Valladolid, en el punto de mira internacional

Mitterrand, premios Nobel de Literatura y presidentes hispanoamericanos han visitado la ciudad en eventos de gran relevancia internacional

ENRIQUE BERZALVALLADOLID.
1989. La Cumbre Hispano-Francesa trajo a la ciudad a Miterrand, entre otros mandatarios. ::                             EL NORTE/
1989. La Cumbre Hispano-Francesa trajo a la ciudad a Miterrand, entre otros mandatarios. :: EL NORTE

Hubo un tiempo en que si alguien pretendía medrar en política, acrecentar su capacidad de influencia o hacer pingües beneficios, debía venir a Valladolid. Era un traslado obligado. Ocurrió en 1601, cuando el monarca Felipe III decidió ubicar en esta ciudad la capital de la Corte; duró cinco años y fue toda una revolución.

Valladolid, que entonces contaba con 15.000 viviendas y cerca de 80.000 vecinos, experimentó un acelerado incremento de población y acogió a lo más granado del momento. La Corte ocupó la capital y sus edificios más notables, con ella llegaron, raudos, cientos de advenedizos del poder, la riqueza y la política, pero también la intelectualidad más relumbrante de la época: Góngora, Quevedo, Vélez de Gevara… el mismo Miguel de Cervantes se instaló el 24 de enero de 1603.

Salvando las distancias, a partir de mañana Valladolid vuelve a erigirse en referencia, no ya nacional, sino internacional, merced a la celebración de la V Cumbre Mundial del Microcrédito. Un evento de enorme relevancia para una ciudad que, sin necesidad de remontarse al siglo XVII, en varias ocasiones ha ejercido el papel de anfitriona en eventos que trascienden nuestras fronteras.

El acontecimiento internacional más importante vivido por Valladolid en el siglo XX tuvo lugar los días 23 y 24 de octubre de 1989, con la celebración de la III Cumbre Hispano-Francesa, con sede oficial en el Palacio de Santa Cruz. A la ciudad llegó el entonces presidente de la República Francesa, François Mitterrand, para departir con Felipe González sobre asuntos relacionados con la Comunidad europea, tales como la unidad monetaria, la Carta Social, la fiscalidad, la lucha contra el narcotráfico, el medio ambiente y la cooperación con los países de la EFTA, Polonia y Hungría.

Junto a la cooperación en materia de defensa, la intención más inmediata era mejorar el grado de institucionalización de las relaciones entre ambos países; en el fondo latían las tensas relaciones entre España y Francia a propósito de la actividad terrorista de ETA: aunque dos años antes había sido detenido en Francia el dirigente etarra Santi Potros, el estatuto de refugiado político concedido en 1983 por el país vecino impedía su extradición a España.

La cumbre, a la que acudieron los responsables españoles y franceses de Exteriores, Defensa, Economía, Cultura y Comunidad Europea, apenas concretó acuerdos de calado. Pero eso sí, no eludió una visita a los edificios más notables de la provincia, entre ellos la biblioteca del Palacio de Santa Cruz, el Museo Nacional de Escultura, el Archivo General de Simancas o el Monasterio tordesillano de Santa Clara.

Las anécdotas de la cumbre

Y dio para anécdotas jugosas. Como cuando Mitterrand y González llegaron al Archivo simanquino y el entonces alcalde de la villa, Miguel Ángel Carbajo, los agasajó con la actuación de un grupo de danzas.

Pasaban los minutos y Ascensión de la Plaza, directora del Archivo, pensando que no a iba a tener tiempo para mostrar a los mandatarios los documentos de acuerdos hispano-franceses elegidos para la ocasión, insistió hasta conseguir que ambos se sustrajeran a la magia de la danza y entraran en la fortaleza. «Tiene usted tanta energía y tanto entusiasmo, que la voy a nombrar ministra del Interior», le dijo Felipe González.

No solo eso: un ilustre catedrático de la Universidad vallisoletana apenas pudo ocultar su sorpresa, rayana en el estupor, ante los reparos antifranquistas que el entonces ministro de Cultura, Javier Solana, ponía a un escudo con el águila de San Juan, el yugo y las flechas: se trataba del emblema de los Reyes Católicos que decora los azulejos de la escalera del Palacio de Santa Cruz.

Además, entre los corresponsales de medios nacionales cundió el alarmismo ante la, según ellos, clamorosa ausencia de medidas de seguridad: «En los actos de cobertura gráfica, fotógrafos y cámaras se acercan demasiado a los dos presidentes. A cualquier terrorista le puede resultar muy fácil atentar contra ellos», protestaban ante unos periodistas vallisoletanos a los que dicho temor, en una tranquila ciudad de provincias, les resultaba chocante.

Claro que el encuentro tampoco quedó exento de polémica: la proximidad de las elecciones generales, celebradas cinco días después, hizo que cundieran las acusaciones de electoralismo contra Felipe González. Así lo expresó una minoría alborotadora a la entrada del Palacio de Santa Cruz, mientras jóvenes de AP repartían octavillas con el lema «1492, Cristobal Colón descubrió América. 1989, Felipe González descubre Valladolid. ¡Qué pena!». Ignoraban que González ya había estado en la ciudad en 1974 para defender, como abogado, a los trabajadores despedidos de FASA.

Cinco años más tarde, el 7 de junio de 1994, era la localidad vallisoletana de Tordesillas la encargada de concitar la atención internacional con motivo del V Centenario del célebre Tratado por el que las Coronas de Castilla y Portugal se repartieron los derechos de navegación y conquista del Atlántico. La villa acogió exposiciones, conferencias, conciertos, recitales, jornadas gastronómicas y cinematográficas, encuentros de periodistas y parlamentarios; y también la solemne inauguración de las Casas del Tratado por parte de los Reyes de España y el entonces presidente de la República Portuguesa, Mario Soares.

En octubre de ese mismo año, la ciudad se erigía en «capital moral de la Lengua Española» gracias a un Congreso de Premios Cervantes rematado con la firma del llamado 'Documento de Valladolid', sentido alegato en pro de la defensa y difusión del idioma español; su lectura, a cargo del catedrático Emilio Alarcos, tuvo lugar en el Palacio de Pimentel, sede de la Diputación Provincial y lugar de nacimiento de Felipe II. Antes de eso, el Paraninfo de la Universidad había acogido las sabias palabras de Miguel Delibes, Adolfo Bioy Casares y Ernesto Sábato.

Capital de la lengua

Era el precedente del II Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en esta ciudad del 16 al 19 de octubre de 2001 bajo el título 'El español en la Sociedad de la Información'. Organizado por el Instituto Cervantes y la Real Academia Española en colaboración con las veintiuna Academias de Hispanoamérica, Estados Unidos y Filipinas, la nómina y categoría de los asistentes fue deslumbrante: junto a los Reyes de España participaron, en el acto de apertura celebrado en el Teatro Calderón, los presidentes de México, Argentina, Colombia, Guinea Ecuatorial, el secretario general de la oficina de la Presidencia de Filipinas y, por supuesto, José María Aznar como jefe del Gobierno español; les acompañaron en dicha jornada inaugural los premios Nobel de Literatura Camilo José Cela y Mario Vargas Llosa, y el historiador y antropólogo mexicano Miguel León Portilla.

El 65% de los más de 300 asistentes al Congreso procedía del continente americano. En el evento no faltaron, desde luego, académicos de la talla de Miguel Delibes; los directores de las veintiuna Academias de la Lengua; el entonces director de la española, Víctor García de la Concha; Jon Juaristi, como director del Instituto Cervantes, así como rectores, expertos universitarios, periodistas, directores de medios de comunicación, hispanistas, lingüistas y filólogos, tanto españoles como hispanoamericanos.

Entre sus conclusiones destacaron la necesidad de promocionar el idioma en Internet y la propuesta de crear un Observatorio del Neologismo «para unificar y orientar a la comunidad hispanohablante sobre palabras, giros y construcciones procedentes de lenguajes específicos», propios de las nuevas tecnologías.

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