Los años críticos de la crisis abocaron al sacrificio de unos 18.000 caballos

Un herrador coloca los cascos a un caballo. /
Un herrador coloca los cascos a un caballo.

Los propietarios llegaron a desprenderse de animales por los que pagaron hasta 6.000 euros

VIDAL ARRANZ

Más de 18.000 caballos fueron sacrificados en Valladolid en los años más críticos de la crisis, entre 2011 y 2014, con cifras anuales que llegaron a multiplicar por cuatro y por cinco las que pueden considerarse habituales. Y es que, aunque la afición por estos animales está muy extendida en la provincia, no deja de tratarse de un artículo de lujo, costoso de mantener, del que muchas economías domésticas decidieron prescindir cuando llegó el momento de apretarse el cinturón.

El primer indicio de un posible problema vino con los datos del año 2011 que revelaron que el número de sacrificios, 2.132, duplicaba holgadamente las cifras del año anterior: 899. Sin embargo, el ejercicio más crítico fue el siguiente, 2012, con 6.283 sacrificios en la provincia de Valladolid, seis veces más que dos años antes. El volumen de solípedos que pasaron por el matadero aún se mantuvo estable en 2013, con 5.770, pero bajó ya significativamente el año pasado, quedando en 4.261.

Los sacrificios se realizaron en los tres mataderos autorizados de la provincia (Laguna de Duero, Medina de Rioseco y Quintanilla del Molar), pero es importante precisar que casi la mitad de los caballos sacrificados no procedían de Valladolid, sino de otros lugares del territorio nacional. Fuentes autorizadas explicaron que tras la fiesta sevillana del Rocío es habitual que se produzca un incremento sustancial de sacrificios equinos, que se reparten por mataderos de todo el país. La razón es que muchas personas se hacen con un animal exclusivamente para lucirlo durante los días de fiesta y luego prefieren deshacerse de él antes que afrontar el coste y sacrificio de su mantenimiento.

«Está mal esto», reconoce Lorenzo de la Fuente, propietario de un picadero. «A veces cuando vas a herrar te ofrecen animales gratis. Eso antes de la crisis era impensable». En su finca de La Cistérniga cuenta con 18 équidos, la mitad de los cuales no son propios, sino que los tiene en situación de pupilaje. Esta fórmula implica que Lorenzo se ocupa de alimentar y limpiar a los animales y sus propietarios le pagan 200 euros al mes, lo que da una idea de que no es ésta una afición que pueda permitirse cualquiera, aunque en el pasado estuviera al alcance de muchos bolsillos.

Su propia actividad como herrador es reveladora de hasta qué punto se ha reducido la cabaña equina de la provincia. «Antes hacíamos cien herrajes al mes, pero ahora no llegamos ni a la mitad», explica. Ese antes al que Lorenzo De la Fuente se refiere no es un antes lejano, perdido en el tiempo, sino mucho más próximo: está hablando de lo que ocurría antes de la recesión.

Y aún así, los datos oficiales tienen censados 3.529 caballos en la provincia de Valladolid repartidos en 170 explotaciones, la mayor parte de ellas muy pequeñas. «En Valladolid la mayoría de las explotaciones están ligadas al ocio», explica Jesús Cortés, jefe del servicio territorial de Agricultura y aficionado a los caballos. Eso explica que la inmensa mayoría de las explotaciones, 103 del total, tengan menos de 10 caballos, y que sólo existan seis que superen el centenar de animales, y de ellas, sólo una con más de 200. En Valladolid la afición al caballo está muy ligada a la participación en festejos taurinos, fundamentalmente encierros camperos, o en romerías. Acontecimientos que permiten sacar a pasear al animal, lucirlo, y practicar equitación en un contexto social y festivo. Esta afición encuentra un gran campo de juego en la provincia vallisoletana, por el gran número de actividades taurinas en las que es posible participar, o asistir, con caballos.

«Hoy prácticamente no se venden caballos», reconoce Cortés, quien tiene constancia de que hace unos años llegaron a sacrificarse animales que contaban con carta de origen, porque no compensaba mantenerlos, pese a que en otros momentos habría llegado a pagarse entre 3.000 y 6.000 euros por ellos.

Dos tercios del total

Valladolid concentra la mayoría de los sacrificios de solípedos de la Comunidad Autónoma. Prácticamente dos terceras partes del total se realizan en los tres mataderos de la provincia, pese a que en el conjunto regional existen 17 instalaciones autorizadas. Hay que tener en cuenta, no obstante, que uno de los tres mataderos vallisoletanos, el situado en el enclave de Quintanilla del Molar, está asignado al servicio territorial de León, por lo que a menudo sus cifras figura

Otro factor desencadenante de muchos sacrificios equinos fue la aprobación, en el año 2011, de una normativa que venía a poner orden en un sector que hasta entonces había estado bastante abandonado por la administración. Esther Bermejo, del servicio provincial de Agricultura, explica que la nueva regulación de las explotaciones equinas obligaba a identificar a los animales, y exigía a los propietarios una licencia ambiental para su explotación. Algunos decidieron que no les compensaban las inversiones a que les obligaba la normativa, dada la muy escasa rentabilidad de esta actividad, y optaron por sacrificar a sus animales, reconocen en la Junta. Sin embargo, esa regulación permite hoy tener controlado el sector y saber con exactitud la edad de los animales, cuantas veces han cambiado de dueño, su procedencia, los tratamientos sanitarios recibidos Todo ello se recoge en el pasaporte, la ficha técnica que recoge la historia de cada caballo y que es especialmente útil, por ejemplo, para saber si un animal ha sido tratado con algún medicamento que invalida la comercialización de su carne. Dependiendo del tipo de producto, el veto administrativo puede ser temporal, o de por vida.

Autorizado el enterramiento

La normativa regional permite desde hace meses que los propietarios de caballos y perros puedan enterrarlos si lo desean. En el caso de los equinos es una posibilidad que nadie ha querido ejercer hasta ahora, admite Esther Bermejo, pero que está ahí.

No responde, al parecer, a motivos sentimentales, al menos en el caso de los caballos, pero tampoco está claro que se justifique por razones económicas. Los propietarios de solípedos suelen contratar algo así como un seguro de decesos que cuesta sólo 14 euros al año y que les libra de todos los gastos y molestias de deshacerse del animal una vez muerto, o sacrificado. Ante tan bajo coste, la posibilidad de enterrar al animal por los propios medios no está resultando, por ahora, demasiado atractiva.

«Es un posibilidad que le podría compensar a alguien que no haya contratado seguro, porque en ese caso le puede suponer un gasto de unos 300 euros», explica Bermejo. Pero hasta ahora no se ha dado el caso.

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