El enemigo acecha en Valladolid

A diez días de la muerte de Franco, un curioso documento elaborado en Capitanía General proponía un «plan de defensa» ante un previsible ataque del adversario político

Un grupo de mujeres abanderan una protesta vecinal en Las Delicias./
Un grupo de mujeres abanderan una protesta vecinal en Las Delicias.
ENRIQUE BERZAL

Una parte de la cúpula militar de Valladolid interpretó la inminente muerte de Franco de manera apocalíptica. Con el enemigo a las puertas y dispuesto a tomar la ciudad. Así se desprende de un curioso documento de 26 páginas hallado en una librería de Urueña por quien fuera concejal del Ayuntamiento de Valladolid en los años 80, Manuel González López, quien amablemente lo ha puesto a disposición de este periódico. Fechado el 10 de noviembre de 1975, se trata de un 'Plan de Defensa' elaborado desde Capitanía general, concretamente por el 'Centro de Estudios número 3'.

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Los «participantes», el teniente coronel Avelino de Frutos y los comandantes Miguel Valle Tordera, Felipe Alba García, Julio Espinosa Calleja y Manuel Torres-Pardo Rodríguez, plasmaban por escrito su percepción de los acontecimientos políticos en España y en la provincia vallisoletana, y proponían, en consecuencia, unos «Ejercicios de Cuadros de Mando» (esto es, un simulacro de acción real) dirigidos a neutralizar al enemigo en acecho.

Fuentes militares consultadas a este respecto, tanto de Capitanía General como de la Academia de Caballería, confirman lo significativo de la fecha de redacción del documento, con el general Franco en plena agonía, aunque minimizan la percepción de peligro que transmite. «Yo estaba en ese momento en Caballería y recuerdo que estábamos tranquilos, no se esperaba un ataque», señala un excomandante que prefiere mantenerse en el anonimato; «este documento, no obstante, se debió de redactar en previsión de una alteración del orden público, y lo más llamativo es la fecha en que fue redactado, a punto de morir Franco».

Las 26 páginas de que consta el informe-estudio se estructuran en cinco apartados: unos «Antecedentes Generales y Antecedentes de la Provincia», una «Propuesta de Plan de Defensa», la «Distribución de Medios y Misiones», unas «Normas comunes a tener en cuenta por las Unidades en los distintos Sectores» y un «Plano de la Ciudad».

En un tono claramente apocalíptico, la propuesta de plan de defensa dibujaba un panorama hostil para la seguridad pública española en vistas del final del Régimen franquista. El contexto internacional de la llamada Segunda Guerra Fría, a partir de la crisis del petróleo de 1973, está muy presente en el documento y no de manera tranquilizadora, a pesar de la dinámica de «distensión» que en aquel momento emprendieron los máximos mandatarios de los dos bloques enfrentados, la URSS y Estados Unidos.

De hecho, quienes redactaron el documento auguran un avance peligroso del bloque oriental en su proceso de «comunistización» del mundo, explicitado en éxitos como haber sabido «mantener la guerra de Palestina», el derrocamiento de la dictadura salazarista en Portugal «sustituyéndola por unos simpatizantes y con ideología comunista», o el avance de los partidos comunistas en Italia y Francia.

Al mismo tiempo, aventuran una inminente crisis del bloque occidental, liderado por Estados Unidos, puesto que además de verse golpeado por la crisis económica motivada por el alza de los precios del petróleo, sus «conceptos de libertad (.) influyen desfavorablemente en la disciplina de Orden público»; todo un alegato, como vemos, contra el sistema de libertades propio de las democracias occidentales.

En dicho contexto, la situación de España, gobernada en ese momento por Carlos Arias Navarro, se revela preocupante y en cierto modo imprevisible, debido, principalmente, de dos «peculiaridades»: «Sus valores geopolíticos y el proceso del relevo político». Nuestro país era, por eso mismo, más vulnerable aún a ese proceso de avance ideológico del comunismo soviético: «Por ello el boque oriental ha desencadenado una ofensiva de desprestigio y coacción exterior, tendente a conseguir su aislamiento político y un incremento de la acción subversiva interior, provocando toda clase de conflictos sociales y desencadenando acciones de sabotaje y de terrorismo selectivo sobre las Fuerzas de Orden Público, tratando de que el Gobierno endurezca las medidas represivas y entonces incrementar la acción exterior de desprestigio, y que el Gobierno dé síntomas de debilidad y que se puedan producir indisciplinas en las Fuerzas de Orden Público». El ejemplo portugués estaba muy presente, pues no conviene olvidar que el 25 de abril de 1974 un levantamiento militar animado por fuerzas de la oposición, especialmente por el Partido Comunista de Portugal, había derrocado a la dictadura salazarista, encabezada por Marcelo Caetano.

A todo lo anterior habría que sumar, para hacer aún más preocupante e imprevisible la situación política española, «la confusión religiosa provocada por el Concilio Vaticano II» y su apuesta por las libertades que, según el documento, «ha repercutido de una forma más aguda en España»; pero también, cómo no, el papel ofensivo de los medios de comunicación, especialmente de la radio y la prensa: «La manipulación de las noticias, la publicación de consignas claramente subversivas y la utilización del rumor son empleadas para un persistente ataque al Régimen y a sus instituciones».

Peligro

¿Y en Valladolid? ¿Era tan grave la situación social como para prever ese mismo repunte de la ofensiva enemiga ante el cambio político que se avecinaba? La respuesta no puede ser más expresiva; se condensa, de hecho, en una frase muy reveladora: «Impresión sobre el enemigo: Es de presumir que siga realizando una acción demoledora y disolvente de la opinión ciudadana a través de los medios de comunicación y de la propaganda clandestina», aparte de otras acciones de sabotaje y terroristas.

Y es que aquel año de 1975, como vimos ayer, fue todo menos tranquilo en la ciudad: a la contestación universitaria contra el Régimen franquista, persistente desde finales de los años 60, se sumaba el repunte de la conflictividad laboral, especialmente en FASA-Renault, así como ciertas acciones de la oposición política organizada. Los principales focos aglutinadores de dicha actitud subversiva aparecen claramente identificados en el texto: «Iglesia: la concentración en el núcleo de la Ciudad de un grupo de sacerdotes de ideas progresistas, bien articulados y coordinados dirigiendo parroquias de barrios obreros, hace que su actuación en vez de revestir un carácter moderador, al contrario provoque confusión en los moderados y excitación y agitación en los descontentos».

La referencia es clara: parroquias obreras como las de La Pilarica, con Ventura Alonso a la cabeza, Santo Toribio en Las Delicias, con Millán Santos, y La Victoria, con Paciano Martínez al frente, entre otras, llevaban tiempo preocupando a las autoridades por su compromiso social con los más desfavorecidos. Este se explicitaba, por ejemplo, en acciones en soidaridad con obreros y estudiantes en huelga y en labores de cobertura a la oposición democrática, cuando no en el impulso, por parte de sacerdotes y religiosos muy significados, de movimientos huelguísticos y de reivindicación vecinal.

El segundo gran foco de contestación política era la Universidad, agitada desde mediados de los años sesenta por activistas estudiantiles que luchaban por derrocar al sindicato oficial del Régimen, el famoso SEU, y sustituirlo por el sindicato democrático de estudiantes (SDEU). De hecho, si aquel año de 1975 pasó a la historia en Valladolid fue, entre otras circunstancias, por el tristemente célebre cierre de la Universidad, decretado por el ministro Martínez Esteruelas el 8 de febrero en respuesta a los conflictos desatados días antes. El estudio militar resalta el número de estudiantes universitarios que tenía Valladolid en ese momento, más de 10.000, «cifra que se considera como crítica para calificar a una Universidad como inestable».

Actuación rápida

Junto a la proximidad de Facultades y a su situación «en el casco urbano antiguo», circunstancias que a juicio de los redactores «facilita su actuación rápida en el interior de la ciudad dificultando la actuación de las Fuerzas de Orden Público», se sumaba, como hecho preocupante, la presencia de una «masa» de estudiantes procedente del País Vasco, que «producen corrientes de simpatía a la actuación de ETA». «Otros simpatizan con los comunistas, en especial con los maoístas-leninistas del PTE (Partido del Trabajo de España), y encuadrados en la Joven Guardia Roja, teniendo influencia en los clubs de barrio».

Finalmente, los comunistas, seguidores de Santiago Carrillo, principal líder de la oposición clandestina en ese momento y auténtica «bestia negra» para los franquistas, «tienen relación con los sacerdotes progresistas, grupos intelectuales extendiendo la influencia a Colegios Profesionales y Profesores No Numerarios», aseguraban.

Junto a la Iglesia progresista y a los universitarios contestatarios se encontraban, como tercera amenaza más que potencial, los obreros de la industria vallisoletana, un sector cuya capacidad de atracción de los trabajadores del campo «ha desbordado las previsiones urbanísticas de vivienda y educativas».

Liderados los núcleos industriales conflictivos por la construcción y el metal, en este último sobresalía FASA-Renault, «el más conflictivo» de todos, no en vano desde 1973 venía protagonizando impactantes huelgas, las más fuertes en septiembre de 1974 y febrero-marzo de 1975. «Por una ingenua admisión de personal, ha permitido la concentración de activistas con ideas comunistas, los que crean los problemas, y en ocasiones facilitadas por la dirección francesa mediatizada por la CGT», sostenían los autores de este plan de defensa.

El panorama, en conclusión, no era nada halagüeño: «Son posibles acciones terroristas contra instalaciones de órganos de la administración, en especial sindicatos, movimiento, gobernación, cuarteles... Son previsibles actos de sabotaje en grandes fábricas, medios de transporte y servicios públicos tendentes a provocar grandes conflictos y alterar el orden público. Es de esperar traten de ocupar momentáneamente las emisoras de radio a fin de difundir proclamas revolucionarias». No quedaba otro remedio, pues, que elaborar un meticuloso «plan de defensa». Y así hicieron.

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