El Norte de Castilla

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Ignacio Tremiño, asomado al hemiciclo del Congreso de los Diputados, en la Carrera de San Jerónimo de Madrid / Iñaki Bilbao

El vallisoletano que romperá barreras desde el congreso

  • Ignacio Tremiño mantendrá su lucha en apoyo a las personas con discapacidad. La suya será la segunda silla de ruedas en la cámara baja.

Sus rocosos brazos –tan potentes como su voluntad– tiran con fuerza de la ‘quickie’, una silla de ruedas ultraligera y de gran maniobrabilidad, para superar el repecho de la Carrera de San Jerónimo. Ignacio Tremiño descarta de plano cualquier ‘doping’ eléctrico en su vehículo, que es, desde hace un cuarto de siglo, una extensión de sí mismo. «Estaría perdido, este es mi ejercicio diario, lo que me ayuda a mantenerme en forma», subraya cuando se le pregunta si no sería más cómodo pilotar con una palanca, con uno de esos mandos similares a los de los videojuegos que incorporan las ayudas motorizadas. De eso, nada.

Antes de enfilar la entrada al Congreso de los Diputados, donde ocupará uno de los 137 escaños del PP, si finalmente se logra formar gobierno («lo veo factible y, sobre todo, necesario para el país», recalca), este vallisoletano repasa su camino vital hasta esta llegada al Parlamento, una visita que realiza con El Norte de Castilla para hacerse con el terreno, para comprobar la accesibilidad en uno de los edificios más reconocibles de la capital de España.

El recuerdo vuelve con tranquilidad. Sin dramatismo. Lo de dar pena no va con él. El día de autos no se le olvida, aunque le surgen algunas dudas. «¿En el 91?, bueno han pasado ya 25 años», zanja. Fue un 4 de febrero. Eso seguro. Entonces estudiaba Derecho en Valladolid. En el turno de tarde. Completaba su formación jurídica con un curso sobre gestión de explotaciones agrarias en Palencia, que se impartía por las mañanas. «En aquellos tiempos en la facultad éramos doscientos en cada clase; si no llegabas a la hora, te quedabas sin sitio», recuerda.

Como casi siempre, apurado de tiempo, cogió el coche en la capital del Carrión y partió hacia su ciudad natal, pero la niebla y el hielo se aliaron para sacarle de la carretera con extrema violencia. Varias vueltas de campana, primero, y un golpe seco contra un poste, después, le rompieron. Lesión medular baja. Una D12, le llaman. Ahí empezó su otra vida. Nació el otro Ignacio. Tenía 23 años.

Paco Vañó marcó el camino

Tremiño, ‘Nacho’ para los suyos, tomará el próximo día 19 de julio, fecha prevista para la constitución de la Cámara Baja, el relevo de su compañero de partido en Castilla-La Mancha Francisco Vañó, el primer diputado con una discapacidad física severa que entró en el Parlamento nacional. Corría el 2004. El estreno de Vañó supuso un antes y un después en la eliminación de barreras en un edificio que es el símbolo de la Democracia española, de la igualdad en derechos de todos los ciudadanos. Doce años después, Ignacio Tremiño sigue la ruta marcada por su «buen amigo» a través del reconocible inmueble que guardan dos leones y que fue inaugurado el 31 de octubre de 1850 por la reina Isabel II. Él será el segundo en rodar por los señoriales pasillos y el lucido hemiciclo.

«Aparte de ser una gran persona, me alegra mucho que Nacho vaya a mantener viva la tensión de la silla de ruedas, de la discapacidad en el Congreso, es importante que en la política no se pierda esa referencia», apuntala el exparlamentario, quien, cuando se abordaron aquellas obras de adaptación solía decir a sus compañeros de escaño que todo era por su culpa en tono de humor.

A día de hoy, circular en silla de ruedas por las Cortes es relativamente sencillo, aunque hay que seguir ciertos trayectos, esos que marcó el que fuera teniente de alcalde de Toledo. Dice Ignacio Tremiño, comprometido activista en la lucha en favor de las personas con discapacidad, que en esto de derribar prejuicios la cosa ha cambiado mucho.

Y vuelven los recuerdos. «Tras el accidente fui un día a renovarme el carné de conducir y la señora de la ventanilla me preguntó si no había tenido suficiente con lo que me había pasado, que me lo pensara y que me fuera para casa», rememora. Hace apenas dos décadas al ‘minusválido’ se le daba por amortizado. Se le animaba a una vida pasiva, incluso a que dejara los estudios . Se le sacaba, en definitiva, del circuito. Y surge otro ejemplo. «Una vez subí a los carruseles y pregunté a un policía local si habría un sitio cerca de la feria para dejar el coche; cuando me vio que llevaba una silla de ruedas me dijo que ese no era un lugar para mí», comenta sin resquemor.

Antes todo era distinto. «Ibas por la calle y había gente que se cruzaba de acera para no enfrentarse a algo a lo que no sabía cómo reaccionar», reconoce. Pero eso se empieza a superar cada vez a más velocidad. La discapacidad comienza a romper los moldes en los que había estado aprisionada. Ahí está su ejemplo y el de otros muchos. Recuerda Ignacio que en el salón de plenos del Ayuntamiento de Valladolid, donde él fue concejal de Servicios Sociales entre 1999 y 2000, se ha sentado también la primera edil de España con síndrome de Down.

Imágenes como las de Pablo Echenique, secretario de organización de Podemos y afectado por una atrofia muscular espinal, dando un mitin o en un debate televisivo ayudan a hacer cotidiana la presencia de un colectivo dispuesto a buscar su sitio en la sociedad. Ni más grande, ni más pequeño. Simplemente, el mismo. Que las personas con discapacidad ‘anónimas’ vean a gente como ellos en puestos de responsabilidad es motivo de superación.

Tremiño entra con facilidad por el acceso lateral desde la Carrera de San Jerónimo. No hay escalones. Se accede a ras. Ya en el interior se acredita y arranca el recorrido. Los pasillos y salones históricos, con pisos de nobles maderas, son amplios y la capacidad de los ascensores suficiente para que Tremiño entre con su compañera de viaje sin estrecheces. «Lo veo bastante cómodo», reconoce. Su sitio, con toda probabilidad, se situará donde Paco Vañó trabajó durante tres legislaturas, en la parte alta del hemiciclo, en la zona de los escaños azules. Tremiño se aprende sin querer la clave del elevador para acceder a la entreplanta que le desvela el ujier: «E0101, pero no la pongas que igual nos riñen», dice entre risas. De ahí saldrá a su zona de acceso al Cámara.

En la visita, realizada el pasado miércoles, no estaba previsto un recorrido completo, pero ya adelanta Vañó que en ese punto se habilitó el denominado ‘montapaco’, una plataforma móvil que facilitaba su entrada al salón de plenos. Si, al fin, ‘habemus gobierno’, es probable que cambie esa denominación cariñosa que le otorgaron sus señorías por la del ‘montanacho’.

El diputado electo accede a uno de los ascensores de la cámara

El diputado electo accede a uno de los ascensores de la cámara / Iñaki Bilbao

De momento, Tremiño se asoma desde la tribuna de invitados. «Aquí estuvimos a finales de 2015 cuando se aprobó la Ley de Tercer Sector», recuerda el que ha sido director general de Políticas de Apoyo a la Discapacidad hasta ese año. Ignacio ya adelanta que su intención es poder sentarse en el sillón del congreso que se le asigne. «Sé que Paco Vañó seguía las sesiones desde su silla de ruedas, pero la verdad es que es más cómodo un sillón si tienes que pasar tiempo», dice. Ni corto ni perezoso lo prueba. Lo hace en ‘zona roja’, donde el personal de la cámara permite el acceso, aunque no la toma de fotografías. Una, dos y... Con agilidad tira de brazos y se pasa de su vehículo a uno de los escaños. «Esto es otra cosa», reconoce aliviado después de todo un día dándole a las dos ruedas.

Micrófono en horizontal

En el caso de su puesto definitivo, hay algunas adaptaciones fundamentales. Lo primero, espacio suficiente para acceder y un enclave que le permita maniobrar sin problemas. Otro aspecto importante es el micrófono. Los estándar se levantan hacia arriba. En el caso de Tremiño, como ya ocurrió con el diputado manchego, se tiene de desplazar en horizontal, ya que no se puede poner de pie en las intervenciones. También los cuartos de baño del Congreso están preparados para dar servicio a los que tienen dificultades de movilidad, otro logro del pionero Vañó.

El protagonista de este reportaje – «ojalá algún día ya no haya que hacer informaciones como esta porque ya se vea con total normalidad», acota él mismo– avanza que su idea es seguir dando guerra para que la discapacidad sea visible y se alcance la integración total, aunque se reivindica como un político con virtudes para abordar otras muchas materias. Su experiencia profesional en la empresa privada también ha estado relacionada con su pertenencia involuntaria a este sector de población, pero ha demostrado sus capacidades de gestión en ese ámbito.

Tremiño, por la conocida 'm-30', el pasillo que circunvala el hemiciclo y que es lugar de confidencias entre sus señorías

Tremiño, por la conocida 'm-30', el pasillo que circunvala el hemiciclo y que es lugar de confidencias entre sus señorías / Iñaki Bilbao

De la parte alta y tras recorrer los pasillos decorados con los cuadros de todos los presidentes de las Cortes, Nacho Tremiño accede a la Salón de Conferencias, conocido por todos como el de los Pasos Perdidos, paradoja para un político que se desplaza rodando. Es en este espacio donde se cuece buena parte la política española, el escenario de pactos, acuerdos, conspiraciones, cotilleos, revelaciones a los periodistas en ‘off de récord’ o del yo te lo cuento, pero no te lo he contado. Tremiño lo recorre con su silla y con sus ojos, atento a cada detalle. En los próximos meses puede que tanto en esta estancia, como en el hemiciclo o en la conocida como ‘M-30’, el pasillo que lo circunvala, él participe en acuerdos y conversaciones trascendentales para su país y, especialmente, para la provincia por la que ha salido elegido.

El futuro diputado reconoce que trabajar por Valladolid supone «un orgullo, algo muy gratificante». Pero no olvida la que es una de sus misiones. «Trabajaré para que la discapacidad siga siendo no solo un referente en el ámbito privado y de la empresa, sino que se normalice en la vida pública», anuncia este parlamentario electo, quien destaca que ahora es el momento de dar un impulso al empleo para este colectivo, la principal asignatura pendiente en esta veta de la política social.

Antes de rematar el recorrido con un café en la zona nueva del Congreso de los Diputados, por la que se circula también con comodidad al haberse eliminado todas las barreras arquitectónicas, este vallisoletano reconoce que una persona con discapacidad tiene que demostrar su valía más que el resto.

«Nosotros, como las mujeres y otros colectivos hemos tenido que demostrar un plus; en el caso de la discapacidad física implica, además, el esfuerzo de levantarse todos los días, algo que no es fácil porque a veces se pierden las fuerzas y el afrontar los problemas del día a día es duro», reconoce.

Curtido en el esfuerzo

Tremiño, que conduce una furgoneta Chrysler Voyager que le da total autonomía tanto en Madrid como en sus desplazamientos a Valladolid, donde residen su mujer y su hija, se basta y se sobra en su vida cotidiana. Está curtido en el esfuerzo. El entrenamiento comenzó hace ya 25 años en el Hospital de Parapléjicos de Toledo y continuó en otro centro especializado en lesiones medulares en Inglaterra. Allí aprendió a superar el dolor y prepararse para una nueva vida. El deporte también jugó un papel importante para afrontar su nueva situación, su segundo nacimiento. Baloncesto, natación y esquí le ayudaron a fortalecer el tren superior y a reforzar su equilibrio.

Tremiño sube el repecho de la Carrera de San Jerónimo

Tremiño sube el repecho de la Carrera de San Jerónimo / Iñaki Bilbao

Ahora, a sus cincuenta años, afronta esta etapa con el mismo tesón que le permitió levantarse tras un golpe duro, pero que, según reconoce, le ha hecho ver la vida con otros ojos. «La sociedad tiene que dar un paso más para conocer la discapacidad y las capacidades de las personas con discapacidad, también en el ámbito laboral», recalca. Acompañado por el que ha sido el subdirector del departamento que Tremiño ha gestionado en la pasada legislatura, Nacho se despide de El Norte como comenzó el encuentro, con un amplia sonrisa. ¿Valoración general del nuevo espacio de trabajo? «Sin ningún problema, lo importante es que llegue el día en que en todos los lugares de este país podamos deambular sin barreras, igual que el resto», subraya el vallisoletano.

En unos días recogerá sus credenciales parlamentarias y, a partir del 19 de julio, comenzará su trabajo. Como la de Vañó su silla de ruedas se convertirá en símbolo de igualdad en el edificio donde se debe defender ese valor.