La esperanza llega a Tierra de Campos de la mano de 2.000 hectáreas de regadío

Estado en el que se encuentran las obras de la estación de bombeo de la balsa./
Estado en el que se encuentran las obras de la estación de bombeo de la balsa.

La Junta tiene casi concluida la construcción de la gran balsa, que ocupa un área equivalente a 117 campos de fútbol juntos, que llevará agua de Riaño a cuatro pueblos de Valladolid y Palencia

SONIA ANDRINOVALLADOLID

Hay pocos días en los que Adolfo, el encargado del teleclub de Herrín de Campos (140 habitantes) no escuche hablar de las obras para el regadío. Es lo más comentado en un bar por el que pasan, al menos una vez al día, alguno de los 28 agricultores que quedan en el pueblo. José Luis Antón al que todos llaman Pepito es el alcalde. Tiene 46 años y desde los 30 explota las 230 hectáreas que heredó de su padre. Lo comenta con Moisés de la Puente (54 años), presidente de la Junta Agropecuaria Local y agricultor desde hace treinta años. Estuvo dos trabajando en una multinacional pero se volvió a Herrín a explotar las 230 hectáreas.

Menos duró fuera Luis Francisco Guerra (55 años) al que le bastaron solo tres meses para darse cuenta de que ser repartidor en una empresa en Madrid no era lo suyo. Dice que prácticamente nació siendo agricultor y ahora se encarga de las 150 hectáreas que también heredó. Eso sí, todas estas explotaciones son de secano. En esta zona llevan sembrando alfalfa, cebada, girasol y veza la intemerata de años porque, de momento, no hay otra posibilidad. Pero de un tiempo a esta parte, las conversaciones en el teleclub de Adolfo han introducido un nuevo elemento, una fecha: 2018, que es cuando les han dicho en la Junta que podrán empezar a regar.

Terreno arcilloso

La singularidad del terreno ha permitido que se construya en pleno corazón de esta comarca agraria (abriga los límites provinciales de Palencia, Zamora y Valladolid) algo muy parecido a un lago artificial. El terreno arcilloso actúa de base impermeable sobre la que ya se asienta un gran vaso del tamaño de 117 campos de fútbol encerrados entre cuatro paredes de diez metros de altura. Esto le convierte en una balsa capaz de albergar 10 hectómetros cúbicos de agua con una estructura perfectamente rectangular. Además, ya se pueden recorrer los 1.400 metros de largo y 800 de ancho que delimitan su perfil. Es como el embalse de Cervera en horizontal, en el Sistema Pisuerga, y casi un tercio más que la presa de Pontón Alto, en Segovia.

La balsa se divisa desde prácticamente todos los puntos del campo. Mirarla es descubrir que el verde de miles de hectáreas, en distintos tonos, la rodea. Son grandes superficies, sin lindes, y surcadas por una gran tubería de 2,5 kilómetros que conducirá el agua desde el canal que toma el riego en el embalse de Riaño (León) y lo abandona, trescientos kilómetros después, en la zona de Carrión (Palencia).

Tiempo lento y largo

Además de la conversación en estos pueblos, la construcción de esa balsa es parte de un proyecto diseñado en 2009 por la Consejería de Agricultura y Ganadería para construir un nuevo regadío en la zona y que ha conseguido mantenerse vivo en los peores años de atrás. A los agricultores que se siguen reuniendo en el teleclub de Alfonso, ese tiempo se les está antojando lento y largo. Cuentan que sus tractores se han cruzado con la maquinaria que ha movido tierras, con los camiones que las han transportado y con las motoniveladoras que han censurado el cierre de la cavidad, aunque reconocen que de todo ese recorrido ya se puede ver levantada la estación de bombeo que hará que el agua entre en el vaso, procedente del canal. Quedan todavía por sacar las tuberías desde la balsa para que llegue a las fincas y, una vez en ellas, amueblarlas para regar. Pero aún así son conscientes de que ya ha avanzado mucho el primer paso.

Y es que de momento, el proyecto se centra en un área de Tierra de Campos que agrupa tres localidades de Valladolid (Herrín, Villafrades y Villalón de Campos) y una de Palencia (Boadilla de Rioseco). Es lo que denominan el Sector IV, de los cinco que hay, y que entre todos los términos municipales suman unas 2.000 hectáreas que transformarán el secano en regadío. Para llevar a cabo esta inversión, la Junta ha destinado casi 48 millones de euros de fondos propios y defiende la estrategia de la obra contemplada desde una visión más completa.

Aunque no hay día en el que los agricultores no pasen por allí, esta semana han asistido a una visita diferente. La consejera de Agricultura, Silvia Clemente, y los cuatro alcaldes de los municipios afectados recorrían la tierra asistiendo, con sorpresa, a las explicaciones de Rafael Sáez, el subdirector del Itacyl y perfecto conocedor del proyecto. Con paneles que reproducían a escala las dimensiones de la obra, el técnico compartió durante más de dos horas los detalles de una intervención que pretende cambiar el corazón de Tierra de Campos.

A los pies del lago artificial, las cosas se ven con más claridad. Los alcaldes, muchos de ellos también agricultores, y sus vecinos siguen comentando que aunque el proyecto no se ha asimilado todavía «del todo», ya están preparados para amueblar sus fincas y empezar con el regadío. Les queda constituir la comunidad de regantes, como les urgía la propia consejera, pero no lo ven como un problema. Son conscientes de que esta obra le devuelve una oportunidad a una de las zonas más despobladas y secas de Castilla y León. Las últimas décadas han castigado a esta comarca con pueblos cada vez más solos en los que, a pesar de la riqueza de la tierra, a las once de la mañana y brillando el sol, aunque sea frío, las persianas siguen bajadas. Las calles están vacías. El silencio se rompe solo con alguna esporádica conversación del bar.

Para los jóvenes

Francisco Javier ve cerca su jubilación y, cuando la balsa empiece a dar agua y él amortice la obra de sus fincas, tendrá que ir pensando en abandonar. ¿Qué hará entonces? «Pues se lo dejaremos a los jóvenes», responde con habilidad mirando a Enrique y a José Carlos Rodríguez (31 años) que llevan la agricultura en las venas. «Yo quiero ser agricultor», dice este último que, a pesar de haberlo mamado en casa, tiene que dedicarse a la venta de fitosanitarios para el campo puesto que la explotación de su padre «no da para mantener a dos familias». Él confía en las posibilidades del regadío no solo para su situación, sino para toda la comarca. «Es muy duro ver cómo e muere tu pueblo», lamenta. Sabe que la balsa, por si misma, no fijará población pero contribuirá a convertir la agricultura en un negocio mejor con la posibilidad incluso de generar industrias alternativas. «¿Por qué no se podría abrir aquí una fábrica de riego?», se pregunta bebiendo el café. Sorbe un segundo y sentencia con esta reflexión: «La gente joven lo vemos como una esperanza».

 

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