La plaga de conejos se reduce el 70% en la ciudad

La superpoblación destruye más de 300 árboles en Parquesol, Villa del Prado, Fuente el Sol y Las Contiendas

E. GUTIÉRREZVALLADOLID.
Madrigueras en el parque de Los Almendros, en Parquesol. ::                             A. Q.                                                Uno de los ejemplares. ::                             A. Q./
Madrigueras en el parque de Los Almendros, en Parquesol. :: A. Q. Uno de los ejemplares. :: A. Q.

Se terminó la plaga de conejos. O al menos en la capital. Porque a menos de 12 kilómetros de la ciudad, en varios pueblos de la zona de Cigales, la superpoblación de estos mamíferos ya ha arrasado más de 15.000 hectáreas de cultivos de cebada, viñedos, girasol y remolacha, lo que ha originado unas pérdidas de cinco millones de euros, según Asaja. Mientras que en la provincia los conejos corretean a sus anchas, en la ciudad ya no existe la superpoblación de conejos que cohabitaba con los vecinos de Parquesol los primeros meses de año. Tras seis meses viendo a estos pequeños mamíferos paseándose por los barrios de Parquesol, Fuente el Sol, Villa del Prado, Las Contiendas e, incluso, por la Flecha, fuentes de la concejalía de Desarrollo Sostenible confirman que «la plaga de conejos está controlada».

En esta ocasión, los descastes, realizados desde febrero a junio por cinco equipos de cazadores autorizados por la Junta, han dado sus frutos y la población de estos mamíferos se ha reducido en un 70%, pese a que no han intervenido en una de las zonas más afectadas, como es Cañada Real. El motivo, según fuentes de Desarrollo Sostenible, se debe a que no han recibido ningún aviso, aunque señalan que «seguro que habrá conejos». Durante estos seis meses, aseguran que han capturado entre 1.000 y 2.000 conejos. «Ahora está más limitada y ya no hay superpoblación, pero siempre habrá conejos», puntualizan.

Grandes reproducciones

Aunque por el momento la población de estos mamíferos esté controlada, no es difícil encontrar todavía alguno que otro por la ciudad. No es fácil controlar las desmesuradas reproducciones de estos animales, especialmente, en hábitats donde no tienen grandes obstáculos para conseguir comida, ni depredadores, por lo que fuentes de la Concejalía de Desarrollo Sostenible indican que «hay que estar alerta y controlarlo de cara a a la siguiente cría que seguramente será en otoño».

La convivencia con estos pequeños animales no deja indiferente a nadie. Sus madrigueras, excrementos y mordiscos en los troncos de los árboles han destruido rosaledas, zonas arbustivas y unos 300 troncos en las zonas más dañadas, aunque no descartan que haya más árboles afectados de manera «más leve», pese a los más de 1.500 árboles que se protegieron con tubos de plástico para evitar su destrucción.

En cuanto al tema monetario, fuentes de la Concejalía de Desarrollo Sostenible aseguran que en daños materiales el coste asciende a entre 50.000 y 100.000 euros en los dos últimos años, pero que los descastes no han costado nada porque «los cazadores lo hacen por el hecho de cazar».

Con los conejos capturados, los cazadores se quedan con buena parte de ellos, «siempre que cumplan con una serie de condiciones» que impone la Junta, como que no se comercialicen, ni se transportasen de la zona y que los lleven al crematorio si tienen afecciones contagiosas. Otra parte de los animales capturados la utilizan para repoblar los cotos más cercanos.

En este sentido, el presidente de la Federación de Caza en Valladolid, Santiago Iturmendi, asegura que son unas cantidades «inasumibles» para el consumo propio, por lo que cree que «lo más seguro es que los conejos terminen en la basura». Iturmendi insta a modificar la legislación vigente, pues ve un «contrasentido» que la ley prohiba traslocar conejos de un coto a otro «cuando en algunos faltan y en otros sobran». Eso sí, siempre con las «garantías sanitarias pertinentes». Asimismo, no cree exista un comercio ilegal de conejos porque sería «muy fácil de detectar».

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