La vallisoletana que fue la primera alcaldesa catalana

Natividad Yarza. /
Natividad Yarza.

La maestra Natividad Yarza, elegida en enero de 1934 en la localidad barcelonesa de Bellprat, nació en la ciudad del Pisuerga en 1872

ENRIQUE BERZAL

Ya se sabe que la historia es caprichosa, que a menudo nos sorprende con acontecimientos aparentemente paradójicos pero cargados de profundo significado para los tiempos que corren. Por ejemplo, el hecho de que la primera alcaldesa democrática de Cataluña, elegida por sufragio universal, no fuera catalana sino nacida en Valladolid puede ser uno de ellos. Se llamaba Natividad Yarza y trabajaba como maestra nacional en Bellprat, un diminuto pueblo de Barcelona, cuando en enero de 1934 resultó elegida por sus vecinos para regir el Consistorio.

El dato, históricamente incontestable, adquiere un significado añadido a cuatro días de unas elecciones autonómicas que Artur Mas y sus compañeros de coalición pretenden convertir en un plebiscito sobre la independencia de Cataluña. Y es que Yarza, a la que ya en 2009 el Ayuntamiento de Bellprat tributó un multitudinario homenaje por ser la primera mujer elegida alcaldesa en Cataluña durante la Segunda República, había nacido en la ciudad del Pisuerga en 1872.

Fue el alcalde de Valladolid, Óscar Puente, quien hace unos días tuvo noticia de este hecho a través de Joaquín Gasca, comisario de la exposición que sobre el fotoperiodista Agustí Centelles pudo contemplarse en la sala municipal de San Benito en el verano de 2010. Buen conocedor de la trayectoria de Yarza, Gasca le hizo llegar desde Londres un original de la revista madrileña Estampa, fechado el 3 de marzo de 1934, que incluye un reportaje a doble página dedicado, precisamente, a vallisoletana.

«Tras conocer el resultado electoral y que yo sería alcalde, Joaquín leyó en alguna entrevista que yo aún no había elegido una foto para poner en mi mesa de despacho; entonces me hizo llegar desde Londres la revista animándome a poner una foto de Natividad Yarza por el valor simbólico que tiene», señala Puente, quien no ha dudado en aceptar el consejo y enmarcar la impactante imagen que abre el reportaje: con la pequeña localidad de Bellprat como cabecera, una gran fotografía nos muestra a la vallisoletana, con 61 años, abrigo negro y libro en mano, enseñando a leer a una pequeña alumna de Bellprat.

Para el alcalde, la imagen adquiere muchos significados: «En primer lugar simboliza el cambio: en la mesa donde va a estar Natividad Yarza estaba antes José María Aznar, que es una referencia más partidista y temporal, pero yo quiero que la primera foto sea una referencia intemporal y que se identifique con la etapa que hemos iniciado: que sea una alcaldesa, como relación directa con la vida municipal; que sea mujer, porque durante veinte años la mujer no ha sido precisamente bien tratada en este Ayuntamiento y en esta alcaldía en particular, y que sea una mujer que representa, además, el carácter plural de este país».

Yarza, en efecto, simboliza con su propia trayectoria la España plural que aglutina esfuerzos y procedencias en lugar de fijar fronteras: de padre aragonés y madre navarra, se crio en Zaragoza y Barcelona y comenzó a trabajar en diversas localidades de Cataluña y Aragón antes de pasar definitivamente a Barcelona, donde además de ejercer su profesión sería elegida alcaldesa de Bellprat, la primera en tierras catalanas por sufragio universal.

«La trayectoria de Yarza reúne todos los requisitos por los cuales algunos en Cataluña deberían estar pensando bien qué es lo que hacen, porque este país está tan sumamente relacionado entre sí, los lazos de unión son tan fuertes y las raíces tan profundas, que un proyecto como el independentista pretende seccionar un árbol que está vivo y que entre todos debemos seguir regando, abonando, cuidando», puntualiza Puente, que con el ejemplo de Yarza quiere «lanzar el mensaje de que en Valladolid hay un alcalde que precisamente en esta semana pone sobre su mesa a una mujer que fue alcaldesa en Cataluña y que simboliza lo que a mí me gustaría que fuera este país, y en particular lo que me gustaría que fuera Cataluña».

Maestra vallisoletana

Lo cierto es que la vida de Natividad Yarza contiene suficientes ingredientes como para ser novelada (no por casualidad, la vallisoletana es la protagonista de Els senyors del poder, novela de Inma Cabré que en 2013 ganó el Premio Gregal de Novela Histórica). Nacida en Valladolid el día de Nochebuena de 1872, su padre, el aragonés de Brea Manuel Yarza Lavilla, trabajaba como zapatero para el ejército, una profesión sujeta entonces a continuos desplazamientos. De ahí que a los pocos meses la familia tuviera que trasladarse a Zaragoza. Cuatro años después, Manuel, su mujer Lorenza Planas, natural de Huarte (Navarra) y los tres hijos del matrimonio, Natividad, Bernarda y Mariano, se instalaban en Barcelona.

En 1906, una vez finalizados los estudios de maestra en Huesca, Natividad comenzó a ejercer de manera interina en diversas localidades de Cataluña y Aragón. Cuando en junio de 1930 obtuvo una plaza en propiedad en la pequeña localidad barcelonesa de Bellprat, ya era una mujer dispuesta a transformar la sociedad en sentido progresista: «Mucho antes del advenimiento de la República yo sentía () los mismos deseos que ahora de intervenir activamente en la política y de redimir a la mujer reconocía en marzo de 1934-. Pero aquel régimen no me permitía llevar a cabo proyectos. Cuando la Constitución republicana declaró a la mujer igual al hombre, entonces decidí luchar».

En efecto, afín a las ideas republicanas, identificada con los ideales feministas y comprometida con la educación laica, figura entre las promotoras (agosto de 1931) de la Asociación Femenina Republicana Victoria Kent, pero también del grupo femenino del Partido Republicano Radical Socialista de Barcelona, creado en junio de 1932.

Como ha demostrado su principal biógrafo, Isidre Surroca, la vallisoletana vivió con intensidad su compromiso político y como maestra trató de inculcar a sus alumnos el ideal de una educación laica y secularizada, fue nombrada vicesecretaria del Instituto Laico Benéfico de Barcelona y dinamizó cuanto pudo la participación de la gente humilde de Bellprat en la vida política local.

Un testimonio del momento, recogido por Noelia Platero, refiere una anécdota que habla por sí sola de los ideales laicistas de la vallisoletana, pero también del respeto que profesaba a las creencias religiosas: «El cura del pueblo solía ir a la escuela a dar clase de religión y la maestra le dijo que para dar esa clase ya era bastante buena ella. Yarza iba cada domingo a misa, a pesar de sus ideas, y uno de esos domingos el rector, diciendo el sermón, dijo que había una persona en la iglesia que no era católica y ella le contestó que era tan católica como él, que estaba bautizada como él y que no podía decir nada».

Sin embargo, la derrota de la izquierda en las elecciones generales de noviembre de 1933 sumió al Partido Republicano Radical Socialista en una profunda crisis, que también se hizo notar en la localidad. Por eso cuando en enero de 1934 llegó el turno de renovar democráticamente los Ayuntamientos que tres años antes se habían constituido según el artículo 29, por el cual el candidato de una lista única quedaba automáticamente proclamado, Natividad decidió presentarse como independiente en las listas de Esquerra Republicana de Cataluña.

Superó por apenas cinco votos al candidato de la Lliga y fue proclamada, el 14 de enero de 1934, alcaldesa de Bellprat: de este modo, según señalaba Estampa, la vallisoletana Natividad Yarza se convertía en la «primera alcaldesa catalana, y también primera alcaldesa española elegida por sufragio, ya que las otras no han sido, hasta ahora, más que presidentas de las comisiones gestoras».

«¡Si supiera usted qué dura y qué trabajadora es la mujer del campo catalán! Cómo los hombres, labran, aran, cavan. Cómo los hombres arrancan a la tierra su corteza de piedras y malezas para plantar la vid. Saben vivir con muy poco y saben ahorrar. Sí, son sus iguales para el trabajo, para las obligaciones, ¡para todo!, ¿por qué no lo han de ser en sus de¬rechos? No basta que se haya afirmado esto en una Constitución. Hay que decírselo, hay que enterarlas de esta buena nueva», señalaba Yarza pocos meses después de su elección.

Y así hizo en todo momento en Bellprat, hasta que en agosto de ese mismo año de 1934 fue trasladada como maestra a la Pobla de Claramunt. A partir de entonces se abre un paréntesis de silencio en su trayectoria política, afectada sin duda por el impacto de los sucesos revolucionarios de octubre de 1934, en los que no hay constancia de su participación.

Natividad tenía 63 años cuando en julio de 1936 una parte del Ejército español se rebeló contra la legalidad republicana provocando la Guerra Civil; y no lo dudó: corrió a alistarse en la columna Del Barrio, formada fundamentalmente por militantes de la UGT y del PSUC. Hay, en efecto, una foto en la que posa vestida de miliciana y portando un fusil.

Como señala Joaquín Gasca, que además de experto conocedor de su biografía ha contactado con sus familiares, «Natividad nunca mostró un ideal catalanista ni independentista, incluso se puede decir que ejerció como mujer castellana; es más, cuando estalló la guerra no se alistó a la columna Maciá-Companys, formada por voluntarios de Esquerra Republicana de Cataluña, sino que optó por la Del Barrio, con milicianos del PSUC y la UGT, y eso es un dato claro. Su ideal era republicano y feminista».

Al mes siguiente agosto de 1936- partió hacia el frente de Aragón, concretamente a los alrededores de Huesca, para ayudar en tareas de abastecimiento a las trincheras. Cuando semanas más tarde, como escribe Surroca, las milicianas fueron retiradas del frente e integradas en el Ejército Popular, Natividad volvió a Barcelona para ejercer de maestra y atender, conforme las normas de coeducación dictadas por el Consejo de la Escuela Nueva Unificada, a niños de familias que huían de Madrid y Toledo.

El fin de la guerra supuso para ella, como para tantos otros combatientes del Ejército republicano, años de exilio y huida de la represión. Ésta no se habría hecho esperar a tenor de los informes negativos que sobre su proceder profesional emitió en noviembre de 1939 el párroco de la Pobla, recogidos por Josep Riba. De hecho, al año siguiente fue suspendida por la Comisión Depuradora de la Enseñanza.

Exiliada en Toulouse, pocas noticias se saben de su vida a partir de ese momento salvo lo publicado por Elena Masó i Reig en el libro Les dones dEsquerra. 1939-1979 y la biografía que aparece en la web http://memoriaesquerra.cat. Como recogen ambos relatos, en 1953 comenzó a recibir ayuda económica del Spanish Refugee Aid, Inc. (SRA), entidad creada en Nueva York por Nancy MacDonald para asistir a los refugiados de la Guerra Civil que residían en Francia.

Fueron años verdaderamente duros y penosos para la vallisoletana, que incluso hubo de trabajar como planchadora hasta que su avanzada edad se lo permitió. En agosto de 1959, según esas mismas fuentes, ingresó en el hospital a causa de una caída cuando bajaba del autobús. Su estado de salud fue empeorando paulatinamente hasta fallecer en el Hospital de La Grave el 16 de febrero de 1960.

En 2007, la Corporación municipal de Bellprat le tributó homenaje colocando una placa en su honor en la fachada del Ayuntamiento, el mismo edificio que albergó la escuela durante la Segunda República y en el que Natividad Yarza ejerció como maestra y alcaldesa, la primera alcaldesa democrática de Cataluña.

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