«Parece que nos sacan de la crisis, pero solo harán que se profundice»

«Parece que nos sacan de la crisis, pero solo harán que se profundice»

Luis González Reyes, autor de 'En la espiral de la energía', nueva 'biblia' ecologista

ANTONIO CORBILLÓN

Ramón Fernández Durán, fundador de Ecologistas en Acción y uno de los padres del ambientalismo español, concibió una obra densa que resumiera 30 años de investigación y estudios. Cuando el cáncer le derrotó, cedió el testigo a Luis González Reyes (Madrid, 1974), formado en ICADE- Universidad de Comillas, que asumió la responsabilidad de completar la que pasa por ser la nueva biblia del ecologismo nacional. Necesitó los últimos cuatro años. El resultado es En la espiral de la energía, un volumen doble (con descarga gratis en internet) en la que se tocan todos los palos de un futuro cada vez más complejo y marcado por el control de las energías. Valladolid entró en su gira de concienciación y promoción de sus tesis.

Antes se decía que la historia es circular. ¿Es más correcto pensar que es espiral?

Nos parece que la historia ni es lineal, ni es circular que se va repitiendo con el paso del tiempo. Creemos que la humanidad ha pasado por situaciones similares pero en puntos distintos. La historia no se repite. Ha habido momentos de mayor y menor relaciones de dominio con distintos tipos de metabolismo humano que después se han vuelto a repetir. Por eso la visión en espiral.

¿La energía y su control dan para explicar la historia humana?

No, no explica toda la historia de la humanidad ni mucho menos. Pero sí es un elemento que se ha trabajado poco para lo determinante que ha sido. Lo que planteamos es que la energía ha marcado el campo de juego. Mientras ha habido energías baratas y abundantes, ese terreno era muy amplio. Cuando hay menos energía, es más cara o menos versátil, ese campo se restringe y hay grandes condicionantes desde lo social, lo económico, lo cultural... que se reflejan a lo largo de la historia.

¿En qué transición energética estamos ahora?

Es una de las ideas fuerza que defendemos en el libro. La de que estamos en una gran transición de corte civilizatorio. No es solo económica o social, abarca a todo y está cambiando los valores sociales. La energía lo determina todo. Tras la Revolución Industrial hemos generado una grandísima complejidad social gracias a ese acceso abundante y fácil. Pero esto se está acabando. Hemos pasado el momento de máxima extracción de casi todo. Y las alternativas como el fracking o las aguas bituminosas son de peor calidad y cuestan más.

Su segundo volumen finaliza con un ejercicio de política-ficción que avisa de un posible colapso.

Intentamos mirar en la bola de cristal del futuro, sabemos que no se puede predecir. Pero, con lo que tenemos en la actualidad, estamos abocados a un colapso de la civilización industrial de los dos últimos siglos porque la base que lo sostenía todo ya no existe y no hay alternativas. Y es muy improbable que aparezcan nuevas. Por eso analizamos cómo pueden evolucionar los modelos de estado, el orden social... un recorrido hacia el futuro.

Crecer menos y mejor

¿Hay apocalipsis en esa nueva visión o esperanza?

La ventana de oportunidades para evitar este colapso ya la hemos superado hace mucho. Teníamos que haber empezado en los años 70 y 80 del siglo pasado par hacer una transición ordenada y que ofreciera justicia social y cohesión. Esto ya no se va a dar y por eso ya estamos viviendo ese colapso. Cuando analizamos el origen de esta crisis, uno de los elementos es el alza de los precios de la energía. Vendrán tiempos muy duros y la crisis se irá agudizando. Lo hemos llamado la destrucción destructiva, en la cual cada vez se perderán más economías a escala pero también globales. Los estados que conocemos tendrán muy difícil continuar como están: el de bienestar, el orden estatal... todos se verán comprometidos. Pero incluso así se van a abrir oportunidades que ahora no existen.

¿Por dónde irán esas opciones?

Hacia otros tipos de economía como la solidaria, o que tengan que ver con fuentes renovables que permiten una gestión más democrática. O parámetros de valores culturales que pivoten en la sostenibilidad. Y que se podrá traducir en una mayor emancipación humana.

Defiende la necesidad de decrecer, de que no se puede explotar el mundo como si fuera infinito. ¿No tiene la sensación de que, con la salida de la crisis, se vuele a hablar del modelo anterior?

Esas políticas neoliberales son del siglo XX y tuvieron su sentido entonces. Ahora en el XXI ya no vale y no van a tener éxito. Parecerá que nos sacan pero la crisis se seguirá profundizando. No de una forma lineal. Tendrá dientes de sierra, como este repunte de ahora. Pero le seguirá una crisis aún más profunda. Tendrán que emerger nuevas formas de satisfacer las necesidades de los seres humanos.

Pero, siendo realista, no se aprecia que esas opciones tengan posibilidades de concretarse.

Son mucho más complicadas las alternativas a gran escala, aunque hay cosas que no se pueden abordar a pequeña escala. Por ejemplo, no se puede combatir el cambio climático sin esfuerzos generales. Lo que no impide que el mundo al que vamos va a ser mucho más local. Así fue durante gran parte de la historia hasta que el transporte dejó de ser tan caro. Vamos a pasar de un mundo globalizado a uno más regionalizado. Y luego más local. Ahí es donde van a tener alternativa esas soluciones. Llegará un momento en que no podremos traer lechugas de China o garbanzos de Chile porque será prohibitivo.

Nuevos debates

¿Citaba el cambio climático pero parece que se acaban los plazos y no se hace nada. Estos días se publica en castellano Esto lo cambia todo, el último libro de Naomi Klein, en el que está gurú antiglobalización denuncia la mercantilización de este debate. Todo para no hacer nada y estirar plazos.

Claro. No es el agujero de la capa de ozono que tenía soluciones más sencillas. Acometer una lucha real contra el cambio climático es cambiar nuestro modelo energético basado en combustibles fósiles así como el modelo agroalimentario. Son cambios radicales y por eso no se acometen. Y las soluciones de los grandes gurús buscan la cuadratura del círculo: seguir con el mismo modelo de crecimiento, pero con más porcentajes de energías renovables... y poco más. No se cuestionan la idea clave: que no se puede sostener el crecimiento continuado en un planeta limitado, de basureros finitos. Y la atmósfera es el mejor ejemplo.

En España hay nuevas fuerzas políticas que surgen desde las protestas ciudadanas. ¿Cree que ayudarán a introducir cambios en las políticas actuales?

Están abriendo debates que antes no existían y, conforme se avance en este año electoral, van a provocar que se cambien políticas. Pero, justo los temas que tienen que ver con la energía y cómo nos relacionamos con el entorno no están en el centro del debate. Ni político ni social. Y, sin entender lo que nos está pasando, no vamos a poder aplicar soluciones. Por eso, sin una mirada compleja a esta crisis compleja que tenemos, abocará al fracaso de cualquier medida que se plantee.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos