El Norte de Castilla

Del nido del Führer a la disidencia política

El 14 de noviembre de 1940, un mes después de la frustrada entrevista de Hendaya, Hitler citó a Serrano Suñer en el ‘Berghof’, su retiro en los Alpes suizos. Como era costumbre, al ministro español le acompañaba el vallisoletano Antonio Tovar, que actuaba como intérprete junto al barón de las Torres.

Reunidos en el piso superior, en lo que Serrano denominó «el nido del Führer», éste les confiesa que ha llegado el momento de conquistar Gibraltar para cerrar el Mediterráneo, incluso tiene el plan fijado y las tropas dispuestas. También hará otro tanto en el Este, atacando el canal de Suez.

Tovar toma nota. Es entonces cuando Serrano le hace ver al Führer lo imposible de la operación: España se encuentra al límite de provisiones y si entra en guerra dejará de recibir trigo y petróleo. La hambruna acabará con la población. Más que una objeción es una súplica.

Hitler asiente y concede a Serrano un tiempo para tomar una decisión. Pero nada se hará en este sentido. En los meses siguientes seguirá el diálogo de sordos entre Hitler y Franco, éste cada vez más cauteloso al comprobar la impericia italiana en Grecia y la fortaleza de Inglaterra, pero también la ausencia de triunfos alemanes tan rotundos como los del principio de la guerra.

Tovar, por su parte, terminaría evolucionando en un sentido similar al de su amigo Ridruejo: desencantado de su falangismo de juventud, en los años 50 apostó por una apertura progresiva del Régimen franquista y a mediados de los 60, en protesta por la represión universitaria contra sus colegas, los catedráticos José Luis López Aranguren, Enrique Tierno Galván y Agustín García Calvo, pidió la excedencia y salió de España. No se reincorporaría a la Cátedra madrileña hasta 1980. Fallecido en 1985, un año antes estrenó el Premio Castilla y León en la modalidad de Ciencias Sociales y Humanidades.