El japonés Ernesto

La afición no ocupó ni siquiera un tercio de la plaza de toros de Zorrilla en una tarde aburrida

NIEVES CABALLERO NCABALLERO@ELNORTEDECASTILLA.ESVALLADOLID.
Un grupo de aficionados en la primera corrida de la feria de Valladolid. ::
                             REPORTAJE GRÁFICO HENAR SASTRE/
Un grupo de aficionados en la primera corrida de la feria de Valladolid. :: REPORTAJE GRÁFICO HENAR SASTRE

Desde luego los japoneses y los españoles debemos tener un pasado lejano común desconocido. Si hay alguien que se entrega en una plaza de toros ese es el aficionado japonés. Es un pueblo enamorado del flamenco y de los toros. Junji, que se presenta como Ernesto porque admira al escritor argentino Ernesto Sábato, ha gastado sus cuatro únicas semanas de vacaciones para asistir a corridas de toros por toda la geografía española, hasta 20 ha visto. Ayer remataba en Valladolid, antes de regresar a su país, apenado por no poder ver a José Tomás, «esa leyenda del toreo», aunque su preferido es José María Manzanares. Con una moderna y ligera cámara de vídeo (no separábamos menos), retrataba a las periodistas, divertido, mientras asegura que verá las fotos a través de www.elnortedecastilla.es, página digital que ya conoce y consulta desde el país del Sol Naciente. No podían evitar sonreir los aficionados sentados a su alrededor en el tendido 6, en mismo en el que se ubican desde hace 25 años los magos José Vielba y Maite Martín, aunque les han cambiado de asiento. Los que mantienen sus plazas son el constructor Francisco Capellán y su mujer, Carmen Fernández; Tere Molero y su sobrino José; el dentista Curro Pérez Díez y su mujer, Ángela de la Calle; Lourdes Sánchez Capellán y su hija, Sara Sanz Sánchez; Carlota Treceño y Javier Luquero; y la prima de esta última, Inmaculada Treceño, que es abonada desde los 14 años en tabloncillo del tendido 1. Su nacimiento en la calle Coso ha debido marcar su afición.

Algunos de los aficionados vallisoletanos se entregaron ayer a Joselillo, hasta conseguir la única oreja de la tarde en su primer toro. Apéndice que acabó en manos de tres de sus seguidores, el ganadero salmantino José Manuel Sánchez Herrero, José Antonio Rodríguez y Antonio Sacristán, El Granuja, de la Peña el Niño de la Capea. Menudo susto que se dieron ayer los portoneros cuando el quinto toro de la tarde se golpeó con violencia contra las tablas y se partió un cuerno. Descoordinado, se arrancó contra la puerta principal y saltó el cerrojo. No hubo que lamentar más que el rozón que sufrió contra la talanquera el joven Millaruelo, hijo del desaparecido consejero de Cajamar. Del mundo del toro destacaban el apoderado de Morenito de Aranda, Ignacio Zorita; y el empresario Carlos Zúñiga hijo.

Por cierto, qué gran idea han tenido los hermanos Aureliano, Ángel y Lucio San Juan, de la Brasería Molino Rojo, al repartir paipay con el cartel de la feria.