Homenaje al tango clásico

ALFREDO J. GÓMEZ
Fabián Carbone toca el bandoneón, durante la interpretación de uno de los tangos. ::
                             RICARDO OTAZO/
Fabián Carbone toca el bandoneón, durante la interpretación de uno de los tangos. :: RICARDO OTAZO

Descendiente de una familia de bandoneonistas y músicos de tango y formado en la escuela popular del bonaerense barrio de Avellaneda, Fabián Carbone siempre ha querido acercar la música de su tierra querida desde el respeto hacia la más fiel tradición tanguera y milonguera nocturna y los elementos que mejor se fusionan y lo enriquecen. Así se presentó en la noche de ayer en las Noches de San Benito, con su versión auténtica de los tangos argentinos.

Desde los tangos canallas que se cantaban en las 'barras' de los burdeles y arrabales de mala reputación, en la parte más vieja de Buenos Aires, hasta la orquestación de esos mismos tangos, sin perder la esencia, con el ritual que lo engrandece y lo expresa a través, en este caso, del bandoneón, como pieza principal, junto con la voz de la cantora, los diversos instrumentos como violín, piano y contrabajo y las tres parejas de baile.

Fabián Carbone refresca la memoria rioplatense con una sonoridad tan íntima como tanguística. El piano, el violín y el bandoneón, matriz sonora de la orquesta típica y cómplices ineludibles a la hora de interpretar este género, nos introducen en el Buenos Aires del siglo XX.

No es extraño que dirija su sentido musical hacia maestros en la interpretación como Carlos Gardel y sus míticos, populares y sencillos tangos y otro maestro de la composición como Astor Piazzolla, con su música más erudita que llega a las fronteras de la música clásica y el jazz.

Lidiando con todos estos estilos, con el tango pasa lo mismo que con el flamenco, el blues o el fado, el sentimiento sale por los resortes del alma. Son sonidos y música que hablan el lenguaje de la calle, el más pasional, el más efusivo y también el más doloroso. El que habla de la amistad más inquebrantable y la traición más miserable. Amor y dolor en una sola nota. Música, voz y baile al servicio del arte.

Después de 15 tangos memorables, un silencio maravilloso y una magia especial, el público se marchó emocionado y con el corazón mirando al sur.

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