El accidente de un bus urbano reaviva la polémica de la peligrosidad en Parquesol

Los vecinos critican la falta de control del tráfico y la velocidad en la entrada sur del barrio

J. SANZVALLADOLID.
Los policías locales retiran el Seat León de la calzada. ::                             J. S./
Los policías locales retiran el Seat León de la calzada. :: J. S.

«Un milagro, ha sido un verdadero milagro», repetían los policías locales que intervinieron en el aparatoso accidente sufrido por un autobús urbano a primera hora de la mañana de ayer en la calle Ciudad de la Habana. Su conductor, un hombre de 51 años y amplia experiencia, sufrió un desmayo cuando superaba una curva a la altura del centro de salud de Parquesol y el vehículo salió despedido sin control hacia el carril contrario para detenerse contra un árbol después de llevarse por delante una farola y cuatro coches. La suerte quiso que nadie, ni peatones ni vehículos, pasaran en ese instante por la principal vía de doble carril de entrada y salida del sur del segundo barrio más poblado de la capital.

El siniestro, aunque fortuito, reaviva la polémica sobre la peligrosidad de esta calle. «Estamos hartos de contar accidentes, de la falta de control de la velocidad excesiva a la que vienen los coches y de jugarnos la vida cada vez que cruzamos», coincidieron en señalar vecinos y afectados por el accidente de ayer. El radar situado justo a la vuelta, critican, «solo sirve para que se levante el pie al llegar a su altura».

Los hechos ocurrieron a las siete en punto de la mañana en el carril de salida de Ciudad de la Habana. El autobús urbano de la línea S3 (Las Flores-Parquesol-Argales) acababa de terminar su ruta y circulaba en ese instante sin pasajeros. El conductor , F. T. B., había superado una curva de derechas cuando sufrió el desvanecimiento. El vehículo salió disparado en diagonal, saltó el bordillo de la mediana, derribó una farola y continuó su camino hasta impactar contra cuatro coches estacionados junto al carril contrario, frente a la urbanización Los Cerezos, a la altura de los números 19-25.

«Estaba tumbado y grogui»

Primero arrancó de cuajo la farola, luego se empotró contra un Jaguar, después desplazó varios metros un Renault Clio, golpeó a un Citroën Xsara y se detuvo frenado por el Clio y un árbol sobre la acera de la citada urbanización. Un cuarto turismo, un Seat León, también sufrió cuantiosos daños materiales al ser alcanzado por el Xsara. El lugar del siniestro se convirtió en un auténtico caos en los minutos siguientes.

Los primeros en llegar allí fueron los agentes de una patrulla de la Policía Municipal. «Nos encontramos con el conductor tumbado y completamente grogui», relataba después uno de los funcionarios. Lo sorprendente, añadió, es que «no parecía tener lesiones graves más allá de alguna contusión y los cristales que le habían caído al romperse la luna».

El conductor, cuando recuperó la consciencia, solo acertó a decir que «no recordaba absolutamente nada de lo que había sucedido». Para entonces ya habían llegado al lugar del siniestro más agentes y los primeros sanitarios. Estos últimos atendieron al herido antes de evacuarlo en una UVI móvil al Clínico, donde continuaba ingresado en observación al cierre de esta edición, según confirmaron ayer fuentes sanitarias.

El impacto sacó de la cama a decenas de vecinos de la urbanización, que poco a poco fueron saliendo de sus casas para comprobar si sus coches estaban dañados. Los cuatro turismos que recibieron el impacto, y que sufrieron cuantiosos daños materiales, pertenecían a inquilinos de Los Cerezos. La fortuna quiso que ni ellos ni los pacientes del ambulatorio ni, sobre todo, las decenas de niños que acuden al cercano instituto Jiménez Lozano al filo de las ocho de la mañana por esa misma acera pasaran por ella en el momento del brutal accidente.

Entre los damnificados se encontraba el jugador del Balonmano Valladolid y de la Selección Española Asier Antonio, dueño del Seat León. El pivote de 2,04 destacó que «lo importante es que son solo daños materiales y eso se puede arreglar».

Hasta cinco grúas se juntaron allí media hora después del impacto para comenzar a retirar vehículos. Lo más costoso fue sacar el autobús, que quedó encajado entre los aparcamientos, la acera, los coches, el árbol derribado y el muro de la parcela de la urbanización. Más de una hora tardó una grúa de la propia empresa del servicio de transporte urbano en sacar su vehículo. Los cuatro turismos siniestrados fueron retirados dos horas después.

La calle, sin embargo, no quedó completamente despejada hasta cerca de las diez de la mañana. Allí trabajaban aún a esa hora los técnicos municipales del Servicio de Alumbrado Público y los operarios de Limpieza y Parques y Jardines para limpiar la calzada, llena de cristales, y retirar el árbol derribado por el autobús justo antes de detenerse.

Ingresado en observación

La ausencia de marcas de frenado en el trayecto de más de cien metros que recorrió el autobús dan fe de que al conductor sufrió un desmayo en el momento del siniestro.

La víctima acababa de terminar su ruta de la línea S3 y se dirigía ya vacío hacia La Rubia a comenzar otro servicio, en este caso para la línea 11, que tenía la hora de inicio de su recorrido a las siete y media.

«Cubría una línea laboral y estaba posicionándose para comenzar el otro servicio en la 11 cuando todo apunta a que sufrió un desvanecimiento y se produjo el accidente», explicó el gerente de Auvasa, Fernando de la Cruz, antes de añadir que «por fortuna no ha pasado más que daños materiales y de eso se encargará el seguro». El responsable de la empresa de transportes confirmó que el trabajador estaba «en observación» y que el vehículo iba «vacío» en el momento del accidente.

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