José Manuel Ballester: «Una cultura cerrada es propensa a conceptos absolutos»

La luz, el tiempo y el vacío se conjugan en la nueva exposición de uno de los fotógrafos españoles más internacionales José Manuel Ballester Fotógrafo

DANIEL ROLDÁNMADRID.
José Manuel Ballester posa delante de una de sus obras. En la fotografía inferior, una mujer estudia una de las cincuenta nuevas obras del artista madrileño. ::                             JOSÉ RAMÓN LADRA/
José Manuel Ballester posa delante de una de sus obras. En la fotografía inferior, una mujer estudia una de las cincuenta nuevas obras del artista madrileño. :: JOSÉ RAMÓN LADRA

El mundo de José Manuel Ballester (Madrid, 1960) se mueve en unas fronteras difusas, como la realidad y sus diferentes percepciones. Su última exposición, 'La abstracción de la realidad' (en la madrileña sala Alcalá 31 hasta el 20 de noviembre), incide en este juego. El Premio Nacional de Fotografía del pasado año deja al espectador a su aire; lo abandona ante cincuenta monumentales fotografías de edificios conocidos. Pero con un enfoque diferente, extraño, donde las líneas puras, los vacíos, los lugares perdidos buscan un significado. El del espectador.

-¿Qué siente al exponer?

-Mucha energía porque tienes que ordenar todo ese material que tienes en mente. Es una energía que es muy positiva y necesaria porque te obliga a cambiar el ritmo y a reflexionar, a hacerte más exigente si cabe. Exponer no solo es exponerse de cara al público sino también reflexionar, meditar, hacer una parada para pensar qué hago a partir de aquí. Incluso te puede abrir brechas internas.

-¿Para ver nuevos horizontes?

-Sí, porque es algo natural. Lo ilógico es que no haya fluctuaciones, o rupturas.

-Sus últimos lo ligan a la arquitectura, ¿qué es para usted?

-Es un pretexto. Hay edificios que tienen tanta personalidad que es difícil camuflarlos. Pero no es mi objetivo retratar estos edificios. Utilizo estos lugares como escenario para expresar otras cosas.

-¿El vacío?

-El vacío o la luz, que coge más protagonismo en estos lugares por los reflejos y los pequeños detalles. Pero lo importante es la inacción.

-¿Por qué es vital?

-Porque el tiempo parece que desaparece. La acción se termina, se acaba y entra en reposo. El tiempo existe por la acción, el movimiento. Si podemos entender el tiempo es porque las cosas cambian y eso es lo que nos hace determinar y distinguir. Y luego está nuestra propia consciencia del tiempo. Yo hablo mucho del tiempo psicológico. No es lo mismo una hora para una persona que está en prisión que para una persona en libertad. Y sin embargo los segundos cuentan igual. El tiempo lo percibimos de una forma muy elástica. Cuando no quieres estar en un sitio se te hace eterno y cuando disfrutas, te sabe a poco. Esa percepción está impuesta por nuestros deseos. Según crees así ves, dice el proverbio chino. Todo este caldo de sentimientos intento plasmarlo en mis creaciones.

-Pero su elemento más usado es la luz. Busca siempre darle un mayor protagonismo.

-Es que lo es todo. Es una referencia a lo mágico, a lo transcendente. Supera a nuestra propia existencia o comprensión. Utilizo esas cosas para reflejar lo que tiene de incomprensible y de mágica la vida. También la actitud de cada uno es importante. Si uno quiere ver las cosas positivas, verá luz; si solo quiere ceñirse a las tinieblas verá el pozo de lo tenebroso. Esa predisposición de cada uno es importante.

-¿Por qué despoja a sus obras de artificios?

-El vacío es la necesidad de desligarte de tus ataduras. Es libertad, acción, oportunidad… Tiene una cantidad de connotaciones muy positivas. Pero también es desolación. A muchos espectadores mis obras les inquietan o les dan calma. Mi trabajo consiste en plantear ese panorama abierto.

-¿Siempre juega con los sentidos de la realidad, tanto interior como exterior?

-Conocer la realidad la puedes conocer en un monasterio de clausura. Pero eso hago referencia al conocimiento interior. No necesitas viajar para conocerte a ti mismo., aunque es una decisión muy personal. Viajar a otros países, a otras realidades, te permite revitalizar las cosas. Eso es muy importante porque una cultura cerrada es propensa a conceptos absolutos. Además, no tiene sentido porque hay muchos puntos en común de culturas que no han tenido contacto entre sí o que son muy distantes.

-Pero, ¿hay alguna cosa, algún rasgo común en todas?

-Sí, la existencia humana. Puedes pertenecer a una cultura u otra pero la existencia humana es común a todos. Y todos podemos hablar de eso porque es algo común.

-¿Una existencia en sociedad?

-Cada uno representamos un papel que contiene una dualidad: por una parte un sacrificio para vivir en sociedad y, por otra parte, una calidad de vida que nos dan. Tú pagas unos tributos por la sociedad en la que vives. Pero a la vez no puedes dejar de ser tú. Esa armonía me parece necesario investigar.

-Una confrontación que se agudiza en estos tiempos.

-Sí, porque cuando la sociedad que te sostiene se tambalea, todo se mueve. Pero lo más dramático es el miedo. Si la crisis se tiene que lidiar, el peor aliado es el miedo. Y lo oímos todos los días en los mercados, la recesión. Se instaura como el gobernador de todo. Pero se puede afrontar: hay que aliarse con otras virtudes, como la fuerza de voluntad.