El Ayuntamiento derribará el chalet de Parquesol

El chalet de Parquesol que será derruido. /
El chalet de Parquesol que será derruido.

El inmueble, que fue abandonado a medio construir en 1983 por el primer promotor de Parquesol, carece hoy de edificabilidad

J. SANZ

El tira y afloja a cuenta de la situación del chalé inacabado de Parquesol entre las sucesivas administraciones municipales, desde los albores mismos de la democracia, y sus diferentes propietarios parece tocar a su fin 33 años después de que la edificación, promovida por el primer promotor de Parquesol, Antonio Alfonso, fuera abandonada a medio construir. El chasis de la mole de hormigón que domina la ladera sur del barrio se encuentra hoy en una «situación de ruina crítica e irreversible» y por eso el concejal de Urbanismo, Manuel Saravia, rubricó ayer el decreto por el que el Ayuntamiento asume definitivamente su demolición.

La historia

1967 . El primer promotor de Parquesol, Antonio Alfonso, solicita la licencia de construcción.
1978. El constructor se reserva la parcela 63 para levantar su lujoso chalé con vistas al Pisuerga.
1983. Los obreros abandonan el edificio a medio construir en 1979 se paralizó el plan parcial.
1985. Marcos Fernández retoma el proyecto y la parcela 63 se queda fuera del futuro barrio.
1988. El Grupo Foxá compra el terreno para abrir un hotel de lujo, que nunca llegó a ver la luz.

Los trabajos de demolición, que vienen a cumplir una reivindicación histórica de los vecinos, los ejecutará directamente el Ayuntamiento, pero de manera subsidiaria, es decir, a costa de los propietarios, si bien el decreto les da un plazo de diez días para que asuman unos trabajos que se antojan más que costosos. Será difícil que lo hagan si se tiene en cuenta que los últimos dueños conocidos, la sociedad Diseños de Chalets S. A., se encuentra actualmente en proceso de liquidación.

La intención municipal pasa por cobrar el importe de la demolición a los propietarios antes de llevar a cabo las obras, que cuentan con un plazo de ejecución de seis meses a partir del inicio del procedimiento.

La cuenta atrás para poner fin a este muerto urbanístico que formaba ya parte del paisaje urbano parece, esta vez sí, que ha comenzado a correr. Los últimos informes municipales advertían por escrito de lo que resulta evidente, como es «el riesgo para la seguridad de las personas» que entraña la situación de este esqueleto de hormigón con el firme agujereado como un queso gruyere y con vistas a un precipicio desde su terraza sobre la avenida de Salamanca. Y más si se tiene en cuenta que carece de vallado y que sus visitantes, desde hace lustros, son jóvenes del barrio que lo utilizan como peligroso lugar de reunión.

La parcela, para más inri, carece en la actualidad de edificabilidad. Así que, una vez demolido el chalé, se recuperará el talud de terreno natural y se incorporara al actual parque.