Adaptado solo hasta la puerta

Fabio Castillo, con su 'scooter' adaptada, en la calle Santiago./J. S.
Fabio Castillo, con su 'scooter' adaptada, en la calle Santiago. / J. S.

La normativa del Río Hortega obliga a un discapacitado a dejar su moto eléctrica en la calle y avisar desde allí a un celador

J. SANZValladolid

Fabio Castillo tiene 41 años, sufre una enfermedad degenerativa (miopatía mitocondrial) que reduce notablemente su movilidad y por eso utiliza una moto eléctrica adaptada para realizar sus desplazamientos. «Nunca he tenido problemas para moverme con ella o acceder al hospital (Río Hortega) cuando voy a alguna consulta hasta que el jueves por la mañana me encontré con un vigilante que había avisado a la Policía Local por dejarla aparcada en el vestíbulo», explica el propietario de este vehículo adaptado que puede alcanzar los 15 kilómetros por hora y al que la legislación vigente (instrucción 16/V-124 de la DGT) considera un peatón a efectos de movilidad urbana. Pero, ¿es un peatón a la hora de moverse con ella por un edificio? Pues el incidente del jueves, al menos, permitió aclarar «más o menos» la situación. «El viernes me llamaron del hospital y me especificaron que no puedo entrar con ella al edificio sino que debo aparcarla en la entrada, avisar a un celador y ellos me facilitan una silla de ruedas para que pueda llegar a las consultas», explica el propio afectado y así lo confirman fuentes del propio centro.

Caso resuelto. O no... La enfermedad de Fabio es degenerativa y, aunque tiene cierta autonomía a la hora de caminar, «hay momentos y días en los que me quedó paralizado y literalmente no puedo dar un paso o me cuesta muchísimo desplazarme a pie», explica un hombre con un 83% de discapacidad reconocida antes de lamentar que la solución que le ofrecen, aunque la acepta, «puede ocasionarme problemas si llega el caso de que no puedo moverme y a ver cómo aviso yo a un celador para que venga a por mí sin poder acceder al hospital con mi moto».

Fabio asegura que los vigilantes del hospital «siempre» le habían dejado entrar con su anterior silla (también motorizada) y con su actual 'scooter' adaptada. «Me ayudaban, incluso, a llegar a unos ascensores para poder subir con ella hasta la consulta», recuerda. La situación cambió hace un par de meses. «Entré como siempre y el vigilante me dijo que debía aparcarla en el vestíbulo y así lo hice ese día y el jueves pasado», relata el afectado antes de recordar que cuando salió de la consulta, a las 9:30 horas, se encontró «con el vigilante y tres policías locales». El primero había llamado a los agentes al encontrarse con el Vehículo de Movilidad Reducida (VMR), que así se denomina la 'scooter', estacionado dentro del hospital. Los efectivos policiales se limitaron a mediar en la posterior discusión entre el vigilante y Fabio y emitieron un informe sobre lo ocurrido «sin consecuencias legales» para los afectados, según confirmaron después fuentes de la Policía Municipal.

Aclaración a las 24 horas

«El vigilante dijo que me habían dicho que no podía entrar, cuando lo había hecho con normalidad hasta que, y eso es cierto, me dijeron que aparcara mi moto en el vestíbulo, dentro, como hice ese día», defiende el titular de la 'scooter'. El encontronazo con el guarda del centro hospitalario, al menos, llevó a sus responsables a aclararle 24 horas después que la normativa le obliga a dejar fuera su moto adaptada.

«Así lo haré en adelante, aunque no sé si tendré que avisarles por teléfono cuando llegue si ese día no puedo moverme», ironiza Fabio antes de incidir en que utiliza este tipo de vehículo adaptado, con el que puede circular por las aceras como cualquier peatón, «por necesidad».