Pizarra y sirena: información en tiempo real

Los vallisoletanos se agolpan para leer las pizarras. /
Los vallisoletanos se agolpan para leer las pizarras.

Cientos de vallisoletanos se agolpaban a las puertas del periódico para conocer la última hora de lo ocurrido en Valladolid y España

ENRIQUE BERZAL

Imagínense la escena. Cientos de vallisoletanos impacientes, agolpados a la puerta de El Norte de Castilla, los más bajitos estirando el cuello, para no perderse un renglón de lo que estaba escrito en las pizarras que exhibía el rotativo. Era el internet de nuestros días, la única forma de obtener información inmediata de los principales acontecimientos de la jornada. Un accidente, la lotería, una crisis de Gobierno, la predicción del tiempo...

«Nuestra pizarra fue rodeada por una multitud ávida de conocer los detalles del fallecimiento, que privaba a Valladolid y a Castilla de un hombre que, en todas las clases sociales, disfrutaba por su carácter, por su bondad, por su trato exquisito y correcto, de generales consideraciones». Era la noticia, el 20 de junio de 1907, de la sentida muerte del republicano José Muro, uno de los políticos más afamados de su tiempo.

Los ejemplos se multiplican. La crisis de Gobierno de febrero de 1910, que alzó al frente del Ejecutivo a José de Canalejas, también fue «conocida en nuestra ciudad por la pizarra de El Norte de Castilla», lo mismo que otros avatares políticos de gran relevancia, como el asesinato del presidente Canalejas, en 1912, o la proclamación de la Segunda república, el 14 de abril de 1931, precedida de un «incesante desfile de gente» por las puertas del periódico para confirmar en su pizarra lo que tanto se rumoreaba.

Lo mismo ocurrió con el grave accidente ferroviario acontecido en marzo de 1923 en la localidad vallisoletana de Cabezón, o con la frustrante noticia de la suspensión de la procesión del Viernes Santo de 1922, debido a la «lluvia copiosísima». Y de igual manera, agolpados en la pizarra de El Norte, siguieron los vallisoletanos el grave accidente ferroviario que en agosto de 1949 sufrió la plantilla del Real Valladolid.

Claro que la palma se la llevaba, como es natural, el sorteo de la Lotería. «Ante las pizarras de El Norte, los vallisoletanos se desilusionaron al ver ¡que tampoco este año ha caído el gordo!», podía leerse en portada el 22 de diciembre de 1929, con una foto de Cacho que ilustraba el multitudinario seguimiento del sorteo a las puertas del periódico. Otras veces, sin embargo, la suerte no fue tan esquiva, y, como ocurrió en mayo de 1921, la pizarra reflejó «la agradable noticia de que el número 24.138 había sido agraciado con el Gordo».

Y junto a la pizarra, la sirena. En enero de 1928, El Norte de Castilla adquirió una «de gran potencia» para, a imagen y semejanza de lo que venían haciendo grandes periódicos nacionales y extranjeros como La Nación, de Buenos Aires, ABC o El Pueblo Vasco, anunciar los sucesos extraordinarios.

Constaba de «un motor de cuatro caballos de fuerza (), un protector y seis pabellones amplificadores que miden dos metros cada uno». Como anunciaba el decano de la prensa el día 27, la sirena «sonará habitualmente a mediodía el paso del sol por el meridiano. Y avisará con toques determinados de antemano, los acontecimientos de importancia».

De hecho, se estrenó el 28 de enero de 1928 «para señalar, a las seis de la tarde, la apertura de las puertas del teatro Calderón para el festival de la Asociación de la Prensa». Considerada un instrumento al servicio del interés general, El Norte de Castilla la ponía a disposición de los poderes públicos cuando creyeran conveniente avisar a la población de un evento importante.

De ahí que en julio de 1936, al poco de estallar la Guerra Civil, las nuevas autoridades decidieran requisar la sirena de El Norte de Castilla e instalarla en la torre de la Catedral para avisar de los posibles ataques de la aviación republicana. La recuperaría el gerente, Fernando Altés Villanueva, en julio de 1939.