Treinta años de cultura en la Casa de los Cossío

Valladolid estrenó en octubre de 1984 un espacio que revitalizó la vida de la capital, la Casa Revilla, un palacio del XVI que durante más de un siglo poseyó la familia Cossío

Casa Revilla, que ahora acoge una exposición de Ravi Shankar. /
Casa Revilla, que ahora acoge una exposición de Ravi Shankar.
VÍCTOR VELA

No fue un soplo, sino un vendaval que vino a animar la vida cultural de una ciudad ávida de nuevos espacios de exposiciones, necesitada de bibliotecas públicas, sedienta de conferencias, con hambre de conciertos. El 22 de octubre de 1984, el alcalde Tomás Rodríguez Bolaños recorría los grabados abstractos con los que la Fundación March inauguró lo que con el tiempo se ha convertido en un emblema de las citas culturales en Valladolid. Este mes se cumplen 30 años de la Casa Revilla como espacio dedicado a la cultura, como un agitador de primer orden que consiguió acercar hasta Valladolid a los mejores escritores (conferencias de JuanBenet, José Luis Sampedro), exhibir películas, óperas o conciertos (The Police)y que se convirtió en la avanzadilla de un proyecto cultural dibujado en los 80 y que incluía nuevos espacios como San Benito, el centro cívico de Delicias o el teatro Calderón.

Desde entonces, la casona de la calle Torrecilla ha albergado cientos de exposiciones (ahora especializada en fondos documentales), miles de charlas, de presentaciones de libros, de levadura para una vida ciudadana que reclamaba espacios de expresión en la década de los 80. El entonces alcalde socialista, Tomás Rodríguez Bolaños, desvelaba las negociaciones el 30 de enero de 1982:«Tenemos prácticamente ultimada la compra de la Casa Palacio del Marqués de Revilla para convertirla en Casa de Cultura que incluirá una biblioteca pública». Lo dijo después de que el Ayuntamiento se fijara en este inmueble, para el que existía un proyecto para convertirlo en bloque de apartamentos. El Consistorio se cruzó por el camino y, en lugar de pisos residenciales, la casona ha pasado a engrosar el patrimonio vallisoletano.

El acuerdo de pleno llegaría a principios de abril, cuando la corporación municipal aprobaba el contrato de compra. El Norte de Castilla publicaba entonces los entresijos del acuerdo, por el que la Casa Revilla pasaba a propiedad municipal después de un desembolso de la «módica cantidad» de 70 millones de pesetas (420.708 euros). El periódico explicaba que con ese dinero, el metro cuadrado (el inmueble tenía 1.800, de ellos 1.200 útiles) salía «a 36.000 pesetas, menos, incluso que en las viviendas de protección oficial». «La forma de pago continuaba la reseña de la prensa tampoco es gravosa para el Ayuntamiento:veinte millones al firmar la escritura;otros veinte cuando se haya realizado un determinado volumen de obra y el resto mediante cesión de dos solares, uno en Delicias y otro en alguno de los terrenos que pasen a propiedad municipal por la cesión obligatoria del 10% del aprovechamiento de alguno de los planes parciales que se ejecutan ahora».

Biblioteca, fonoteca...

Una vez sellado el acuerdo, llegaba el momento de meter mano en el palacio y adecuarlo como casa de cultura, con la previsión de abrir ahí la biblioteca central de Valladolid, habilitar un área de fonoteca y, en el sótano, una sala de exposiciones. José Luis Villacorta y Salvador Polo firmaron el proyecto de rehabilitación. El constructor Manuel López Diego se encargó de hacerlo realidad. Ellos explicaron a El Norte, en diciembre de 1982, que «del viejo edificio quedará tan solo la fachada, una escalera del siglo XIXconstruida a raíz de la profunda modificación a que el edificio fue sometido el siglo pasado [ahora en 2014 sería hace dos siglos] y el patio, en el que existe una higuera». Desvelaban además que en un primer momento se había pensado incluso en retranquear el edificio. Hasta se numeraron las piedras por si había que desmontar la fachada y meterla unos metros hacia adentro. Finalmente, y pese a la protesta de los comerciantes de la calle Torrecilla que entonces pedían una calle más ancha a esa altura de la vía, se prefirió dejarlo como estaba, al considerar «el valor del edificio como ambientación de la zona».

Los trabajos de adecuación de la Casa de los marqueses de Revilla (o el Casón de los Cancelada, como también era conocido)concluyeron en julio de 1984, después de casi 40 millones de pesetas (240.404 euros) de inversión. Tres meses después, con esa exposición de grabados de la fundación Juan March comenzaría el camino cultural de la Casa de Revilla, que estrenaba una nueva vida después de siglos como palacio de importantes familias de la ciudad.

El relato histórico lo reconstruye de forma minuciosa Jesús Urrea, doctor en Historia del Arte, quien ha fijado su mirada en esta joyita urbanística en diversas publicaciones, como Arquitectura y Nobleza. Casas y Palacios de Valladolid. Allí repasa el devenir de esta propiedad que hunde sus raíces a mediados del siglo XVI, cuando el terreno perteneció a Juan y Fernando, los infantes de Granada, hermanastros del rey Boabdil. Sería el primero de ellos, Juan de Granada, quien se quedó con la propiedad en 1570, cuando los dos hermanos hicieron reparto de sus propiedades en Valladolid. La heredaría después su hijo y la casa perteneció al patrimonio familiar hasta su venta en 1608. Vivió así unos años de esplendor entre 1601 y 1606, cuando Valladolid fue la capital de la corte y durante una temporada albergó en sus habitaciones a Catalina de Erauso, quien pasaría a la historia como la monja alférez, quien durante siete meses y después de escaparse del convento sirvió en la corte disfrazada de varón (con el nombre de Francisco de Loyola)y como paje del secretario del rey.

Juan Agapito y Revilla, en su libro Las calles de Valladolid, explica que durante esta época la calle se conocía como de las Angustias, puesto que aquí se encontraba la cofradía de este nombre. «Cuando a principios del siglo siguiente (el XVII) se pasó la cofradía al edificio nuevo de la plaza del Almirante, empezó a titularse aquella como calle de las Angustias viejas». Sin embargo, y poco a poco, se fue perdiendo este nombre y se empezó a conocer como la calle de la Torrecilla, por el voladizo que tenía esta Casa Revilla. Este nombre de Torrecilla ya aparece en el plano de Ventura Seco de 1738, aunque el bautizo oficial no llegaría hasta mayo de 1842 (justo cuatro años antes de que se desmontara el torreón). Ycon este nombre ha llegado hasta el callejero actual.

Pero, ¿qué pasó con la casa? Habíamos dejado su devenir histórico a principios del siglo XVII. Las escrituras de propiedad consignarían que en 1608 la vivienda perteneció a Luis Mercado y su esposa Leonor de Peromato, quienes transmitieron el palacio a su hija Juana de Mercado, casada con Pedro Antonio de Velasco y Fajardo, caballero de Santiago.

Los escritos de la época se referían a ella como la Casa de los Velasco, ya que durante buena parte del siglo XVII y XVIIIl a propiedad se asoció con esta estirpe, con propietarios como Pedro Silvestre Velasco Chacón y Fajardo (corregidor de Medina del Campo)y, a su muerte, en 1742, su prima Josefa Velasco.

¿Cuándo pasó a conocerse como Casa Revilla? Fue en el momento en el que los marqueses de Revilla emparentaron con los Velasco. La certificación concreta está fechada en 1749. De ese año data el catastro de Ensenada y ya aparece como propietario de este palacio Toribio de Gasea, marqués de Revilla y embajador de España en la corte de Parma. Acomienzos del siglo XIX,el propietario era el marqués de Revilla y Aguilares y el relato de Urrea se convierte en este punto en una suerte de reportaje del colorín, lleno de aristócratas que emparentan entre sí. Ls marqueses de Revilla se unirían a con los condes de Cancelada (todavía hay quien conoce con este apelativo a la Casa Revilla)y después, la sexta condesa de Cancelada, María Francisca de Paula de Tovar Reguera y Colmenares, se casó con el primer marqués del Duero, el general Manuel Gutiérrez de la Concha. Ysí, entre sus muchas propiedades estaba la Casa Revilla. Así hasta 1852, año en la que el rector de la Universidad, Manuel de la Cuesta, compra el edificio, hace obras para su total rehabilitación y alquila varias habitaciones. Estamos ya en 1857. Cuando el rector muere, la propiedad pasa a manos de su hija Dolores de la Cuesta y Polanco, casada con Francisco de Cossío y Salinas. Y comienza la historia de los Cossío en esta casona.

La familia Cossío

Francisco Cossío y Salinas era el abuelo de Francisco de Cossío Martínez-Fortún (1887-1975), quien fue director del Museo Nacional de Escultura y también de ElNorte de Castilla (entre 1931 y 1943). El inmueble permaneció en manos de la familia Cossío hasta ese año 1982 en el que lo compró el Ayuntamiento. José María Cossío, el escritor y tratadista taurino, era el hermano de Francisco.Y también de Mariano. Su nieta, Ana María Arias de Cossío, pronunció este mismo verano (precisamente en la Casa Revilla, el edificio que fue propiedad de su familia) una conferencia titulada El ambiente cultural en el Valladolid de los años 20. «Esta es mi casa. Todavía tenemos la sensación de que guarda algo nuestro», aseguró. Incluso hay propuestas para rebautizar esta Casa Revilla como Casa de los Cossío.

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