Sobre las bodegas

Espinosa de Cerrato es una de las villas más extremas del Cerrato palentino, y posiblemente por ello menos conocida. Bueno, pues ustedes se lo pierden, porque Espinosa es uno de los pueblos más atractivos de esta sureña comarca palentina. Nace y discurre por allí uno de sus ríos más autóctonos, el río Franco, de aguas puras y cristalinas, que algunos dicen que son hasta medicinales. Yo no digo tanto, pero seguro que añadiéndola al vino que se criaba en sus numerosas bodegas, el caldo mejoraba mucho.

Espinosa tiene tantas bodegas que si se viniesen un día abajo se hundiría el pueblo, y lo digo en el más puro sentido geológico del término, que no en el económico, pues todo su casco urbano se instala sobre un verdadero laberinto de galerías excavadas en sus entrañas. Este fotogénico pueblo conserva en su entramado urbano algunos de los rincones más entrañables de la arquitectura tradicional cerrateña, caracterizada por sus paramentos de adobes blancos o lechares.

Si se pasean por sus empinadas y estrechas callejas, inexorablemente terminarán en la Plaza del Ayuntamiento, y junto a él verán la iglesia parroquial de San Martín de Tours, de clara influencia franca. Dentro, destacan su retablo mayor barroco, con un original altorrelieve de San Martín partiendo su capa en el tímpano, los restos de una buena tabla pintada, su pila bautismal, algunas vigas mudéjares pintadas recientemente aparecidas en el sotocoro, y la bella imagen de Nuestra Señora del Sauco, patrona del pueblo, que también tiene su correspondiente ermita.

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