Las iusiones viven bajo una carpa

Tigres, cocodrilos, serpientes, payasos, trapecistas y equilibristas participan en las funciones del Circo Holiday

ALBA ALONSOPALENCIA.
Uno de los payasos del circo Holiday interactúa el pasado sábado con el público. ::
                             VÍCTOR HERRERO/
Uno de los payasos del circo Holiday interactúa el pasado sábado con el público. :: VÍCTOR HERRERO

La caravana del circo ha llegado a Palencia. Equilibristas, domadores, gimnastas, contorsionistas, acróbatas aéreos, trapecistas y payasos, acompañados de tigres, caballos, cocodrilos y serpientes ya están instalados en los alrededores del recinto ferial dispuestos a deleitar con sus destrezas y habilidades a grandes y pequeños. Como cada año el Circo Holiday llega a la capital para alegrar con su espectáculo los sanantolines. Y es que con esta ya son quince las veces que la carpa del Holiday, uno de los circos más grandes de España, visita la ciudad. «Este circo, como tal, lleva funcionando 24 años, pero mis padres, mis abuelos, y mis tatarabuelos ya se dedicaban al circo», explica Ramón Sacristán, el gerente del Holiday. Y es que desde hace seis generaciones, la familia de Ramón ha ido de pueblo en pueblo, de feria en feria, tratando de entretener y sorprender a las gentes de aquí y de allá. «El circo ha cambiado mucho en los últimos años. El público tiene más comodidades y en la carpa contamos con más medios técnicos para el espectáculo», explica Ramón, que también es domador de fieras. Pero en el circo no solo ha cambiado el espectáculo. La forma de vida de los artistas y de los familiares que les acompañan también ha experimentado mejoras. «Nuestras caravanas ya son como casas móviles, contamos con todas las comodidades», afirma.

66 personas conforman el convoy del circo Holiday, compuesto por los artistas que actúan en la pista, los trabajadores que montan y desmontan el escenario o los que se ocupan de vender las entradas y las palomitas. Además, los trabajadores del circo se llevan con ellos a sus familias. En la actualidad, 20 niños viven en el circo, que gira por el centro y el norte del país los 365 días del año. Por ello, los pequeños cuentan con una escuela que les permite seguir sus estudios con total normalidad. «El circo habilita una caravana como aula, y una vivienda para el maestro, y el Ministerio de Educación nos facilita un profesor, que gira con nosotros durante el curso», explica Ramón.

Pero este progreso, que hace mejorar el espectáculo y la calidad de vida de los artistas, también ha repercutido de forma negativa en el mundo del circo. La sociedad ha cambiado mucho, y a los niños aquello de ir al circo para ver a los payasos y las fieras ya no les fascina como hace años. «Hace 20 ó 30 años el circo se llenaba allá donde llegase. Todo el mundo estaba deseando acudir para pasar un rato diferente. Ahora, los niños no dejan la televisión y las consolas para venir a vernos», se lamenta el gerente, porque en nuestro país , a diferencia de otros lugares como Francia o los estados del este de Europa, se está perdiendo la cultura del circo tradicional. «En Francia, las familias enteras siguen acudiendo juntas a disfrutar del circo», asegura Sacristán. Y es que hay pocos momentos tan mágicos como una tarde de circo, ya sea por la ilusión de los pequeños, que acuden encantados, o por la de quienes ya no lo son tanto pero, al pasar el umbral de la carpa, lo olvidan todo para volver a ser niños una vez más.

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