Los tres puentes del franquismo carecen de las placas turísticas que lucen el resto

Los otros siete pasos urbanos sobre el Pisuerga lucen paneles con la historia de su nombre

J. SANZVALLADOLID.
::                             FOTOGRAFÍAS DE HENAR SASTRE/
:: FOTOGRAFÍAS DE HENAR SASTRE

Todos y cada uno de los diez puentes urbanos que cosen las dos márgenes del río que da nombre a la capital, del Pisuerga, claro, atesoran su pedacito de historia vinculada, sobre todo, al crecimiento urbano de la ciudad. También sus nombres tienen su por qué y se corresponden en su mayoría al periodo histórico en el que fueron construidos e inaugurados. Pues bien. El Ayuntamiento ha colocado placas informativas en siete de los diez pasos para recordar su año de apertura, una descripción técnica y un breve resumen sobre la historia de su denominación. Pero alguien olvidó colocar los paneles en los tres restantes pese a ser a su vez prácticamente los más céntricos. Se trata curiosamente de los pasos edificados durante el franquismo y sus nombres, cómo no, siguen dedicados a personajes o divisiones, incluso, de la Guerra Civil.

Los paneles turísticos, quizás, rechinarían un poco si incluyeran la historia real de sus protagonistas. Ahí están el que fuera alcalde de la ciudad, José González Regueral y Jové -puente González Regueral o de Poniente-, un coronel de Artillería que fue designado alcalde entre los años 1949 y 1957; el aviador del bando nacional fallecido en combate Joaquín García Morato -puente de García Morato-, o la unidad de voluntarios de la División Azul -puente de la División Azul-, formada por 45.000 hombres y movilizada para combatir con los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

Ninguno de los tres puentes luce su correspondiente cartelito -en los demás hay uno en cada extremo- y tan solo el del exalcalde fallecido en 1987, y quizás el menos polémico de los tres, cuenta con un rótulo con su nombre en los accesos al puente desde la avenida de Salamanca e Isabel la Católica.

La placa 'olvidada' debería decir que dicho puente, en realidad conocido como el de Poniente por el común de los vallisoletanos, fue proyectado y edificado entre 1950 y 1957, que costó 7,5 millones de pesetas y que fue diseñado por Luis Díaz-Caneja y Julio González Martín. En el capítulo de historia debería figurar que se construyó casi en paralelo al de Isabel la Católica o del Cubo -ahora también del Milenio- para permitir la expansión de la capital hacia la Huerta del Rey. Y ya en el capítulo de la historia del personaje diría la placa que José González Regueral y Jové fue un coronel de Artillería, condecorado con la cruz de San Hermenegildo y la medalla de Campaña por su labor como militar, antes de acceder a la alcaldía por designación y ostentar el cargo durante ocho años y un mes (1949-1957), el periodo más largo hasta la llegada de Tomás Rodríguez Bolaños (PSOE) y de Francisco Javier León de la Riva (PP). El exregidor murió el 21 de mayo de 1987.

El segundo de los pasos olvidados es el de García Morato. Aquí ni siquiera hay una placa con el nombre, aunque quizás no sea necesario dado que la calle sigue manteniendo esta denominación. Pero tampoco ahora se ha colocado un panel informativo para suplir esta carencia. En él, como en el resto, debería figurar que el puente se proyectó en 1961, que el autor fue el ingeniero de caminos José Antonio Puyal y que en su día formaba parte del trazado de la Nacional 601.

El capítulo de la historia del personaje sería sin duda el más polémico. Joaquín García Morato -Melilla, 1904-Griñón (Madrid), 1939- fue un comandante de Aviación que se sumó a las tropas sublevadas al inicio de la Guerra Civil y que recibió las más altas distinciones militares por su hoja de servicios durante la contienda, en la que derribó al menos cuarenta aviones. Murió durante una exhibición nada más terminar la guerra -el 3 de abril- en el aeródromo de Griñón. Sus restos recorrieron la geografía nacional para ser homenajeado antes de recibir sepultura en Málaga.

Cambio de nombre en 1994

Pero sin duda, el caso más singular se encuentra río arriba, a la altura de Arturo Eyries. Es el puente de la División Azul. Este nombre no figura en realidad en panel alguno -tampoco turístico, por descontado-, pero sigue presente en los callejeros oficiales de la ciudad. Lo único que en realidad se cambió de nombre en 1994 fue la denominación de la cercana plaza del Doctor Quemada, hasta entonces de la División Azul -de ahí el nombre del puente-, para rendir homenaje al médico que fundó un sanatorio en las inmediaciones y a propuesta de los vecinos. Esa denominación, sin embargo, nunca alcanzó al puente.

La placa, no menos polémica que la del piloto García Morato, debería señalar en este caso que el puente se construyó en 1967 a cargo de una constructora para dar servicio a las nuevas urbanizaciones del entorno. Costó 20 millones de pesetas y en teoría debería llamarse de Arturo Eyries, aunque la proximidad de la plaza de la División Azul hizo quizás que adquiriera esta denominación, que aún hoy mantiene. Sobre la historia de la división en sí tendría que recogerse en la placa 'olvidada', al menos, que sus integrantes fueron 45.000 militares voluntarios que sirvieron al servicio de la Alemania nazi entre 1941 y 1943, sobre todo, en el frente ruso.

Y el resto es historia. Los otros siete pasos urbanos sobre el Pisuerga lucen desde comienzos de diciembre sus correspondientes placas oficiales con un breve repaso a su historia y la de sus personajes. El undécimo, el doble puente del Cabildo, no la tiene, pero la Ronda Norte queda evidentemente muy lejos de posibles paseos turísticos.

Este periódico intento sin éxito conocer el coste de la instalación de los paneles, así como los motivos que condujeron al 'olvido' en tres de los puentes. El Ayuntamiento declinó ofrecer explicaciones.

Fotos

Vídeos