Germán Delibes ingresa en Bellas Artes arropado por el mundo de la cultura

En su discurso de ingreso habló de sus investigaciones sobre el valle medio del Duero hace cinco mil años

VIRGINIA T. FERNÁNDEZVALLADOLID.
Germán Delibes recibe la medalla de la Academia de manos de su presidente, Jesús Urrea. ::                             A. QUINTERO/
Germán Delibes recibe la medalla de la Academia de manos de su presidente, Jesús Urrea. :: A. QUINTERO

Solemnidad y calidez para recibir a un miembro más de la gran y bien avenida familia que constituye la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, una institución cuyos propósitos se vinculan al fomento, defensa y difusión del patrimonio cultural de Valladolid. Germán Delibes de Castro pronunció ayer su discurso de ingreso en una corporación que inició su andadura pocos años antes de que Carlos III, cuya figura presidía desde su cuadro una sala repleta, la cobijara bajo su real protección en 1783.

El acto tuvo lugar en la Casa de Cervantes, que aloja las dependencias de la Academia. Su presidente, Jesús Urrea, y su secretario, Manuel Arias Martínez, abrieron la sesión, que comenzó con la entrada del académico electo flanqueado por los arquitectos Fernando Zaparaín, última incorporación, y Javier López de Uribe, el académico más antiguo de los presentes. Muy elegante, como el protocolo de la institución exige, Germán Delibes leyó su texto, bajo el título 'El pan y la sal. La vida campesina en el valle medio del Duero hace cinco mil años', al que la académica Eloísa de Wattenberg, madrina de su ceremonia de ingreso, dio una réplica de cierre regada de alabanzas al arqueólogo y prehistoriador vallisoletano, fundadas en una profusa carrera profesional cuya aportación al conocimiento de la vida de los asentamientos humanos en la Prehistoria reciente de los territorios que hoy constituyen el corazón de Castilla ha completado importantes lagunas de conocimiento científico.

El inicio de la lectura acalló los murmullos y acaparó por completo la atención de académicos y público, entre el que se encontraban numerosos personajes de la escena cultural local. Todos ellos arroparon las palabras de Germán Delibes. Las primeras, para agradecer la generosidad de quienes le acogían en nombre de la centenaria institución y mostrar su orgullo de ingresar en una «sociedad científica noblemente comprometida con el cultivo de las Bellas Artes y con el estudio de la Historia». La apertura del discurso se la dedicó Delibes de Castro a su antecesor en la medalla XIV, Juan José Martín González, a quien conoció como docente de Historia del Arte. Siguió una panorámica de los descubrimientos alumbrados a raíz de la investigación en la que Delibes de Castro se encuentra inmerso desde el Área de Prehistoria de la Universidad de Valladolid, focalizada en el yacimiento vallisoletano de El Casetón de la Era, en Villalba de los Alcores. Desveló datos inéditos de la vida cotidiana del campesinado que poblaba la zona del sector central de la meseta durante la Edad del Cobre. El descubrimiento por primera vez en el centro y oeste de Europa de trillos, la existencia de un régimen de aprovechamiento ganadero moderno que suponía la crianza de animales para la obtención de productos secundarios más allá del consumo de carne o la obtención de los primeros datos de la Península Ibérica que pueden relacionarse con la utilización de la tracción animal para el trabajo agrícola fueron algunos de los temas expuestos durante el discurso. El pan y la sal como productos de primera necesidad ocuparon buena parte de la exposición. El primero, como consecuencia de una cultura basada en el cereal que ha hecho de Castilla el «granero de España»; del segundo, muchos datos arroja el estudio de las salinas de Villafáfila. Su «oro blanco» era una de las contrapartidas comerciales en los intercambios de productos básicos, explicó Delibes de Castro, que desde ayer es miembro numerario de la centenaria institución.

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