afirma sobre sus pupilos temporales.

Se trata de una experiencia muy provechosa para los jóvenes, que tienen así una oportunidad única para entrar en contacto con el entorno universitario.

Campus científico en Valladolid. / RODRIGO JIMÉNEZ

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos