Rajoy sabía antes del discurso de investidura que tendría que subir los impuestos

Asumió la decisión tras reunirse con sus barones, aunque lo negó ante el pleno del Congreso

ANTONIO MONTILLAMADRID.
Mariano Rajoy, junto a María Dolores de Cospedal y Esteban González Pons, durante la reunión que mantuvo el 1 de diciembre con sus barones autonómicos. ::
                             DIEGO CRESPO/
Mariano Rajoy, junto a María Dolores de Cospedal y Esteban González Pons, durante la reunión que mantuvo el 1 de diciembre con sus barones autonómicos. :: DIEGO CRESPO

La coartada de la inesperada desviación del déficit público que esgrimió el Gobierno el 30 de diciembre para subir los impuestos hace aguas. Mariano Rajoy supo de primera mano 18 días antes de su discurso de investidura que las autonomías, al menos las 13 gobernadas por el PP, incumplirían el objetivo de situar su déficit en el 1,3% del PIB a final de 2011. Pese a ello, Rajoy negó de manera rotunda ante el pleno del Congreso que tuviera intención de aumentar la carga impositiva para tapar esa agujero.

Una promesa que repitió en varias ocasiones durante la campaña electoral y que incumplió seis días después de tomar posesión. Soraya Sáenz de Santamaría explicó, tras el decreto ley aprobado en el Consejo de Ministros del penúltimo día del año, que se había producido una desviación del déficit presupuestario del orden del 8%. Un porcentaje que superaba en dos puntos el que había comprometido el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero. «Estamos ante una situación extraordinaria y no prevista y va a obligar a tomar medidas extraordinarias y no previstas», añadió la vicepresidenta antes de informar del incremento del IRPF, de la fiscalidad sobre el ahorro y del IBI.

Los dos puntos de desfase en los números rojos públicos -algunos ministros auguran que será superior y llegará al 8,2%- serían responsabilidad del Estado en un 0,4% y de los gobiernos autonómicos en un 1,6%, según indicó el titular de Economía, Luis de Guindos, en una conversación informal tras el Consejo de Ministros.

Rajoy conoció este revés, que obliga a aumentar en 20.000 millones el ajuste previsto inicialmente en 16.500 millones para poder cumplir con el objetivo de situar el déficit en un 4,4%, a finales de este año, el 1 de diciembre. Ese día se reunió en la sede nacional del PP con los presidentes autonómicos del partido. Solo faltaron el gallego Alberto Núñez Feijóo y el murciano Ramón Luis Valcárcel. Los barones se comprometieron, uno a uno, a cumplir con el compromiso de ahorro adquirido con la Unión Europea para 2012, pero confesaron que fallarían en la lucha contra los números rojos en 2011. El actual presidente oyó entonces vaticinios tan inquietantes como los comunicados por Castilla-La Mancha, Murcia o Valencia, con desviaciones que podrían disparar el déficit regional hasta cerca del 8%, según informaron varios presidentes autonómicos presentes. Los barones recordaron que muchas comunidades aplazan hasta final de año la contabilidad de gran parte de sus gastos, lo que agravaría la situación, como finalmente se ha confirmado.

En esta reunión, que concluyó con un almuerzo donde se siguió hablando de lo mismo, Rajoy adelantó a sus dirigentes que las decisiones que iba a adoptar en los tres primeros meses de su mandato tendrían consecuencias importantes para la economía. Ha quedado claro que el líder del PP no iba de farol porque a las primeras de cambio ha subido los impuestos a las rentas del trabajo y a las del capital y ha mantenido la congelación del sueldo de los funcionarios en lo que la propia Sáenz de Santamaría calificó de «el inicio del inicio» de los recortes. Los barones regionales consultados negaron que el «jefe» les hubiera anticipado en el cónclave del 1 de enero que fuese a tocar el IRPF.

Felicitaciones de Alemania

El Gobierno, ante este nuevo escenario, ha acelerado los trámites para convocar el Consejo de Política Fiscal y Financiera, que reúne a todos los responsables económicos de los gobiernos autonómicos para abordar la desviación del objetivo del déficit y la ley de estabilidad presupuestaria, que incluirá un techo de gasto para todas las administraciones públicas.

Mientras que el tijeretazo de Rajoy encontró en España el frontal rechazo de la oposición, en especial de PSOE e IU, y de los sindicatos, en Europa cosecha halagos. El ministro alemán de Asuntos Exteriores, el liberal Guido Westerwelle, se congratuló por las medidas de consolidación presu- puestaria y ahorro anunciadas por el Ejecutivo.

«Celebramos la intención del Gobierno español de adoptar un estricto curso de ahorro, como puede desprenderse de las recientes medidas adoptadas para la consolidación de los presupuestos», subrayó Westerwelle en un breve comunicado. «Apoyamos al Gobierno español en ese camino y mostramos nuestro gran respeto por la decisión con que se toman esos recortes dolorosos e inevitables», añadió.