El Duque de Lerma es ilegal (pero tiene solución)

El edificio Duque de Lerma, visto desde la avenida de Salamanca./
El edificio Duque de Lerma, visto desde la avenida de Salamanca.

El Ayuntamiento de Valladolid descubre que el proyecto de actuación no se aprobó tras una sentencia de 2004

J. ASUA

Sorpresas te da el urbanismo. Y algunas, como rascacielos de grandes. Lo que se suponía iba a ser una tramitación ordinaria de una licencia se ha tornado en un descubrimiento de calado. El reconocible edificio Duque de Lerma, el techo de Valladolid, se encuentra en situación ilegal. Sí. No se alarmen. No habrá que demolerlo ni su estado irregular obligará a desalojar a los residentes e inquilinos. Pero a día de hoy, el Ayuntamiento no puede otorgar ningún tipo de autorización sobre esta mole porque el inmueble, de 23 plantas y 87 metros de altura, carece de proyecto de actuación aprobado, lo que lleva a que tanto la licencia de obras que se aprobó en 1997 como el permiso de primera ocupación sean papel mojado, según confirman desde el Ayuntamiento de la capital.

Este documento urbanístico quedó aparcado en algún cajón y solo ahora, cuando se han movido los papeles para analizar el proyecto presentado por un joven empresario, con el objetivo de convertir el ático en un establecimiento hostelero, ha saltado la liebre. La negativa del Consistorio a permitir ubicar en este privilegiado mirador un negocio turístico el planeamiento contempla el uso terciario en este último piso no tiene que ver, pues, con la iniciativa de Alberto Gutiérrez, un emprendedor de éxito en el mundo de Internet que el pasado mes de julio adquirió la última planta tras quedarse impresionado con este espacio diáfano, que literalmente permite ver todo Valladolid y más allá. El ático, con 711 metros cuadrados construidos (550 útiles), salió a la venta en marzo por 1.048.000 euros y este joven vio en aquella oferta una oportunidad para diversificar sus negocios.

Solucionarlo cuando antes

La sorpresiva revelación sobre el estado del Duque de Lerma la explicaba ayer el concejal de Urbanismo, Manuel Saravia, quien de antemano advierte que la intención del equipo de gobierno es solucionarlo cuanto antes sin causar perjuicios a nadie. El problema nace de una sentencia del Tribunal Superior de Justicia dictada en 2004, que anuló el acuerdo de la Junta de Gobierno municipal, que dio luz verde a la licencia de obras para convertir una torre, entonces ruinosa, en un inmueble residencial y de oficinas.

«Va a ir más lento, pero yo sigo con un proyecto que me ilusiona»

El vallisoletano Alberto Gutiérrez, afincado desde hace algunos años en Madrid, se toma con filosofía el imprevisto. «En los negocios de Internet todo va muy rápido, pero aquí se ve que las cosas requieren más tiempo», asume. A sus 32 años, este joven empresario de éxito, propietario de la firma civitatis.com (un reconocido portal de viajes) y de otras marcas web relacionadas con el mismo sector, subraya que esperará lo que sea necesario para sacar adelante una iniciativa con la que, subraya, quiere «revertir el éxito de Civitatis en mi ciudad, creando un atractivo turístico único».

Gutiérrez, formado en Los Maristas, primero, y en la Universidad Miguel de Cervantes, después, reconoce que «está siendo un proceso más lento del deseado», aunque para él eso «no es un inconveniente». Acostumbrado a los negocios, pese a su juventud, sabe que la paciencia es fundamental para sacar adelante los proyectos. «Me ilusiona mucho compartir las mejores vistas de la ciudad con todos los vallisoletanos», recalcaba ayer tras conocer que la situación del edificio del que ha comprado la última planta aún no cuenta con todas las bendiciones urbanísticas, un aspecto que desconocía cuando cerró la adquisición allá por el mes de julio.

Su idea es convertir el techo de Valladolid en un espacio de ocio para todos los públicos, con precios asequibles y un servicio de calidad. En principio, cabría un restaurante con bar y le gustaría reservar una parte como alojamiento turístico para que los que visitan la ciudad puedan disfrutar de ella, también, por todo lo alto.

En aquella resolución se ordenaba, entre otras prescripciones, aprobar un proyecto de actuación que contemplase las cesiones al Consistorio, así como la urbanización del entorno del Duque de Lerma. Saravia acota que los términos de la sentencia en ese aspecto se han cumplido, pero sin que se llevase a cabo la aprobación formal del documento. «La figura en la que se encuentra ahora se denomina disconformidad con el planeamiento; ya no se trataría de una infracción urbanística, porque al haber pasado más de cuatro años ha prescrito», explica el arquitecto y primer teniente de alcalde. Pero sobre este proyecto de actuación «se apoyan» las licencias, con lo que su tramitación es fundamental para legalizarlo y poder operar en el edificio sin ningún tipo de problema.

A exposición pública

¿Y ahora qué? Que nadie se alarme. Este melón, que se ha abierto de manera inesperada, se quiere cerrar sin daños colaterales. «Los técnicos ya han comenzado a informarlo, tendrá que salir a exposición pública y luego pasará a la aprobación», relata el concejal, quien reconoce que para él el asombro también ha sido mayúsculo. Aún habrá que esperar unos meses hasta que el asunto salga adelante, siempre teniendo en cuenta que en ese proceso no surjan alegaciones que compliquen su resolución. En principio, no se esperan grandes pegas.

Una vez superado ese trámite no sería necesario tramitar nuevas licencias, según prevén los técnicos municipales.

El edil encargado del área mantuvo ayer un encuentro con la propiedad del ático, que pretendía interesarse por la licencia que había solicitado para convertir el techo de Valladolid en un establecimiento hostelero. Saravia tranquilizó a los representantes de Alberto Gutiérrez en dos aspectos importantes. El primero, que el uso que se solicita cabe en el planeamiento. El segundo, que la voluntad del ejecutivo municipal poner en orden el inmueble.

Con este capítulo, el Duque de Lerma se apunta una nueva muesca en su accidentado historial desde que en 1968 Manuel González Aquiso promoviera la construcción de tres torres Los Vigías de Castilla, se iban a llamar que al final quedaron en una, la actual, más baja que la que se dibujaba en el proyecto original. Se le concedió licencia de hotel en 1970, cuatro años más tarde la Seguridad Social adquirió el inmueble para ubicar una residencia de ancianos, pero el proyecto no prosperó. Durante años con la pintada OTAN, no en la fachada, volvió a retomar el pulso en 1988 tras la compra por parte de la empresa Orecón y en el 1996 se dio luz verde a las obras definitivas para su conversión en un inmueble residencial y de oficinas con mucha oposición en el seno del Ayuntamiento.

 

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