Un leonés vocacional que lleva en el corazón a Castilla y León

El presidente encomienda a su consejero de León una de las políticas más sensibles, la medioambiental

J. I. FOCESVALLADOLID.
:: GABRIEL VILLAMIL/
:: GABRIEL VILLAMIL

En el último comité ejecutivo del Partido Popular de León, el incombustible Juan Morano Masa pidió la palabra justo cuando la presidenta del partido acabó de leer su informe sobre el resultado de los comicios del 22-M. «¿Qué pasa, que en León no ha habido elecciones autonómicas?», preguntó Morano. No era baladí la pregunta. Resulta que la lista que lideraba el consejero Antonio Silván acababa de otener 8 procuradores, 8, como 8 soles. Un resultado histórico en un territorio donde hacer política en clave autonómica es complicado hasta en los dos grandes partidos. Sin embargo, en el informe de la presidenta a ese resultado se le había dedicado unas líneas, solo unas líneas. Y resulta que en tierras de Zapatero, hasta en las urnas autonómicas había sido derrotado el presidente del Gobierno socialista.

Vaya por delante una aclaración. La definición de que Antonio Silván es un leonés que lleva a Castilla y León en el corazón (con el que se titulan estas líneas) no es del autor de este perfil. La dio hace unos días en este diario uno de los políticos que mejor le conoce, el flamante presidente de la Diputación vallisoletana, Jesús Julio Carnero.

Antonio Silván, Toño, como le conocen sus allegados, se formó entre códigos y tratados de Derecho. Sorprendente, si se tiene en cuenta que es hijo de médico y de maestra. Pero eligió la carrera de Derecho, en la que se licenció por la Universidad de León, y se colegió en dicha capital. Y del despacho de abogados pasó a la jefatura de la Asesoría Jurídica del Procurador del Común, el Defensor regional del Pueblo. Allí permaneció cuatro años, hasta que en 1999 fue llamado por la entonces consejera (y actualmente presidenta del PP de León) de la entonces Consejería de Economía y Hacienda, Isabel Carrasco. En 2003, el presidente Hererra le designó consejero de Fomento. Ocho años en este departamento le han permitido conocer hasta los caminos de concentración. Si usted quiere saber cómo llegar hasta el Pico Zapatero, por poner un ejemplo, en la provincia de Ávila, o hasta las Lagunas de Villafáfila, en Zamora, desde las antípodas autonómicas, pregunte a Antonio Silván. Incluso puede que de paso le indique cuántas antenas de telefonía móvil puede encontrarse a su paso.

Ahora, a todo eso le une las competencias de Medio Ambiente, en sentido estricto, es decir, sin ordenación del territorio. Medio Natural o Infraestructuras Ambientales son materias sobre las que tendrá que decidir desde este momento. No le será difícil a quien conoce como la palma de su mano el entorno de Picos de Europa o las estepas cerealistas que tantas veces ha cruzado en los últimos doce años.

Hijo de Antonio, médico rural, y de María Teresa, maestra, de la madre se le ha pegado la bonhomía; del padre, el carácter reflexivo. De la madre, la capacidad de mirar por el prójimo (ella preside desde hace años Unicef León); del padre, la constancia. Cuando a este le fueron a operar del corazón hace casi un decenio, reunió a sus cuatro hijos y les dijo: «Solo os pido una cosa, sed personas». Eso Antonio Silván, Toño, lo ha aplicado en cada una de sus actividades personales y profesionales como la principal máxima que inspira su quehacer diario. Y la transmite día a día a su hijo, Antonio, como el padre y el abuelo, nacido de su matrimonio con Gabriela, abogada de profesión como él.

¿Hubo el 22 de mayo elecciones autonómicas en León?, que preguntaría Morano. Claro. Y las ganó con un resultado histórico el leonés que lleva a Castilla y León en el corazón, Antonio Silván. Toño para sus allegados, que son muchos.

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