Motes ovalados

Que los jugadores de rugby tengan su alias es un uso habitual en el Cetransa El Salvador y en el Quesos Entrepinares

V. BORDAVALLADOLID.

El rugby es un deporte con un carácter especial. Quizá su salto más tardío al profesionalismo ha permitido que los valores del grupo sean mucho más fuertes que en otros deportes. Sería algo así como pertenecer a una tribu muy cohesionada. Mucha gente no puede entender que, después de castigarte con dureza con el rival, te tomes una cerveza con él en el tercer tiempo. Son liturgias de un deporte especial, practicado por gente muy especial.

Una de las costumbres, menos frecuentes en otros deportes de equipo, es la de poner motes o sobrenombres a tus compañeros. En ambos conjuntos ha sido un uso habitual. Raro es al jugador al que no le sacan punta por su parecido a algo o a alguien, por su actitud o sus ideas. Nadie está a salvo de la acidez de los compañeros. El mote llega y se queda para siempre. Más de uno ya retirado hace años de la máxima competición todavía es recordado por su nombre de guerra.

Esta práctica de poner motes necesita de jugadores con una acidez especial. En el Cetransa siempre ha tenido fama de ello Manu Serrano. En el Quesos, por ejemplo, Nakayama también ha brillado en el papel de hallar un sobrenombre a sus compañeros. Un arte al alcance de unos pocos.

A continuación presentamos algunos de los sobrenombres que llevan los jugadores actuales como los históricos. Son los motes ovalados, los que acompañan a los Pirulo, Cano, Canas, Hansen, Bocas, Peisi, Mosqui, Mazao, Urullo, Toché, Demóstenes,... Hay otros políticamente incorrectos que hemos preferido dejar en el tintero.

Los nombres de guerra del Quesos

En el VRAC, la cantidad de motes es inmensa. Si en el primer equipo hay un gran número de jugadores señalados por un sobrenombre, en el filial son una multitud. Pero ciñéndonos al primer equipo, uno de los más destacados por su amplia trayectoria en el Quesos Entrepinares es el Ángel de la Calle, alias 'Mosqui'. El delantero recibió ese sobrenombre por culpa de un jugador del baloncesto que pasó con más pena que gloria por el Real Madrid, Skeeter Henry. Ángel veía con sus amigos los partidos de los blancos y Henry no brillaba. El único choque en que se salió Skeeter no lo vio el pequeño de la dinastía de los De la Calle. Su amigos se burlaron de él por ello y se mosqueó. Le endosaron el mote de Mosquito, del que viene Mosqui. Son ya diecisiete años que convive con esa denominación. Casi nada.

Fernando de la Fuente es más conocido por Canas. Este sobrenombre del técnico es fruto de un mechón canoso que lucía en su cabeza en tiempos jóvenes. Ahora, las canas son más abundantes y el pelo menos ralo. Cuando se le adjudicó el mote de marras, Canas rondaba la veintena. ¡No ha llovido desde entonces!

Álvaro Abril hijo sigue la estela de su progenitor como tercera línea. Su carácter movido le ha generado el mote de Alboroto. Su primo Guillermo llegó a la órbita del primer equipo cuando Álvaro Abril padre era presidente. Por ello, se ganó el nombre del sobrinísimo con una buena dosis de cachondeo.

El aspecto físico imponente de Diego Hernando Rojo le valió el sobrenombre de Mazinger. Era mucho más grande que los delanteros del primer equipo. El nombre del superrobot le venía como anillo al dedo. En el lado contrario de la balanza está Sergio Fernández, apodado Mini por su talla física.

Los motes de los hermanos mayores también han perseguido a los pequeños. El hermano de Urullo era conocido por Urullín -el de Merino es Merinín-. El sobrenombre de Urullo le acompaña a Manuel Sevillano desde la infancia y su paso por los 'boy scouts'. Urullo era uno de los personajes de la serie televisiva 'Noeli'.

Diego Sánchez tomó la desafortunada decisión de pedir un batido de vainilla en una parada cuando el equipo regresaba de Vigo. Vainilla le acompaña como mote desde entonces.

Juan Carlos Pico arrastra el apodo de Rubio. Se lo pusieron porque pensaron que sería el único blondo del barrio de Girón.

A otros les persigue el nombre de su negocio. Alberto Pastor es Urban, denominación de la cafetería que regenta en Arroyo de la Encomienda.

Ignacio Molina no causó una buena impresión a su llegada la disciplina del VRAC. El poderoso delantero llevaba un 'look' que llamó la atención de sus compañeros: gafas de sol, gorra y un pendiente. No se lo pensaron y le colgaron el apodo de Chulo. Vamos, más que un ocho.

Pablo César Gutiérrez no es informático, pero como si lo fuera. Las iniciales de su nombre son las de PC (personal computer), de ahí que se le reconozca con la pronunciación anglosajona de PC, Peisi.

Entre los históricos del Quesos Entrepinares, destaca Matthaus. Miguel Ángel Frechilla recibió este mote por cierto parecido con el sensacional futbolista germano. Los aficionados también se acordarán de un apertura de la década de los noventa, David Pérez Ledesma. Era conocido con el sobrenombre de Alvin, personaje central de la serie 'Alvin y las ardillas'. Al parecer, alguno de sus compañeros le veía cierta semejanza con ese personaje de ficción.

El que colecciona los motes a pares es Rodrigo López. Es conocido por Tamariz, por su pueblo de origen, y por Apu, por el tendero hindú de la popular serie americana de dibujos animados 'Los Simpsons'.

En la distancia, se encuentra en pleno Erasmus en Italia, tampoco hay que olvidarse de Álvaro Fernández, conocido como Flequi por su flequillo.

Los chamizos no se quedan atrás

En el Cetransa El Salvador también se ha prodigado el ejercicio de poner mote a todo bicho viviente. Podemos empezar por los históricos. Javier González Cancho, exjugador, extécnico y ex director deportivo en el Chami, era conocido por Negro por ser muy moreno. El actual presidente, Juan Carlos Martín, se quedó con el mote de Hansen, en homenaje a los hermanos Hanson, personajes del filme 'El castañazo', que protagonizaba Paul Newman.

Pablo Moncada recibió el sobrenombre del Abuelo, debido a que la mecha le duró lo suyo y se retiró a una edad tardía del primer equipo de El Salvador. También respondía por Buzzlightyear, personaje con el que guarda cierta semejanza física.

Álvar Enciso, uno de los últimos grandes capitanes chamizos, era conocido como Fortukin, ya que a su madre, Pilar Fernández Valderrama, le llamaba así. También Asís García Mazariegos recibía un mote en relación con su madre, Pitita. De ahí que el bueno de Asís se veía denominado por los demás como Pitito. Alfonso Mata también era reconocido por sus compañeros como Piti, nombre por el que le llamaba su progenitora.

Jaime Alonso Lasheras tenía la tendencia de abroncar a sus compañeros y, sobre todo, a José María Revilla, conocido en el mundo del rugby como Toché. Por ello, el medio melé, que era de los de ordeno y mando en el campo, fue rebautizado como Demóstenes.

Nacho del Canto contaba con un físico poderoso y era alto, lo que le valió el sobrenombre de Abedul. Sus compañeros lo acompañaban con el cántico de 'Quisiera ser tan alto como el Abedul, ei, ei'.

A Iván Garachana sus compañeros le bautizaron como Shreck por su parecido con el famoso ogro. Gabriel Martínez era conocido por Suker no por un supuesto 'affaire' con Ana Obregón, sino por cierto parecido con el futbolistas croata.

Diego Zarzosa mutó en Berzosa. Manu Serrano respondía a Uchi, que viene de Manuchi.

Esteban Roqué, un apertura argentino que dio un gran rendimiento en el Chami, fue bautizado por sus compañeros como Peki. Los motivos aducidos para semejante denominación venían de su corta estatura y de ciertos rasgos orientales. «Parecía que venía de Pekín», recuerda alguno de los que compartió vestuario con él.

A Alfonso Alonso Lasheras le cayó el mote de Eliansito. A sus compañeros les recordaba al niño cubano que, tras una odisea, fue repatriado a su país desde los Estados Unidos.

Ramiro García y Fran Carracedo son los Macarenos. Pepe Candau, otra de las leyendas del El Salvador como jugador y como técnico del primer equipo, atendía a Centenario en honor a la bebida que lleva ese nombre.

Israel Gorostiza tiene como sobrenombre Maxwell Smart, el superagente 86, por el parecido que guarda con el actor americano que da vida a ese espía.

Juan Carlos Pérez será siempre el Bocas. Sobran las razones, que son idénticas por los que el exjugador Oliver Vaquero es conocido por Boqui.

De los jóvenes, Marcial Castro recibe el mote de Hellboy, ya que sus compañeros le sacan parecido con el personaje creado por Mike Mignola. Pablo Feijóo tiene como sobrenombre Mortal, que viene del personaje de los tebeos Mortadelo. Alberto Díaz es Prosiquito por las continuas lesiones como Prosinecki. McDougall es Mandrugal por su 'cabezón'. David Martín responde a Morros.

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