Los más ilustres del cementerio

Los personajes conocidos se dispersan por el camposanto de Palencia, a falta de un panteón común

PILAR ROJOPALENCIA.
Busto de Natalio de Fuentes, empresario y exalcalde de Palencia, en el cementerio municipal de Nuestra Señora de los Ángeles./
Busto de Natalio de Fuentes, empresario y exalcalde de Palencia, en el cementerio municipal de Nuestra Señora de los Ángeles.

«De distinguida prosapia, casa u origen. Insignes, célebres». Ésta es la definición de 'ilustre' que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española. Pero mientras que en otras ciudades, como la cercana Valladolid, también se tiene una deferencia con ellos después de muertos y se les agrupa en un panteón de ilustres, en el camposanto palentino de Nuestra Señora de los Ángeles, donde la historia también ha dejado insignes nombres, están diseminados. Sus tumbas son llamativas o discretas, con grandes esculturas y pinturas o con pequeñas cruces, pero los nombres inscritos en ellas evocan a hombres y mujeres que forman parte de los anales de la historia local.

El actual cementerio municipal se inauguró en el año 1942, cuando era alcalde de Palencia Severino Rodríguez Salcedo. Una mujer gitana fue la primera en ser enterrada. Desde entonces, en estas ocho décadas, han sido varios los personajes que con su fama o su trabajo y que ahora descansan en este camposanto. Un paseo entre las tumbas invita a descubrir cuántos ilustres están allí enterrados. El farmacéutico Natalio de Fuentes, el arquitecto Jerónimo Arroyo, la oftalmóloga Trinidad Arroyo, el diplomático Gonzalo Diéguez, el músico Guzmán Ricis, los empresarios Facundo Blanco o Eduardo Junco o el comandante Lorenzo Ramírez son solo algunos de esos nombres conocidos que están enterrados en el cementerio palentino.

Llama especialmente la atención, quizás por el busto en piedra que preside su tumba, la sepultura de Natalio de Fuentes. Su nombre evoca a un farmacéutico que fue una auténtica autoridad en una ciudad de la que incluso llegó a ser alcalde, y que aglutina anécdotas como la de haber sido titular del primer teléfono que hubo en Palencia, según señala el historiador Julián García Torrellas.

Escondida entre las agolpadas sepulturas del cementerio palentino, y tan austera que apenas llama la atención, se encuentran dos grandes palentinos que comparten lazos familiares y tumba: Jerónimo Arroyo y Trinidad Arroyo. El primero fue arquitecto y escultor, autor de algunos de los edificios más emblemáticos de la ciudad, en los que introdujo ese toque de arquitectura modernista que trajo de su etapa en Cataluña. Jerónimo Arroyo diseñó la Diputación, el edificio del Consejo de Cuentas, el colegio de Villandrando o el instituto Jorge Manrique, entre otros muchos. Comparte espacio en el camposanto con la que fue la primera oftalmóloga de todo el país. Trinidad Arroyo tuvo que luchar a finales del siglo XIX con un cultura machista que no concebía la presencia de una mujer en las aulas universitarias, y se convirtió en una de las más prestigiosas facultativas, capaz de revolucionar algunos tratamientos en el campo de la visión. Exiliada en Méjico, donde murió en 1959 a los 87 años, los restos de Trinidad Arroyo han sido traídos al cementerio de Palencia hace un año.

También en el mundo de las artes y de la creación se enmarca el nombre de Antonio Guzmán Ricis, que forma parte de la historia de Palencia como director y creador de la Banda Municipal de Música y autor del Himno a Palencia, en cuya tumba figuran inscritas precisamente las primeras palabras de este canto a la ciudad: «Dios te salve». La letra del himno fue escrita por Ambrosio Garrachón Bengoa.

Y todos los honores que tuvo en vida (teniente de navío de primera clase, presidente de la Diputación de Palencia, senador del Reino, diputado en Cortes y gobernador civil, además de todas la condecoraciones que recibió) aparecen inscritas en la lápida donde yacen los restos de Narciso Rodríguez Lagunilla. Originario de Fuentes de Nava, llegó a ser teniente coronel de Infantería de Marina y tuvo una ascendente carrera política, que le llevó de Palencia (donde se instaló para promover unos fructíferos negocios vitivinícolas en Villamuriel) a Málaga y Sevilla, adonde fue trasladado como gobernador. Además de en el cementerio, su nombre aún pervive en la conocida como 'Casa de los Lagunilla', donde vivió, en la esquina entre la Calle Mayor y San Bernardo.

Otro hombre que llevó el nombre de Palencia por todo el mundo fue Gonzalo Diéguez Redondo, un ilustre palentino que volvió a su ciudad natal para ser enterrado en su cementerio después de ejercer su carrera diplomática en Perpiñán, Guatemala, Oslo, Portugal, Rosario, Jerusalén o Ammán. En estos dos últimos lugares, como cónsul y embajador.

Junto a estos ilustres, que son solo una pequeña representación de los conocidos palentinos que descansan en el cementerio, se encuentran las tumbas de decenas de personajes que, aunque tuvieron una proyección más local, también han escrito la historia de Palencia. Valentín Bleye, Abilio Calderón o el comandante Lorenzo Ramírez y otros conocidos profesionales y políticos figuran en las tumbas del camposanto palentino.

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