Así vivió Valladolid el inicio de la Primera Guerra Mundial

El Campo Grande y la Acera de Recoletos, con el Teatro Pradera, en el decenio de 1910./
El Campo Grande y la Acera de Recoletos, con el Teatro Pradera, en el decenio de 1910.

El Rey Alfonso XIII hacía una parada en la Estación del Norte y hubo opereta y concierto en el Campo Grande el día que Alemania declaraba la guerra a Francia

VÍCTOR VELA

A falta de twitter y de Internet, hace un siglo, en 1914, la pantalla para recibir las últimas noticias era una pizarra colgada a las puertas de la redacción de El Norte de Castilla, en Duque de la Victoria. Hasta allí se acercaban los vallisoletanos que, ansiosos de información, querían conocer lo que ocurría allá por Europa, donde sonaban tambores de guerra. Los reporteros salían de forma periódica a la pizarra para apuntar el titular de los teletipos más recientes y los voceros recorrían las calles cantando las nuevas con las que abría el periódico:«Alemania declara la guerra a Francia», decía el ejemplar del 5 de agosto de 1914.

«Todos los días se espera con impaciencia la llegada de la copiosa edición de El Norte de Castilla», reconocía el periódico de aquel día, donde se apuntaba que la «expectación que despierta el conflicto europeo va en aumento». Yen las conversaciones se colaba una amenaza que traía rumores hasta la Estación del Norte, donde ciudadanos extranjeros, sobre todo franceses, tomaban el tren para «incorporarse a sus regimientos. Todos iban muy entusiasmados y daban vivas a su nación», escribían los reporteros de la época, al tiempo que se recordaba que Correos había suspendido la admisión y envío «de valores, certificados y correspondencia ordinaria con destino a Alemania, Austria, Hungría, Bosnia y Herzegovina».

Mientras el mundo se preparaba para vivir la primera gran guerra del siglo XX, Valladolid se encomendaba a su día a día. Aquel año la cosecha no fue especialmente buena, «bastante menor que el año pasado». La oferta de trigo era escasa, la demanda «regular». La situación era peor para la cebada y el centeno vivía un mejor panorama gracias a las exportaciones. En Medina, el segador Cándido García, de 19 años, se produjo una herida en el brazo izquierdo mientras trabajaba.

Aquel 4 de agosto de 1914, cuando el ejército alemán abrió el frente occidental invadiendo Bélgica y Luxemburgo, el rey Alfonso XIII estaba, por casualidad, en Valladolid. Venía en tren, camino de Madrid, y en la estación lo recibieron «el gobernador civil, señor Blasco, un piquete de la Benemérita y varias parejas de los cuerpos de Seguridad yVigilancia Municipal».

A tan solo unos pasos, en el Campo Grande, la sociedad vallisoletana se divertía con los conciertos del CampoGrande y las funciones del Teatro Pradera. En este último escenario, la compañía Granieri presentaba la opereta El conde de Luxemburgo, con la debutante Amalia Raule, de voz dulce y bien timbrada. «Matiza con exquisito arte y además es buena actriz». El éxito fue tal que incluso tuvieron que repetir algunos números. Valladolid disfrutaba en el Pradera, un teatro que ese mismo verano ofrecía, a las 19:30 y 22:30 horas, «cinematógrafo y varietés con La Clavellina, bella y simpática bailarina» y las parodias de Toni Pepe. Yen pleno Campo Grande, la banda de Isabel II ofrecía todas las noches, de 21:00 a 23:00, una sesión musical, cada día con un repertorio diferente. El del 5 de agosto de 1914 incluía el pasodoble flamenco Vaya cardo, jotas de Amadeo Vives y minuetos de Padorowski.

Valladolid atravesaba así un verano conflictivo en Europa desde que el 28 de junio prendiera la mecha con el atentado al archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo. A finales de ese mes de 1914, la provincia salía de una complicada semana de tormentas que incluso llevó la desgracia hasta San Vicente del Palacio. Ese 28 de junio, dos chavales, Tomás y Teófilo Pastor, de 10 y 12 años, hijos de Valentín, labrador del pueblo, se refugiaron de la lluvia en una cabaña de las eras de la Vega. «Unos segadores que se guarecían de la tempestad en otra cabaña vieron salir humo del sitio en el que estaban los chicos. Salieron a enterarse de lo que ocurría y encontraron, muerto por una descarga eléctrica, a Teófilo, el mayor de los hermanos». La página de sucesos daba cuenta además de que en Esguevillas volcó una carretilla guiada por Miguel Martínez, alcalde de Amusquillo, con tal mala fortuna que el carruaje, al caer, atrapó a una vecina, Paula Duque, y a su hija de cuatro años, también llamada Paula, quien sufrió heridas en la cabeza. La capital, mientras tanto, se divertía en las fiestas de la barriada de San Pedro. «Corrió el vino en abundancia, los organillos tocaban habaneras»y se instaló un tiovivo con columpios en la calle Real de Burgos. Durante esa semana, en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad se hicieron 35 imposiciones ordinarias por 9.984,50 pesetas (60 euros) y se reintegraron 13.492,10 pesetas (81 euros).

La hemeroteca de El Norte, que siguió de cerca los acontecimientos en Europa, no se olvidó de narrar la vida cotidiana de la ciudad. Así, el 25 de julio, cuando el Imperio Austrohúngaro rompió relaciones diplomáticas con Serbia, Valladolid rendía homenaje a Santiago Apóstol, patrón de España, con misa en la Catedral y procesión desde la parroquia de Santiago. «Los balcones de las calles por donde pasó lucían colgaduras». Entre tanta celebración religiosa, Eduardo Gallego aprovechó un descuido del sacristán del convento de San Quirce para robarle las llaves de la iglesia. No pudo hacer mucho con ellas ya que el propio sacristán y un agente de Seguridad le persiguieron hasta darle alcance. Y en Nava del Rey, la Guardia Civil detuvo por la tarde a Eugenio Maldonado, de 28 años, natural de Guijuelo, quien esa mañana le había colocado cuatro jamones podridos a dos vecinos de Tordesillas, NarcisoLópez y Julita Herreros. Los libros de historia dicen que la Primera Guerra Mundial arrancó el 28 de julio de 1914. En Valladolid se llegó ese día a los 27 grados y en el matadero municipal se degollaron 18 bueyes, 11 terneras y 185 corderos.

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