Valladolid cuenta con 36 edificios del Movimiento Moderno, ¿sabes cuáles son?

Matadero municipal, uno de los cuatro espacios de Valladolid con la placa de la Fundación Do.Co,Mo.Mo./
Matadero municipal, uno de los cuatro espacios de Valladolid con la placa de la Fundación Do.Co,Mo.Mo.

Estos tesoros arquitectónicos camuflados en el paisaje urbano de la capital incluyen alguno tan emblemático como el Matadero o el antiguo Mercado Central

ANTONIO G. ENCINAS

Es sencillo reparar en una catedral gótica. Fijar la vista en un edificio moderno, de mediados del siglo XX, requiere una mirada más pausada, sin embargo, que la que impone la rutina. Es la que quieren suscitar los miembros de la Fundación para la Documentación y Conservación de la arquitectura y el urbanismo del Movimiento Moderno (Do.co,Mo.Mo), que tienen catalogados en Valladolid 36 edificios de valor arquitectónico.

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La Universidad de Valladolid, a través del Grupo de Investigación Arquitectura y Cine, intentará completar ese catálogo que en España suma 1.170 edificaciones. Para ello deberán desgranar qué obras merecen la máxima calificación por su interés (A), cuáles ocuparían un segundo peldaño (B) y en qué otros casos se podría optar a la máxima categoría si se recuperan o se eliminan elementos que han variado significativamente la obra original (C).

No se debe confundir con el 'modernismo'

Geometría, espacios diáfanos, ventanales horizontales, escasa ornamentación en las fachadas... Son algunos de los rasgos característicos del Movimiento Moderno, que se registra entre 1925 y 1965, aproximadamente, y que no cabe confundir con el modernismo, precedente en el tiempo. Los autores del Movimiento Moderno utilizan materiales como el hormigón o los perfiles de acero para construir edificios y equipamientos sobrios.

«Es una arquitectura vinculada a momentos específicos de nuestro pasado y que tiene que ver en gran medida con la actividad cultural de aquellos años», explica Celestino García Braña, presidente de la Fundación. El Movimiento Moderno empieza en España en torno a 1925 y que concluiría, en principio, hacia 1965, cuando muere Le Corbusier. Sin embargo, según el profesor Daniel Villalobos, «en España hay unos diez años más de prolongación de esa arquitectura moderna», por lo que se está ampliando el catálogo inicial. ueron años de escasez de materiales y, por tanto, de búsqueda de la simplicidad a través, explica Villalobos, de «mecanismos como la geometría, abstracción, limpieza, pureza».

Más allá de las piedras antiguas

El objetivo de estos estudios es doble. Primero, difundir entre los ciudadanos la conciencia de que el patrimonio arquitectónico va más allá de las piedras antiguos. «Una iglesia de hormigón puede ser un elemento tan importante como una capilla barroca», argumenta García Braña. «Los buenos edificios de esa época tienen una trascendencia para nosotros equiparable a la que puedan tener edificios históricos como este [Palacio de Santa Cruz], ni más ni menos, productos de una época que esa etapa histórica lega a nuestro presente». Si se consigue obrar esa toma de conciencia llegará la segunda parte del objetivo: «Darles una categoría jurídica que permita su conservación». Se evitarían así casos como el recientemente conocido de la Casa Guzmán, del arquitecto De la Sota, derribada por su propietario para construir una edificación más sostenible económicamente.

«La conservación de estos edificios depende de la diligencia de estas administraciones. Nuestra batalla es que por parte de los ayuntamientos se incorpore al planeamiento municipal la protección específica de estos edificios para que las actuaciones sobre ellos se vean orientadas por la máxima responsabilidad y permanencia de sus valores arquitectónicos», señala García Braña. No se trata, asegura, de promover «su anquilosamiento y embalsamamiento», sino de que las modificaciones que se acometan guarden coherencia con la idea original «o incluso la enriquezcan».

El siguiente paso, una vez completado el catálogo, será publicitar estos espacios como posibles escenarios cinematográficos. Algo que está en consonancia con lo que ya ofrece la Valladolid FilmOffice, con la que aún, según admite Daniel Villalobos, no se han puesto en contacto. «En España, quien tiene un bien cultural, tiene un problema. Poder revalorizar ese espacio haciendo que se difunda a través de películas o anuncios es un beneficio inmejorable, pero para ello hay que organizar una propuesta. Ya tenemos todos los datos, superficies, planos, fotografías...».

«El espacio, luz y color de estos edificios son cualidades que buscan los medios cinematográficos como escenarios de sus guiones», concluye Villalobos.

Estos tesoros arquitectónicos camuflados en el paisaje urbano de la capital incluyen alguno tan emblemático como el Matadero o el antiguo Mercado Central (que hoy alberga el Centro de Mayores de la Zona Este).

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