Una concentración de motos para Antonio

Antonio, rodeado de moteros, recibe varios regalos./
Antonio, rodeado de moteros, recibe varios regalos.

Miembros del grupo ‘Comunidad Kawasaki’ de Valladolid se unen para sorprender a un motero que sufrió un accidente hace tres años en el que perdió una pierna y se quedó parapléjico

REBECA ALONSO

Antonio abrió los ojos como platos cuando vio llegar a más de medio centenar de motos que aparcaron junto a él en el jardín del Centro Hospitalario Benito Menni de Valladolid. Al quitarse los cascos había muchas caras conocidas y también desconocidas, ya que lo que iba a ser una quedada entre amigos fue creciendo. Todos querían participar y llevar una pequeña concentración motera hasta Antonio Para, de 29 años, quien perdió una pierna y se quedó parapléjico en un accidente. El 18 de mayo se cumplirán tres años de aquel fatídico día. Adrián Cítores lo recuerda perfectamente, ya que en esa época era compañero de Antonio en el ejército y estaban destinados en Burgos. «Salió del cuartel por la mañana para ir a una concentración. Iba bien, a velocidad adecuada pero un coche quiso meterse por un acceso bruscamente y se produjo el choque. Estuvo como dos meses en coma y los compañeros íbamos mucho a verle, nos dijeron que era bueno que tuviera estímulos. Lo primero que hizo al despertar fue preguntar por su moto», asegura.

A pesar de todo, la ilusión de Antonio tiene forma de dos ruedas. «Sigo con la intención de poder montarme en una moto de nuevo. Sé que es difícil pero no imposible», comenta con esperanza. Por eso, sus amigos quisieron llevarle un trocito de espíritu motero. «Ya que no puedes ir a las concentraciones te hemos traído una», le dijeron justo antes de regalarle una camiseta del grupo Comunidad Kawasaki de Valladolid, organizador del acto, y un póster lleno de fotos. El club Turismoto quiso participar y le entregó otra camiseta y una bolsa de inscripción de Pingüinos 2017. Más grupos como la peña motera La Bodega Paco o el motoclub Los Druidas también estuvieron presentes. La guinda del pastel fue cuando uno de ellos ofreció su moto a Antonio para que diera unos buenos acelerones. «Me ha encantado, no me lo esperaba. Ha sido increíble, una sorpresa muy grande», explicaba Antonio emocionado. Entre las motos incluso había una Ninja, el modelo que condujo Antonio, que tantos recuerdos le trae y que sueña con volver a montar.

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