Churros para los saharauis

Azman Mohamed, Juan Antonio Blanco y Pedro Blanco de la empresa In-Blan./
Azman Mohamed, Juan Antonio Blanco y Pedro Blanco de la empresa In-Blan.

Una empresa vallisoletana, presente en 55 países, dona una churrera a los campamentos de Tinduf

JORGE MORENO

Si los churros han llegado a Australia, Colombia o China, con la inspiración de máquinas fabricadas en el polígono de San Cristóbal, ¿por qué no al desierto del Sahara? Pues dicho y hecho.

Una empresa vallisoletana, Industrias Blanco (Inblan), ha decidido donar la maquinaria necesaria para que los saharauis que se encuentran exiliados en los campamentos argelinos de Tinduf puedan elaborar y probar los churros. Una iniciativa solidaria que permitirá saborear en las arenas del desierto este producto que se toma a todas horas, pero siempre caliente y crujiente.

La churrera con corte automático incorporado, una freidora y el mueble en el que se situará viajarán hasta los campamentos saharauis, en una caravana de una decena de vehículos que se prepara desde la Asociación de Amigos del Sahara de Valladolid para salir de España el próximo mes de septiembre.

«La iniciativa surgió a partir de que un hostelero del polígono, César Lomas, que tiene a un joven saharaui acogido desde hace años, nos comentó: ¿por qué no llevar los churros al Sahara? Nos gustó la idea, y decidimos entregarles este material para que allí puedan fabricar los churros, y quién sabe, comercializarlos», explica Pedro Blanco Álvarez, que junto con su hermano Juan Antonio son los propietarios de esta industria fundada por su padre hace cinco décadas. El equipo de churrería, que incluye también los utensilios para elaborar la masa, tiene un coste de unos 3.000 euros.

«Como allí no disponen de luz eléctrica, pero sí de bombonas de gas, la máquina que les entregamos es manual, aunque no precisarán cortar con tijera los trozos de churros que salgan, porque el cortador está incorporado», dice Pedro.

El equipo permitirá cargar masas de las que se podrán freír alrededor de cien churros por tirada. La empresa vallisoletana ha decidido también donar alrededor de 150 kilos de harina, similar a la utilizada para elaborar el pan, y que se embarcarán en el puerto de Almería.

Formación para no quemarse

Para enseñar a manejar esta churrera, personal de Inblan ha formado a Azman, un joven saharaui residente en la localidad de Laguna de Duero y que viajará en la caravana solidaria de septiembre. «En la masa del churro no se echa levadura, pero hay que freírla con cuidado», dicen los fabricantes.

La empresa vallisoletana, situada en el calle Cobalto, se encarga no solo de vender su maquinaría, sino de enseñar a los compradores a utilizarla para evitar el riesgo de quemaduras, «y que las cocciones salgan crujientes, como debe de ser en los churros». Coincidiendo con el cursillo, es semana han visitado la empresa varios clientes franceses y suizos que han comprado churreras y freidoras.

Inblan se ha especializado en fabricar equipos y accesorios para hacer churros, porras y tejeringos desde 1958, y sus equipos se encuentran ya instalados en hoteles, comercios, bares, restaurantes, panaderías, pastelerías y casetas de ferias de 55 países.

El 90% de la churrerías de la provincia de Valladolid tienen equipos de esta mercantil, que ha logrado una importante expansión de sus productos hasta llegar a facturar el pasado año 1,5 millones de euros con apenas 17 empleados.

«Las ventas se han disparado desde que anunciamos nuestros productos por Internet, de tal modo que el 65% de los que fabricamos tienen como destino la exportación», explica Pedro, quien recuerda que hace unos meses han suscrito un contrato con China para suministrarles 400 equipos en cinco años.

«Actualmente los chinos tienen allí 107 equipos, y cada uno de los cuatrocientos que vamos a entregarles suponen tres piezas diferentes, si se cuenta la máquina de churros, la freidora o la amasadora. La presencia internacional de Inblan en los últimos años ha llegado a Corea, la India, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Tailandia, donde acaban de abrir una franquicia.

En España, el fabricante vallisoletano trabaja con El Corte Inglés, y franquicias como Chocolates San Ginés, Valor o Tiendas La Rapa.

Sobre el futuro de las chocolaterías, Pedro Blanco señala que su empresa «no ha visto la crisis estos años porque los churros y las porras son algo que se pueden consumir todos los días, incluso congelados».

Otra línea de negocio que esta industria vallisoletana ha comenzado a tocar es la de las freidoras. «Hace cinco meses fabricamos equipos para una empresa de Navarra que las utiliza para freír la patata de las miles de tortillas que luego comercializan congeladas en los supermercados de Mercadona», explica.